La gripe aviar H5N1 avanza hacia un posible salto pandémico

Expertos advierten que su evolución en mamíferos podría facilitar la transmisión entre humanos en 2026.

Sigue siendo peligroso que la gripe aviar mute y contagie a los humanos.

La gripe aviar H5N1, también conocida como influenza aviar altamente patógena A(H5N1), representa una de las amenazas zoonóticas más vigiladas en el mundo actual. Desde su aparición en aves en la década de 1990, el virus ha evolucionado de manera significativa, expandiéndose a nivel global a través de aves migratorias y causando brotes masivos en granjas avícolas. En los últimos años, particularmente desde 2022 con el clado predominante 2.3.4.4b, ha saltado a mamíferos como visones, zorros, leones marinos y, de forma preocupante, a vacas lecheras en Estados Unidos y otros países, lo que aumenta las oportunidades de adaptación a nuevos huéspedes.

En humanos, las infecciones siguen siendo esporádicas y casi siempre vinculadas a contacto directo con animales infectados, como trabajadores de granjas avícolas o lecheras que manejan aves o ganado contaminado. Según los datos más recientes del CDC (actualizados a enero de 2026), en Estados Unidos se han confirmado alrededor de 71 casos humanos desde 2024, con síntomas que van desde leves como conjuntivitis y fiebre hasta casos graves que requieren hospitalización, incluyendo al menos dos muertes reportadas (una en Luisiana en 2025 y otra asociada a una variante relacionada). A nivel global, la OMS y la OPS indican que desde 2022 se han registrado decenas de infecciones en las Américas (75 en total hasta noviembre de 2025), con pocas defunciones, y la mayoría ligadas a exposiciones animales sin evidencia de cadenas de contagio sostenidas.

El gran interrogante que genera alarma entre virólogos y expertos en salud pública es si el virus se está acercando a una transmisión sostenida de persona a persona, el paso clave para desencadenar una pandemia similar a la de la influenza de 1918 o incluso peor que la del COVID-19. Hasta la fecha (enero de 2026), no existe evidencia confirmada de transmisión humano-humano eficiente ni sostenida. Organismos como el CDC, la OMS y la OPS lo reiteran de forma consistente: no hay propagación de persona a persona documentada en el brote actual, y el riesgo para la población general se mantiene bajo. Los casos humanos continúan siendo zoonóticos, sin clusters comunitarios ni transmisión interpersonal verificada en entornos como hogares o hospitales.

Sin embargo, la preocupación radica en la evolución del virus. Su capacidad para infectar una amplia gama de mamíferos crea un «puente» genético ideal para mutaciones o reasortamiento (mezcla con virus humanos estacionales de influenza). Estudios científicos han detectado cambios genéticos en aislamientos de aves y mamíferos que mejoran la replicación en vías respiratorias superiores, facilitando potencialmente la transmisión aérea. Expertos como Patrick Jackson (Universidad de Virginia) y otros virólogos destacan que en 2026 la vigilancia se centrará precisamente en detectar cualquier mutación que permita esa adaptación humana eficiente. La propagación en vacas lecheras, donde el virus se ha establecido en rebaños de múltiples estados estadounidenses, multiplica las exposiciones y acelera el riesgo evolutivo.

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