En una ciudad donde muchas salas de cine históricas fueron desapareciendo con el paso de los años, cerrando sus puertas o transformándose en emprendimientos comerciales alejados de la cultura, Alfa y Beta logró recorrer un camino diferente. Lo que alguna vez fue un cine emblemático de Montevideo se convirtió en un espacio multifacético donde confluyen el cine, la literatura, la gastronomía y la vida cultural de la ciudad.
Ubicado en Miguel Barreiro 3231 en pleno Pocitos, uno de los barrios más dinámicos de la capital, Cultural Alfabeta ha conseguido algo que no resulta sencillo en los tiempos actuales: transformarse en un verdadero punto de encuentro. Un lugar donde conviven generaciones distintas, donde las personas llegan atraídas por motivos diversos y terminan compartiendo una experiencia común.

Detrás de esa construcción cotidiana se encuentra un equipo que ha apostado por darle una nueva identidad a un espacio cargado de historia.
Sebastián Artigas, coordinador de Cultural Alfabetta, recuerda que su llegada al proyecto estuvo vinculada al mundo que mejor conoce: el de los libros .
Con una extensa trayectoria en el ámbito editorial y tras desempeñarse como gerente general de la Cámara Uruguaya del Libro, recibió la invitación para conocer una iniciativa que recién comenzaba a tomar forma.
“Vine cuando todavía estaba en obra. Recuerdo perfectamente esa primera visita. Me mostraron lo que querían hacer y la verdad es que la idea me sedujo desde el principio”, relata. La propuesta tenía algo especial. No se trataba solamente de recuperar un edificio emblemático ni de crear una cafetería o una librería. El objetivo era más ambicioso: construir un espacio cultural abierto a la comunidad, donde diferentes expresiones pudieran convivir de manera natural.
La apertura oficial se produjo el 3 de mayo de 2022, en un contexto particularmente desafiante. El país comenzaba a dejar atrás los efectos más duros de la pandemia y el sector cultural intentaba recuperar lentamente la actividad perdida durante los meses de restricciones. “Hubo retrasos propios de la obra y también situaciones vinculadas al contexto sanitario. No fue sencillo, pero finalmente pudimos abrir las puertas”, recuerda. Desde entonces, el crecimiento ha sido constante.

Un lugar pensado para quedarse
A diferencia de otros emprendimientos que buscan únicamente captar la atención inmediata del público, Cultural Alfabeta parece haber sido diseñado para invitar a permanecer. La amplitud de los espacios, la combinación entre áreas abiertas y cerradas, la integración de la librería con la cafetería y la presencia permanente del cine generan una atmósfera difícil de encontrar en otros puntos de Montevideo. “Siempre pensamos este lugar como un espacio para la gente del barrio, para quienes quisieran venir a encontrarse, conversar, leer un libro o simplemente disfrutar de un café”, explica Sebastían Artigas.
La librería ocupa un lugar central dentro de esa filosofía.
Lejos de concebirse como un comercio tradicional, fue diseñada para convertirse en un ámbito de descubrimiento y conversación. Su catálogo incluye las novedades editoriales más relevantes, pero también cuenta con áreas especialmente desarrolladas que dialogan con la identidad cultural del complejo. Arquitectura, cine, música, arte y literatura infantil forman parte de una selección cuidadosamente construida. “Queríamos que la librería tuviera personalidad propia. Que dialogará con el espacio. Que quien entrara pudiera reconocer una curaduría detrás de cada estante”, señala. Sin embargo, más allá de los títulos disponibles, lo que distingue al lugar es la relación con los lectores. En tiempos donde la compra digital parece imponerse sobre las recomendaciones personalizadas, Cultural Alfabeta recupera una figura clásica: la del librero que escucha, orienta y aconseja. “Muchísima gente viene buscando recomendaciones. Algunos buscan una temática específica, otros quieren hacer un regalo o acercar a un niño a la lectura. Ese intercambio es muy valioso para nosotros”, comenta.

Cuando los libros se encuentran con el café
Uno de los fenómenos más interesantes que ha generado el complejo es la interacción espontánea entre los distintos espacios.
No existe una frontera rígida entre la cafetería, espacio gastronómico, la librería y las áreas comunes. Por el contrario, todo parece pensado para favorecer el tránsito natural de los visitantes. Es frecuente observar personas que adquieren un libro y se instalan durante horas a leer mientras disfrutan de un café. Del mismo modo, muchos clientes llegan atraídos por la propuesta gastronómica y terminan recorriendo los estantes antes de retirarse. “Ese cruce sucede constantemente. Hay una circulación permanente entre ambos mundos”, explica Martínez. La escena parece sencilla, pero refleja una transformación más profunda: la recuperación del espacio público como lugar de encuentro. En una época marcada por el consumo rápido y las experiencias fragmentadas, Cultural Alfabeta propone detenerse.

El cine que nunca dejó de ser cine
Si bien la transformación del espacio fue profunda, existe un elemento que se mantiene como parte esencial de su identidad: el cine. Las cinco salas operadas por Life Cinemas continúan siendo uno de los grandes atractivos del complejo y mantienen viva una tradición que forma parte de la memoria afectiva de miles de montevideanos. “Hay un público histórico que sigue viniendo desde la época en que esto era exclusivamente un cine”, destaca Sebastían Artigas. Lejos de perder esa base de espectadores, el desafío fue sumar nuevos públicos.
La estrategia parece haber dado resultado. Hoy conviven quienes llegan específicamente para ver una película con quienes se acercan por una presentación literaria, una charla, una reunión de trabajo o simplemente para compartir una comida.
Además de la programación habitual, el espacio se ha convertido en sede de ciclos especiales, estrenos y festivales. Entre ellos destaca el Festival Internacional de Cinemateca, una de las citas más importantes del calendario cultural uruguayo.

Una agenda cultural en permanente movimiento
La actividad cultural del complejo no responde a una planificación rígida. Por el contrario, se construye a partir del diálogo constante con editoriales, escritores, artistas, instituciones y organizaciones sociales.
“Recibimos muchísimas propuestas. Más de las que la gente imagina”, cuenta Sebastían Artigas. Presentaciones de libros, conversatorios, mesas redondas, lanzamientos editoriales, espectáculos musicales y actividades temáticas forman parte de una agenda que se renueva permanentemente. La Noche de las Librerías se ha convertido en uno de los eventos más representativos del calendario anual. Sin embargo, existen muchas otras actividades que surgen a partir de iniciativas externas. “Nos sentamos periódicamente con el equipo, analizamos las propuestas y vemos cuáles encajan con la identidad del espacio. Es un trabajo continuo”, explica. Esa flexibilidad permite incorporar proyectos novedosos y mantener una programación dinámica.
Un pedazo de Buenos Aires en Montevideo
Una observación aparece con frecuencia entre los visitantes extranjeros, especialmente entre los argentinos. Muchos encuentran en Cutural Alfabeta una estética y una dinámica que les recuerda a ciertos espacios culturales de Buenos Aires. La comparación no resulta casual.
El diseño interior fue realizado por la reconocida diseñadora argentina Inés San Martín, quien imprimió al complejo una identidad contemporánea que combina elementos culturales, gastronómicos y urbanos. “Lo escuchamos muchísimo. Mucha gente nos dice que el lugar tiene algo muy porteño”, comenta. La observación no se limita al diseño. También refiere a la forma en que conviven distintas actividades dentro de un mismo espacio, generando un movimiento permanente a lo largo del día.
La importancia de la atención
Hay un aspecto que surge repetidamente en los comentarios de quienes frecuentan el lugar: la calidad humana de la atención. El equipo, integrado mayoritariamente por jóvenes, ha desarrollado una dinámica que combina profesionalismo y cercanía. Desde la recepción hasta el servicio gastronómico, los visitantes destacan la rapidez, la cordialidad y la disposición permanente para resolver consultas. “Estamos muy orgullosos del equipo que hemos formado. Todo es mejorable, pero trabajamos constantemente para ofrecer una experiencia cada vez mejor”, afirma Sebastían Artigas.
Ese cuidado por los detalles parece ser parte del ADN del proyecto. Porque más allá de los libros, las películas o la gastronomía, lo que Cultural Alfabeta ha logrado construir es una experiencia.A cuatro años de su apertura se ha consolidado como uno de los espacios culturales más originales de Montevideo.
No es solamente una librería. No es únicamente una cafetería. Tampoco es solo un cine. Es la combinación de todas esas cosas y, al mismo tiempo, algo más difícil de definir. Es un lugar donde las personas se encuentran. Donde los libros dialogan con el cine, donde la gastronomía convive con la cultura y donde la conversación sigue teniendo valor. Mientras gran parte de las antiguas salas de cine desaparecieron del paisaje urbano, Cultural Alfabeta eligió reinventarse sin renunciar a su historia.
Y quizás allí radique su mayor logro: haber demostrado que los espacios culturales no sobreviven únicamente por la nostalgia, sino por su capacidad de seguir generando experiencias significativas para nuevas generaciones.
En una ciudad que muchas veces busca lugares para detenerse, conversar y compartir, aquí se encontró la fórmula para convertirse en mucho más que un edificio recuperado. Se transformó en una referencia cultural, social y humana para Montevideo.

