Israel ejecutó este martes un ataque aéreo contra edificios residenciales en Doha donde, según su Ejército, se alojaban dirigentes de la cúpula política de Hamás. La operación, calificada como “precisa” por el gobierno de Benjamín Netanyahu, se produjo apenas horas después de un atentado en Jerusalén que dejó seis muertos y que fue reivindicado por el brazo armado del movimiento palestino.
La acción militar, inédita en suelo qatarí, ocurre en el mismo lugar donde se desarrollan las negociaciones para un alto el fuego en Gaza, auspiciadas por Estados Unidos, Qatar y Egipto. Fuentes de Hamás aseguraron que la delegación sobrevivió al bombardeo, mientras que medios israelíes informaron que Washington fue notificado de la operación. Netanyahu, sin embargo, insistió en que se trató de una decisión “totalmente independiente” de Israel.
Las reacciones internacionales fueron inmediatas. El gobierno de Qatar calificó el ataque como “cobarde” y una “violación flagrante” de su soberanía. La Autoridad Nacional Palestina advirtió que el hecho supone una “grave amenaza para la estabilidad regional”. Desde Teherán, Irán denunció la ofensiva como “criminal y peligrosa”.
La condena también llegó desde la ONU y la Liga Árabe, que coincidieron en que Israel está “socavando todos los esfuerzos diplomáticos” para frenar la guerra en Gaza. El secretario general, António Guterres, subrayó que la operación representa una “violación inaceptable del derecho internacional”.
El ataque en Doha añade un nuevo frente de tensión en Medio Oriente y eleva el riesgo de una escalada diplomática entre Israel y los países árabes, justo en un momento clave para las negociaciones de tregua.

