“En el arte chino hay lecciones plásticas profundas”

Una charla con el escultor Enrique Carbajal.

Enrique Carbajal, conocido internacionalmente como Sebastián, uno de los artistas más renombrados de México y celebrado por sus esculturas monumentales que han sido colocadas en importantes avenidas y glorietas en diferentes estados del país, se vinculó con China desde recién nacido. Su padrino de bautizo fue un chino de apellido Li, quien por azares de la vida llegó a vivir a Camargo, Chihuahua, de donde es originario el artista.

Ahora Sebastián (1947), quien ha presentado más de 190 exposiciones individuales en una veintena de países, tiene dos grandes sueños. El primero: hacer un intercambio artístico entre China y México. En el caso de los artistas chinos, propone que hagan una residencia en la fundación que lleva su nombre para que ahí trabajen sus obras. El segundo sueño es más personal: hacer una gran retrospectiva de su obra en China. “Sería extraordinario”, afirma con una sonrisa infantil.

China Hoy (CH): ¿Cuál fue el primer vínculo que tuvo con China?

Sebastián (S): Como ser humano fue hace muchos años porque mi padrino de bautizo era chino; vivía y trabajaba en Camargo, Chihuahua. Sin embargo, el vínculo cultural fue en 2002, cuando fui invitado al Simposium Internacional de Escultura que se celebró en Beijing. Al año siguiente me invitaron a la primera Bienal Internacional de Arte, en la misma ciudad. Fue una sorpresa extraordinaria conocer Beijing y ver que China estaba en plena expansión y en una transformación que abarcaba lo cultural, político y económico. Fue realmente impresionante.

CH: Para alguien como usted, que es reconocido por sus esculturas monumentales, ¿cómo fue conocer una ciudad como Beijing, que también es monumental?

S: Fue impresionante. Tengo un recuerdo extraordinario de la grandeza de China, de lo evolucionado que estaba ya en todos los panoramas y disciplinas, pero sobre todo en el arte. La Bienal de Arte de Beijing y la de Shanghai son las primeras bienales del mundo. Recuerdo que al llegar a China me hicieron una entrevista para una revista de arte, la cual se distribuyó en todo el país. Una sorpresa increíble fue ver que todas las páginas de la publicación tenían fotografías con mi obra. Días después fui a dar una plática a una de las escuelas más importantes de arte. Cuando vinieron las preguntas y respuestas me llevé otra tremenda sorpresa porque los estudiantes conocían a fondo todo lo que yo hacía. Entonces, les pregunté: “¿Cómo es que ustedes saben tanto de mí y de mi obra? ¿Cómo saben cuánto mide tal escultura y cómo es que la hice?”. Me respondieron: “Maestro, es que nosotros estudiamos su obra”. Eso me emocionó mucho porque todos estaban empapados sobre lo que yo hacía después de tener esa revista que había circulado por toda China.

CH: Y hablando de la ciudad, ¿qué fue lo que más llamó su atención?

S: Llegué en un momento en que la ciudad, ya de por sí enorme, estaba en plena expansión, tanto que de un día para otro el panorama cambiaba. Uno viajaba al centro de Beijing y veía unos terrenos con ciertas construcciones y al otro día ya construían otras. De un día para otro, rápido, miles de chinos trabajan para lograrlo. Cuando viajé a la Gran Muralla, estaba impresionado porque mientras iba en el autobús, vi pasar por horas miles de rascacielos. Impresionante.

CH: ¿Qué opinión tiene del arte chino y en particular de la escultura?

S: Considero que hay una expresión muy china en la pintura y en la escultura. Tienen una sutileza y una capacidad en su realismo y en sus propuestas. Hay muchas lecciones plásticas profundas en lo chino. Aunque el arte sea contemplación, las imágenes te transmiten cosas muy profundas, tanto que, por ejemplo, mi infancia está cargada de imágenes orientales, porque mi madre amaba las representaciones chinas.

Entonces, estoy un poquito empapado de esa tradición y también de los grandes descubrimientos del pueblo chino que transformaron la humanidad. Pienso en la pólvora, el papel, la seda, esta última una creación estética profunda, del color, la forma, lo sensual. Todas son creaciones ancestrales extraordinarias de las cuales todavía disfrutamos.

CH: Maestro, platíqueme de su escultura Arco de la paz que se puede ver en Beijing. ¿Cómo se dio?

S: En 2002 participé en el Simposium Internacional de Esculturas en Beijing, a la que fueron invitados 200 escultores. Me pidieron hacer una pieza y propuse una que simbolizara la paz. China crecía de una forma impresionante y el mundo estaba en tensión por las guerras de ese momento. Lo que hice fue un obelisco que termina en un punto. De ese punto frágil, como la paz, que en cualquier momento se puede quebrar, depende un arco pesado. Claro que la pieza está tan bien estructurada que es sólida y pues ahí está.

CH: Hace poco, durante la recepción al embajador de China en México, Zhang Run, usted habló de su interés de que haya un intercambio de artistas chinos y mexicanos. ¿Cuál es su propuesta?

S: La idea es hacer un intercambio artístico entre China y México. El propósito es que creadores de ambos países hagan una residencia, produzcan obras y después las exhiban. La emoción de hacer el intercambio está en mi corazón, en mis ganas y en mi mente. La podemos hacer y ya en su momento se decidirá cómo se organiza en cada lugar.

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