Mr. Fideicomiso vs. los Señores del Caos

Un cuento satírico sobre la crisis del CASMU

Había una vez una ciudad llamada Saludópolis, donde vivían cientos de miles de pacientes convencidos de que los hospitales se curaban solos, los balances se equilibraban por arte de magia y las deudas desaparecían con una conferencia de prensa.
Pero en las sombras acechaban dos personajes.
Uno era Lord Raúl Rodríguez, conocido como el Rey del Déficit Eterno. Su poder consistía en transformar cualquier superávit en números rojos con solo tocar una calculadora.

 

Su inseparable enemigo era Domingo Beltramelli, apodado el Mago del «Todo Está Bajo Control», capaz de pronunciar esas cinco palabras mientras detrás de él ardían los estados contables.

Cada vez que alguien preguntaba por las cuentas, ambos respondían al unísono:
—»No pasa nada… mañana lo resolvemos.»
Y mañana nunca llegaba.

Mientras tanto, las facturas crecían como enredaderas, los acreedores hacían fila, los intereses se multiplicaban y las reuniones del directorio se parecían cada vez más a una sesión de espiritismo intentando invocar liquidez.
Cuando la situación ya era imposible de ocultar, apareció un héroe inesperado.
Desde el cielo descendió con una capa azul, un maletín lleno de garantías estatales y una enorme letra F en el pecho.

Era…
¡Mr. Fideicomiso!
Su superpoder era extraordinario.
No lanzaba rayos láser.
No podía volar más rápido que la luz.
No detenía balas.
Simplemente lograba algo mucho más difícil.
Conseguir financiamiento cuando nadie quería prestar un peso.
Cada vez que aparecía, los mercados respiraban.
Los proveedores sonreían.
Los bancos abrían las puertas.
Y las instituciones de salud recuperaban tiempo para reorganizarse.
Pero ocurrió algo insólito.

Mientras Mr. Fideicomiso extendía su mano para rescatar al sistema, Lord Déficit y el Mago del «Todo Está Bajo Control» comenzaron a gritar:
—»¡No necesitamos superhéroes!»
—»¡Nos arreglamos solos!»
—»¡El problema no es financiero!»

Y acto seguido… pedían más dinero.
Mr. Fideicomiso observaba desconcertado.
—»Si no quieren usar el salvavidas… ¿por qué siguen dentro del agua?»

La ciudad entera quedó confundida.
En el Parlamento comenzaron las audiencias.
Los legisladores preguntaban.
Los técnicos respondían.
Los números hablaban.
Y los balances… gritaban.
Fue entonces cuando apareció el verdadero villano.
No tenía nombre.Se llamaba Falta de Responsabilidad.

Era invisible.
Entraba silenciosamente en las instituciones.
Convencía a todos de que las decisiones difíciles podían postergarse.
Que las deudas podían esperar.
Que los intereses no importaban.
Que siempre aparecería alguien para rescatar la situación.

Mr. Fideicomiso comprendió entonces que su enemigo nunca había sido una persona.
Era una cultura.

La cultura de administrar sin corregir, de negar antes que transparentar y de confiar en que el tiempo resolvería problemas que solo la gestión podía enfrentar.

Antes de marcharse dejó una frase escrita sobre la puerta del hospital:
«Un fideicomiso puede comprar tiempo. Nunca puede reemplazar una buena administración.»
Y cuentan quienes estuvieron allí que Lord Déficit y el Mago del «Todo Está Bajo Control» siguen buscando al responsable de la crisis… mientras evitan mirar el espejo.

Moraleja: En las instituciones complejas no existen superhéroes capaces de sustituir una gestión responsable. Las herramientas financieras pueden aliviar una crisis, pero solo la transparencia, la rendición de cuentas y una administración sólida pueden evitar que la historia vuelva a repetirse.

Comparte esta nota:

1 Comentario

  1. Menos gracia que una ameba con traje de gala.
    En resumidas cuentas. Afirman que la realidad objetiva existe y no se puede evitar por mucho que cerremos los ojos y gritemos «no existes» (como Soda Stereo). Tremendo descubrimiento que era desconocido para los filósofos griegos que crearon la civilización occidental hace 2500 años. Es ironía, por supuesto. No solo se preguntaron si existía la realidad objetiva. Se preguntaron si sobrevivía el cambio. O la naturaleza misma de la «verdad».
    El problema, como ven, es bastante profundo.
    El tema es: la forma de presentarlo. Parece hecho por IA. El argumento de un RPG malo. La IA tiene excusas: no piensa. El que lo redactó, supuestamente, sí. Yo tengo mis dudas de que lo haga.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.