Alexander Butterfield falleció a los 99 años, apenas un mes antes de cumplir 100. Si bien su nombre puede pasar desapercibido tiene un papel relevante en la historia moderna de Estados Unidos. En 1969 se incorporó a la Casa Blanca como Deputy Assistant to the President. Supervisó la seguridad interna, coordinó con el Servicio Secreto y, crucialmente, ayudó a instalar y administrar el sistema de grabación secreta en el Despacho Oval, la Sala del Gabinete y otros lugares incluido Camp David. Este sistema, activado por voz, grababa automáticamente las conversaciones de Nixon desde 1971.
En diciembre de 1972, Nixon lo nombró administrador de la Federal Aviation Administration (FAA), cargo que ocupó hasta 1975. Pero su destino cambió drásticamente en 1973, durante las investigaciones del Senado sobre Watergate.
El 13 de julio de 1973, en una entrevista preparatoria con el personal del Comité Selecto del Senado le preguntaron si sabía de grabaciones en la Casa Blanca. Butterfield, nervioso pero bajo juramento, respondió “esperaba que no me preguntaran sobre eso”. Al día siguiente, el 16 de julio, en testimonio público, reveló “hay cintas en el Despacho Oval”. Esta declaración explosiva confirmó la existencia del sistema de grabación, que hasta entonces era desconocido para la mayoría.
La revelación cambió el rumbo de la investigación y el Comité exigió las cintas, Nixon se resistió invocando privilegio ejecutivo, lo que llevó a la famosa batalla legal United States v. Nixon (1974), donde la Corte Suprema obligó a entregarlas. Las grabaciones, especialmente la “cinta humeante” del 18 de junio de 1972, probaron la obstrucción de la justicia por parte de Nixon, forzando su renuncia el 9 de agosto de 1974.
Butterfield testificó que no era informante voluntario; lo hizo bajo presión legal y por lealtad al sistema. En entrevistas posteriores admitió haber estado preocupado hasta la muerte por testificar contra su exjefe. Nunca fue acusado en el escándalo y mantuvo que su revelación fue accidental, no intencional. Tras dejar la FAA en 1975, se dedicó al sector privado como empresario. Vivió discretamente en sus últimos años en La Jolla, San Diego, California, junto a su esposa Kim Butterfield.

