¡Me gritó!.Tranquila, no volverá a suceder. Pero, ¡Me amenazó!. Solo lo dice, en el fondo no pasará. A diario nos encontramos con escenarios que se suelen normalizar y de los que no se tiene consciencia ante el enfrentamiento de consecuencias graves.
Es necesario conocer que la agresión hacia mujeres y niñas se origina en la discriminación por razones de género. La misma está sustentada por normas sociales que toleran estos actos y por estereotipos que contribuyen a su continuidad. Asimismo, debe interpretarse simultáneamente como una manifestación de la estructura patriarcal y como un instrumento utilizado por dicha estructura para reproducir. Ademas de sostener condiciones de opresión.
Un hito fundamental en la conceptualización de este problema tuvo lugar durante la II Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993. En ese foro se reconoció que la violencia ejercida contra la mujer constituye una transgresión a sus derechos humanos.
Con esto se adoptó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ratificada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dicho documento conceptualiza la violencia hacia la mujer como cualquier acción basada en su pertenencia al sexo femenino, que cause o pueda causar perjuicio físico, sexual o psicológico, incluyendo las amenazas, la coacción o la privación arbitraria de libertad en todos los ámbitos.

Tradicionalmente, las iniciativas para confrontar esta problemática se han concentrado en ofrecer respuestas y servicios destinados a las sobrevivientes. No obstante, resulta cada vez más evidente que la prevención, la cual implica abordar las causas estructurales junto con los factores de riesgo y protección vinculados a la violencia, es un componente indispensable para su erradicación.
En este aspecto, prevenir es la única vía para detener la agresión antes de que se produzca. Su implementación exige voluntad política, la aplicación de marcos legales que promuevan la equidad de género, inversión sostenida en organizaciones dedicadas a los derechos de la mujer. Y la confrontación de las múltiples formas de discriminación que enfrentan las mujeres cotidianamente.
La ONU ha tenido una influencia considerable en la formulación de políticas fundamentadas en evidencia y en el desarrollo de directrices programáticas orientadas a prevenir la violencia contra mujeres y niñas. En este caso como elemento central de su estrategia preventiva, ONU Mujeres prioriza la educación en las primeras etapas de la vida, el fomento de relaciones interpersonales respetuosas y el trabajo dirigido a hombres y niños, particularmente a través de los medios de comunicación, las industrias del deporte y los espacios laborales.
La entidad también impulsa investigaciones sobre las actitudes, percepciones y conductas de hombres, niños y jóvenes en relación con las distintas manifestaciones de violencia. De igual forma, respalda actividades de incidencia, campañas de sensibilización, movilización comunitaria, programas educativos y procesos de reforma legal y normativa.
Junto a esto, en colaboración con la Asociación Mundial de las Guías Scouts y mediante aportes de personas jóvenes, ONU Mujeres ha creado un programa educativo denominado «Voces contra la Violencia». Este currículo está diseñado para grupos de edades comprendidas entre los 5 y los 25 años.
Incluye herramientas pedagógicas que ayudan a la juventud a comprender las causas subyacentes de la violencia en sus comunidades. Con el objetivo de capacitarlos para educar e involucrar a sus pares y a la comunidad en general en la prevención de esta clase de agresiones dirigidas a mujeres y niñas. Este enfoque educativo busca generar cambios culturales a largo plazo, empoderando a las generaciones más jóvenes. Para que identifiquen, cuestionen y contribuyan a eliminar las normas sociales que permiten y normalizan la violencia basada en género.

