Martina Arroyo, una de las primeras sopranos negras en alcanzar una carrera internacional de primer nivel y una de las grandes intérpretes verdianas del siglo XX, falleció a los 90 años.
Debutó en el Metropolitan Opera en 1959 como la Voz Celestial en Don Carlo, de Verdi. Su consagración llegó en 1965, cuando el entonces director general Rudolf Bing le pidió que reemplazara a una colega enferma en el rol titular de Aida. El éxito fue inmediato y le abrió las puertas a una carrera de más de dos décadas en el Met, donde cantó cerca de 200 funciones en 20 temporadas. Llegó a abrir la temporada del teatro en tres ocasiones.
Especialista en el repertorio spinto italiano, brilló como Leonora en Il trovatore y La forza del destino, Amelia en Un ballo in maschera, Elisabetta en Don Carlo, Lady Macbeth y Cio-Cio-San en Madama Butterfly. También fue la primera mujer negra en interpretar a Elsa en Lohengrin, de Wagner, en el Metropolitan.
Su carrera internacional la llevó a La Scala, Covent Garden, la Ópera de París, la Staatsoper de Viena, el Teatro Colón de Buenos Aires y la Deutsche Oper de Berlín, entre otros escenarios. Tras retirarse de los escenarios a finales de los 80, se dedicó a la enseñanza y a la formación de jóvenes cantantes.

