A pocos pasos del sector comercial y el tráfico de los accesos a la Ciudad Vieja, la Plaza Constitución y el Cabildo de Montevideo constituyen el conjunto arquitectónico e histórico más denso e importante del Uruguay. Popularmente conocida como Plaza Matriz, esta manzana abierta no es simplemente un espacio verde con sombra y bancos para el descanso de los transeúntes; representa el embrión urbano a partir del cual se trazó, defendió y consolidó la capital uruguaya durante la época colonial española. Caminar por sus senderos de adoquines y baldosas es adentrarse en las raíces institucionales, religiosas y culturales de la nación.
Para comprender el valor patrimonial de la Plaza Constitución, es necesario remontarse a las primeras décadas del siglo XVIII. Tras la fundación formal del proceso poblacional de San Felipe y Santiago de Montevideo entre 1724 y 1730, los ingenieros militares españoles aplicaron las Leyes de Indias para el diseño del asentamiento. Siguiendo la clásica cuadrícula hispanoamericana, se reservó una manzana central destinada a ser la Plaza Mayor.
En sus orígenes, este recinto fue una explanada de tierra donde se desarrollaban todas las actividades públicas fundamentales: ejercicios militares, juramentos reales, ferias de abastecimiento, procesiones religiosas e incluso ejecuciones públicas. Durante las invasiones inglesas de 1807 y los posteriores sitios independentistas, la plaza fue testigo directo de los violentos cambios de dominio imperial y de la gesta patriótica.

En 1851, tras la finalización de la Guerra Grande, el espacio fue rebautizado oficialmente como Plaza Constitución en homenaje a la primera Carta Magna de la República, jurada muy cerca de allí en 1830. A pesar de esa denominación oficial, los montevideanos mantuvieron intacta la costumbre de llamarla «Plaza Matriz», debido a la imponente presencia de la Iglesia Matriz (hoy Catedral Metropolitana), que domina el costado oeste de la plaza.
A finales del siglo XIX, Montevideo experimentó un acelerado proceso de modernización, europeización y saneamiento urbano. La antigua plaza colonial de tierra se transformó en un paseo romántico de influencia francesa e inglesa, plantándose arboladas filas de plátanos y trazando diagonales peatonales.
El gran hito de esta metamorfosis ocurrió en 1881 con la inauguración de la Fuente de la Plaza Constitución. Construida íntegramente en mármol blanco de Carrara, para celebrar un acontecimiento histórico trascendental: la llegada del agua corriente a Montevideo desde el río Santa Lucía, hito que convirtió a la ciudad en una de las primeras de América Latina en contar con este servicio de infraestructura sanitaria.
La fuente es una pieza monumental repleta de simbolismo. Estructurada en varias piletas superpuestas, cuenta con figuras infantiles (putti), faunos, mascarones y relieves alegóricos que representan la paz, la libertad, el comercio y la navegación. En la base, cuatro placas conmemorativas inmortalizan la gesta técnica y política de la época. Hoy en día, la fuente constituye el punto focal fotográfico preferido por miles de visitantes y turistas que recorren el eje peatonal de la calle Sarandí, además de estar rodeadas de comercios locales que le dan una imagen popular a la plaza.

El Cabildo de Montevideo
En el costado oriental de la plaza, sobre la calle Juan Carlos Gómez y con frente a la calle Sarandí, se erige majestuoso el edificio del Cabildo. Proyectado por el arquitecto e ingeniero militar español Tomás Toribio, formado en la Real Academia de San Fernando de Madrid, su construcción comenzó en 1804 en plena turbulencia revolucionaria y se terminó de levantar el edificio en 1869.
El Cabildo es considerado uno de los ejemplos más notables de la arquitectura neoclásica hispanoamericana en el Cono Sur. Su fachada austera pero imponente presenta dos niveles con una marcada simetría, balcones de hierro forjado, arcadas de medio punto y un remate central. Su estructura fue edificada con muros gruesos de piedra granítica y ladrillo, arcos abovedados y pátinas de cal, otorgándo un carácter defensivo y duradero que resiste el paso de los siglos.
Históricamente, el edificio del Cabildo cumplió una multiplicidad de funciones estatales de primer orden: fue la sede del Gobierno Colonial y Municipal, donde el cuerpo de capitulares ejercía la administración urbana y la justicia de primera instancia; albergó en sus salas abovedadas inferiores y patios traseros el presidio real como cárcel de la ciudad; funcionó como cuna constitucional al recibir el 18 de julio de 1830 a la Asamblea General Constituyente para la firma y juramento de la primera Constitución de la República Oriental del Uruguay; y sirvió como sede del Poder Legislativo hasta 1925, pasando luego a ser el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Desde mediados del siglo XX, esta joya neoclásica alberga al Museo Histórico Cabildo de Montevideo, una institución que resguarda el patrimonio local centrando su propuesta curatorial en la historia social, política, urbana y cotidiana de la capital. El recorrido por sus instalaciones permite contemplar exposiciones permanentes y temporales sobre la evolución cartográfica, indumentaria, mobiliario, documentos fundacionales y retratos de época, mientras invita a apreciar su arquitectura y arqueología urbana a través de sus salas abovedadas, la escalera de honor, sus patios interiores con aljibes originales y los cimientos coloniales rescatados en el subsuelo. Además, custodia el Archivo de la Ciudad, repleto de valiosos documentos, mapotecas y fotografías del crecimiento metropolitano, ofreciendo un programa dinámico de mediación cultural que incluye visitas guiadas, talleres, conferencias y exposiciones de arte contemporáneo en diálogo con el recinto.
En la actualidad, la Plaza Constitución y el Cabildo constituyen el corazón palpitante del itinerario turístico de la Ciudad Vieja, integrados en un corredor cultural continuo gracias a la peatonalización de la calle Sarandí que conecta la Plaza Independencia con el puerto. Uno de los mayores atractivos del espacio ocurre cada fin de semana cuando la plaza acoge la tradicional Feria de Antigüedades y Coleccionismo, un mercado al aire libre repleto de monedas, medallas, libros descatalogados, discos de vinilo, platería criolla y objetos vintage que atrae tanto a coleccionistas como a turistas

