La segunda semana de conflicto en Oriente Medio ha desatado un terremoto en la economía global. Este lunes, el precio del barril de petróleo rozó brevemente los 120 dólares, impulsado por la suspensión del tráfico en el estrecho de Ormuz (punto clave por donde circula el 20% del crudo mundial) y recortes de producción en Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait tras diversos ataques.
Hacia el inicio de la jornada, el West Texas Intermediate (WTI) subió un 15,51%, situándose en los 104,96 dólares, tras un pico del 30% que lo llevó a los 119,48 dólares. En Europa, el Brent del Mar del Norte siguió una tendencia similar, superando los 119 dólares por unidad. El mercado del gas también sufrió el impacto: los contratos de futuros del TTF neerlandés abrieron con un incremento del 30%, alcanzando los 69,50 euros.
La incertidumbre bélica golpeó con dureza a las plazas financieras. En Asia, las bolsas de Seúl y Tokio cerraron con caídas superiores al 5%, mientras que en Europa, los principales parqués de París, Fráncfort y Madrid abrieron con pérdidas de entre el 2,4% y el 2,8%. En este contexto, el dólar estadounidense volvió a fortalecerse como activo refugio frente a la caída de los índices de Wall Street.
Ante la escalada de precios, los países del G7 evalúan el uso coordinado de sus reservas estratégicas de petróleo para estabilizar el mercado. Mientras expertos como Stephen Innes advierten que un crudo por encima de los 100 dólares funciona como un «impuesto sobre la economía global» que alimentará la inflación, el expresidente estadounidense Donald Trump minimizó el costo económico en su plataforma Truth Social, calificándolo como un «precio pequeño a pagar» por la eliminación de la amenaza nuclear de Irán.

