La visita del papa León XIV a Uruguay y a otros países de América Latina cuenta con una perspectiva médica favorable, luego de que el cirujano que lo operó afirmara que no existen razones clínicas que impidan al Pontífice realizar el viaje previsto entre el 6 y el 17 de noviembre. El profesor Stefano Margaritora, responsable de la intervención quirúrgica a la que fue sometido el martes 13 de octubre, sostuvo que el estado general del Papa es satisfactorio y que, de acuerdo con los tiempos habituales de recuperación, podría estar plenamente recuperado dentro de unos diez días.
“Diría que no hay motivos clínicos por los que no se pueda realizar este viaje”, afirmó Margaritora en una entrevista concedida a Vatican News, el portal informativo de la Santa Sede. La declaración aporta una señal alentadora para la organización de la visita apostólica, aunque la valoración del especialista se refiere a la evolución médica y no constituye, por sí sola, una confirmación definitiva de la agenda papal.
León XIV abandonó el viernes, alrededor de las 15.30, el Policlínico Universitario Agostino Gemelli de Roma, donde permaneció hospitalizado durante cinco días después de una operación para extirpar un tumor maligno localizado en el pulmón derecho. El alta médica se resolvió a partir de los resultados de los análisis de sangre, una radiografía de tórax y la evaluación general de su estado clínico.
Según explicó el cirujano, los controles confirmaron una evolución favorable. Los análisis sanguíneos se encontraban dentro de los parámetros normales, la función cardíaca era adecuada y la reexpansión del pulmón intervenido avanzaba de acuerdo con los plazos esperados.
“En el momento del alta hospitalaria, el Papa León se encontraba en unas condiciones clínicas absolutamente satisfactorias”, señaló Margaritora, quien se desempeña como catedrático de Cirugía Torácica en la Universidad Católica del Sagrado Corazón y dirige la Unidad Operativa Compleja de Cirugía Torácica de la Fundación Policlínico Universitario Agostino Gemelli.
El especialista explicó que, después de una operación de estas características, el período habitual para alcanzar una recuperación física completa es de aproximadamente dos semanas. Como al momento de la entrevista ya había transcurrido casi una semana desde la intervención, calculó que el Pontífice necesitaría alrededor de diez días adicionales para completar la convalecencia.
En relación con el viaje a América Latina, que incluirá desplazamientos aéreos de larga duración, consideró que el tiempo disponible permitiría una recuperación suficiente. La planificación del itinerario, sin embargo, deberá contemplar la evolución del Papa durante los próximos días y las evaluaciones que correspondan.

Un hallazgo fortuito
El diagnóstico de la enfermedad se produjo de manera accidental, durante la realización de estudios médicos que no estaban dirigidos específicamente a detectar un tumor pulmonar. Margaritora explicó que, al efectuarse pruebas radiológicas de la región abdominal, se observó una pequeña mancha en las bases pulmonares.
El hallazgo condujo a una evaluación más detallada y permitió identificar un adenocarcinoma pulmonar, un tipo de tumor maligno que puede desarrollarse sin provocar síntomas evidentes durante sus primeras etapas.
“El descubrimiento del tumor maligno de pulmón del Papa fue absolutamente fortuito”, explicó el cirujano. Según relató, la lesión apareció en una zona que podía observarse en las imágenes del abdomen debido a la disposición anatómica del diafragma y a la visualización parcial de las bases de los pulmones.
El médico subrayó que, si la lesión hubiera estado ubicada un poco más arriba, posiblemente no habría sido detectada mediante esos estudios. El episodio, por tanto, puso de manifiesto la importancia de los hallazgos incidentales en la identificación de enfermedades que pueden permanecer ocultas durante un tiempo prolongado.
De acuerdo con Margaritora, el Papa no presentaba síntomas respiratorios y se encontraba bien antes de que se descubriera la lesión. Esa ausencia de señales clínicas constituye una de las dificultades para detectar determinados tumores pulmonares en fases iniciales.
La experiencia llevó al especialista a insistir en la importancia de la prevención, especialmente entre las personas que presentan factores de riesgo. A su juicio, los controles médicos periódicos y las estrategias de detección temprana pueden contribuir a identificar enfermedades antes de que se manifiesten mediante síntomas.
El cirujano mencionó que existen programas de cribado poblacional para determinados tumores, como los de mama y colon, y consideró importante prestar atención también a la detección del cáncer de pulmón en los grupos para los que corresponda realizar evaluaciones preventivas.
No obstante, la recomendación de someterse a estudios específicos debe ajustarse a los factores de riesgo y a las indicaciones médicas de cada persona. El caso del Pontífice ilustra cómo una prueba solicitada por otro motivo puede conducir al descubrimiento de una enfermedad que, de otra manera, habría pasado inadvertida.
Una operación sin complicaciones
La intervención quirúrgica se realizó el martes 13 de octubre y consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho, donde se encontraba el tumor. Margaritora describió el procedimiento como una operación habitual dentro de la cirugía torácica para lesiones de determinadas características y dimensiones. El especialista descartó que se tratara de una intervención excepcional desde el punto de vista estrictamente técnico y afirmó que se desarrolló sin complicaciones.
“No sería honesto si dijera que fue muy complicada para atribuirme gestas heroicas”, expresó. El médico explicó que, en situaciones similares, la extirpación del lóbulo afectado constituye una alternativa quirúrgica utilizada para tratar determinados tumores pulmonares.
El resultado fue satisfactorio y la recuperación posoperatoria transcurrió de acuerdo con las previsiones del equipo médico. El cirujano destacó especialmente la actitud del Papa durante los días de internación, su disposición a seguir las indicaciones y su compromiso con las tareas de rehabilitación.
“Estamos realmente muy contentos”, señaló Margaritora al evaluar la evolución posterior a la operación. Según explicó, el Pontífice colaboró con el equipo asistencial, siguió las recomendaciones dietéticas y fisioterapéuticas y mantuvo una actitud activa durante el proceso de recuperación.
El especialista relató incluso una anécdota ocurrida el segundo día después de la intervención. Al regresar a la capilla, los integrantes del equipo encontraron al Papa colocando las sillas. Cuando le indicaron que el personal podía encargarse de esa tarea, León XIV respondió que podía hacerlo él mismo.

El episodio fue destacado por Margaritora como una muestra de la voluntad del Pontífice de recuperar su autonomía. El médico sostuvo que el comportamiento del paciente facilitó el trabajo del equipo y contribuyó a que la atención durante la convalecencia fuera menos exigente de lo habitual. “El Papa León ha sido un paciente ideal”, afirmó. Aclaró que no se trataba de una expresión de cortesía por la condición del enfermo, sino de una valoración basada en su comportamiento durante la internación: permaneció tranquilo, siguió las instrucciones y expresó pocas quejas, incluso ante las molestias propias de una operación de esta naturaleza.
Más allá de los aspectos técnicos, Margaritora reconoció que la intervención tuvo para él una dimensión personal y profesional difícil de comparar con otras operaciones realizadas a lo largo de su carrera.
“Ha sido una emoción íntima que ni siquiera consigo describir”, confesó al referirse a la experiencia de haber dirigido el equipo que operó al Pontífice.
El especialista explicó que, desde el punto de vista médico, debía afrontar la intervención con la misma concentración y el mismo rigor que cualquier otra operación. Sin embargo, era consciente de que el paciente era el líder de la Iglesia católica y una figura cuya salud despertaba interés en todo el mundo.
“Una intervención rutinaria no puede considerarse humanamente rutinaria”, resumió.
Margaritora señaló que durante los preparativos experimentó una combinación de sentimientos: por un lado, la necesidad de actuar con naturalidad y aplicar procedimientos que conocía por su experiencia; por otro, la conciencia de la responsabilidad que implicaba intervenir quirúrgicamente al Papa.
El cirujano también recordó el momento en que León XIV ingresó al quirófano. Según relató, el Pontífice se mostró sonriente y sencillo, mientras el equipo médico se había dispuesto alrededor de la sala para recibirlo.
“Le dije: ‘Santo Padre, este es nuestro dream team’”, contó. El Papa sonrió y se preparó para el procedimiento anestésico.

