Por momentos parecía un académico más que un jefe de Estado. Esteban Rivas, presidente de la República entre 2015 y 2020, fue bautizado por sus críticos como “el presidente que dudaba”. El apodo, que en un principio surgió como chiste en la oposición, terminó marcando la narrativa de un gobierno atravesado por la prudencia, la vacilación y un estilo de liderazgo poco convencional.
Su marca más visible era la demora. En el gabinete, sus ministros solían contar que ninguna decisión salía en la primera reunión. Rivas pedía informes adicionales, revisaba escenarios, escuchaba nuevas voces. “Siempre quería una vuelta más de datos, un análisis más”, recuerda un excolaborador. “Era agotador, pero también evitaba errores graves”.
Esa forma de gobernar se puso a prueba con el proyecto minero más polémico de las últimas décadas: una multinacional ofrecía invertir miles de millones en la instalación de una mina a cielo abierto. El país se partió en dos: desarrollo económico y empleo de un lado; impacto ambiental y riesgo irreversible del otro.
Mientras la calle se llenaba de manifestaciones a favor y en contra, el presidente permanecía en silencio. Durante meses recibió delegaciones de campesinos, académicos, empresarios y sindicalistas. La prensa lo ridiculizaba por “no animarse a firmar”, pero en su círculo íntimo repetía la misma frase: “No quiero decidir por todos, quiero que todos decidan conmigo”.
La salida fue inesperada: Rivas convocó a un plebiscito nacional. La jugada sorprendió incluso a sus aliados. Algunos lo calificaron de audaz; otros, de irresponsable. Pero el día de la votación, millones acudieron a las urnas. El resultado, más allá de la orientación, legitimó la decisión y desarmó las críticas de autoritarismo.
Hoy, a distancia, su figura es recordada con matices. Para unos, fue un presidente sin pulso, incapaz de liderar con firmeza. Para otros, un dirigente que transformó la duda en herramienta democrática. En su último discurso como mandatario lo reconoció abiertamente: —No tuve certezas, pero tuve la convicción de que la duda compartida puede ser más sabia que la certeza solitaria.
El eco de esa frase aún resuena en el debate político. Porque Esteban Rivas, con sus vacilaciones, dejó planteada una pregunta incómoda: ¿es posible gobernar un país desde la duda, y no desde la certeza?


SUFRE DE COTIO INTERRUPTUS…. SU MUJER NO ACEPTABA QUE EN LA MITAD DE LA FUNCION, LA SACARA Y SE PUSIERA A PENSAR SI CONVENIA O NO QUE TERMINARA EL PROCESO…. ENTONCES SUCEDIO LO MAS SENCILLO LA MUJER SE ARRODILLO ANTE EL VECINO Y PREFIRIO FINALIZAR CON ESTE, LA TAREA INICIADA…. ENTONCES EL SUSODICHO FUE A EXPLICARLE AL VECINO ACERCA DE SUS VACILACIONES….. Y EL VECINO, MUY AMABLE LO CLAVO SIN PENA NI LASTIMA….