El campo uruguayo atraviesa un momento de transformaciones. Los mercados internacionales demandan cada vez más calidad, trazabilidad y garantías sanitarias, mientras los productores enfrentan dificultades relacionadas con los costos, el clima y el acceso a la tecnología. En ese escenario, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, tiene por delante una agenda que combina crecimiento exportador, desarrollo rural y fortalecimiento de la producción familiar.
China continúa siendo un socio estratégico, India aparece como un mercado con oportunidades para determinados productos y el agua se consolida como uno de los grandes desafíos de la producción nacional. En este intercambio periodístico con Diario La R, organizado a partir de las posiciones y prioridades expuestas por el ministro, se abordan los principales asuntos que marcan la agenda agropecuaria.
– Ministro, ¿cuál es hoy el principal desafío del agro uruguayo?
– Tenemos que fortalecer nuestra producción y mejorar la competitividad. Uruguay tiene una trayectoria reconocida en calidad de alimentos, sanidad animal y trazabilidad. El desafío es sostener esas capacidades, incorporar tecnología y ampliar las oportunidades comerciales, sin perder de vista las diferentes realidades de nuestros productores.
– China sigue siendo fundamental para Uruguay. ¿Hay que buscar otros destinos?
– China ocupa un lugar central en nuestro comercio agropecuario, especialmente en el sector cárnico. Tenemos que mantener y fortalecer esa relación, pero también diversificar. No podemos depender exclusivamente de determinados mercados. Cuantas más oportunidades comerciales tengamos, mayores posibilidades habrá para colocar nuestra producción.

– ¿India puede convertirse en una alternativa?
– India representa un mercado enorme, pero tiene características muy diferentes de las de otros países asiáticos. Hay que estudiar las oportunidades producto por producto, considerando las condiciones sanitarias, los aranceles y la demanda. En particular, la carne ovina aparece como uno de los productos sobre los cuales podemos explorar posibilidades comerciales. No alcanza con identificar un mercado potencial; hay que trabajar para generar las condiciones que permitan acceder a él.
– Uruguay cumplió veinte años de trazabilidad ganadera. ¿Qué significó para el país?
– Fue una transformación importante. La trazabilidad nos permite identificar individualmente a los animales y conocer su recorrido productivo. Eso fortalece nuestras garantías sanitarias y nos ayuda a responder a las exigencias internacionales. Uruguay pasó de exportar aproximadamente 950 millones de dólares en productos cárnicos en 2006 a superar los 2.748 millones de dólares en los doce meses anteriores a septiembre de este año. No todo ese crecimiento se explica por la trazabilidad, pero fue una herramienta importante para nuestra inserción comercial.
– ¿La tecnología debe llegar también a los pequeños productores?
– Por supuesto. La incorporación tecnológica es fundamental para mejorar la producción, pero tenemos que trabajar para que no quede limitada a los establecimientos que disponen de mayores recursos. La investigación, los sistemas de información y las herramientas de gestión tienen que contribuir al desarrollo de todo el sector.
“La producción familiar tiene que formar parte del crecimiento”
– Ministro, uno de los problemas históricos del campo es la situación de los pequeños productores. ¿Cómo se los fortalece?
– La producción familiar es uno de los ejes de nuestra agenda. Hay establecimientos que enfrentan dificultades para acceder a la tierra, conseguir financiamiento, afrontar los costos y comercializar sus productos. Tenemos que contemplar esas diferencias y generar instrumentos adecuados para cada realidad. El crecimiento del sector agropecuario tiene que acompañarse de condiciones que permitan mantener la actividad económica y la población en el medio rural.
– ¿El acceso a la tierra continúa siendo una prioridad?
– Sí. Es una herramienta importante para fortalecer la producción familiar. Pero no se trata únicamente de disponer de tierra. También hay que considerar las posibilidades de financiamiento, la viabilidad económica de los emprendimientos y los servicios que necesitan las familias para vivir y trabajar en el campo.
– La sequía dejó consecuencias importantes. ¿Qué aprendió Uruguay?
– Tenemos que fortalecer nuestra capacidad de prevención. La disponibilidad de agua es una prioridad estratégica para la producción. Los fenómenos climáticos extremos demostraron la vulnerabilidad de diferentes sistemas productivos. Necesitamos avanzar en infraestructura, almacenamiento y sistemas de riego que permitan reducir riesgos.
– ¿Es posible desarrollar esa infraestructura sin comprometer el ambiente?
– La planificación tiene que contemplar las necesidades productivas y la protección de los recursos naturales. El acceso al agua requiere coordinación institucional, evaluación técnica y una visión de largo plazo. También debemos considerar el abastecimiento para consumo humano y las condiciones ambientales de cada territorio.
“No es hablar del campo, es estar con el campo”
– ¿Cómo debe ser la relación del ministerio con las gremiales rurales?
– Tenemos que mantener el diálogo con todos los actores. Las asociaciones rurales, las cooperativas, los productores familiares y las organizaciones empresariales tienen realidades diferentes. Escuchar permite identificar problemas y trabajar sobre propuestas concretas. Como expresé durante la Expo Prado: “No es hablar del campo, es estar con el campo”.

– ¿Qué significa estar con el campo?
– Significa conocer las dificultades de quienes producen y trabajar para encontrar soluciones. El ministerio tiene que mantener una relación directa con el sector y comprender que las decisiones productivas también tienen consecuencias económicas y sociales.
El futuro de las familias rurales
–¿Cómo lograr que el crecimiento de las exportaciones mejore la vida de quienes trabajan en el interior?
– El desarrollo rural va mucho más allá de la producción. Necesitamos infraestructura vial, conectividad, educación, salud y oportunidades laborales. Las exportaciones son importantes para la economía nacional, pero tenemos que acompañar ese crecimiento con políticas que atiendan las necesidades de las diferentes regiones.
– ¿Le preocupa que los jóvenes abandonen el campo?
– Tenemos que generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan desarrollar sus proyectos personales y profesionales en el medio rural. La tecnología, la capacitación y las oportunidades de emprendimiento son importantes, pero también lo son los servicios y las condiciones de vida. La permanencia en el campo tiene que ser una posibilidad real para quienes quieren construir allí su futuro.
– Ministro, si tuviera que resumir las prioridades de su gestión, ¿cuáles serían?
– Fortalecer la competitividad, mantener nuestras garantías sanitarias, ampliar los mercados, mejorar el acceso al agua y atender la situación de la producción familiar. Son asuntos que están relacionados. No podemos pensar únicamente en vender más si no generamos condiciones para sostener la producción. El desarrollo agropecuario depende de nuestra capacidad de competir internacionalmente, pero también de las posibilidades que encuentren los productores para continuar trabajando.
Más allá de las exportaciones
El intercambio deja planteada una discusión que trasciende los resultados comerciales. Uruguay necesita continuar ampliando su presencia internacional, pero también atender las diferencias que existen entre los establecimientos productivos y las condiciones de vida de las familias rurales. China, India, la trazabilidad, el agua y la producción familiar forman parte de una misma agenda que exige continuidad, inversión y coordinación institucional.

