La noche en el reparto Plaza de la Revolución vuelve a ser negra. Annette Rodríguez vive el sueño de ser madre a los 24 años, y con 23 semanas de gestación la inquietan muchas interrogantes. “Lo más difícil no son los antojos, los que no siempre puedo satisfacer; es no poder realizar el seguimiento y pruebas necesarias para llevar a buen término el embarazo”, confiesa desde la sala de espera del policlínico “1ro de Abril”, uno de los más de 400 de atención primaria en el país.
Su historia puede ser la de muchos cubanos que sobreviven a la escasez de hidrocarburos, en una crisis que se intensifica. Annette por estos días conoció la noticia de que su área de salud se convertirá en un símbolo de la estrategia gubernamental: próximamente comenzará la instalación de paneles solares.
“No existirá el temor de llegar a una consulta y que no se pueda realizar por falta de energía. Lo mejor de estos sistemas es la autonomía. En tiempos donde la falta de combustible golpea con fuerza y provoca apagones constantes en nuestra zona, el policlínico se mantendrá activo”, añade con una mezcla de esperanza y cautela.
La Estrategia Nacional de Transición Energética es ambiciosa. Según el Programa de Gobierno, Cuba instalará más de 2600 sistemas solares, con acumulación de energía a través de baterías, cada uno de 2 kW, en centros vitales, de todos los municipios del país. A esta medida se suma un cambio anunciado por el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga en declaración a la prensa nacional: “Se abre la posibilidad para que empresas y otros actores económicos puedan vender a terceros la energía que generan, además de la posibilidad de tributar está a la Unión Eléctrica”.
Pero el salto a la energía solar no es solo para instituciones. El gobierno, a través de la estatal Copextel, ha puesto a la venta kits de 400 W para el sector residencial a 75,200 CUP. Igualmente, el sector de la educación y la salud ha otorgado la posibilidad de compra a sus trabajadores.
“No hay subsidios, eso implicaría que el Estado correría con estos gastos; pero sí hay facilidades de pago y créditos bancarios”. Explica Daniel Reyna Parga, profesor de la Universidad de Oriente. “De manera general, se ha intentado beneficiar a profesores, trabajadores, científicos y cuadros administrativos, destacados en su trabajo y con niveles altos de vulnerabilidad. El módulo más barato ronda los 50 mil pesos cubanos, y el más caro los 75 mil”.
Daniel es uno de los beneficiados, y reconoce cuán importante fue esta inversión: “Sin electricidad, son muy pocas las labores que se pueden hacer en la casa; tener ahora mismo esos paneles vuelve a darnos la oportunidad de aprovechar la energía en lo que hacemos comúnmente”.
Ante la crisis del petróleo, donde Cuba no puede comprar combustible en el mercado internacional, el Estado busca descentralizar la generación, aliviar la presión del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y así reducir los prolongados apagones.
Para el profesor universitario, son muy importantes estos pasos: “En el caso de la universidad, de la educación en general y la salud pública, son sectores que no son los más atractivos desde el punto de vista salarial para sus trabajadores. Que se ofrezca esta iniciativa es trascendente; ojalá y que se pueda extender a otros sectores”.
La introducción de los grandes parques fotovoltaicos no es suficiente. Otorgarles a las personas independencia energética en sus propias viviendas es un paliativo necesario. Un policlínico con paneles garantiza servicios vitales y una familia con paneles reduce la demanda de la red. El gobierno allanó el camino con medidas como la importación de paneles solares y sus partes libre de aranceles y el fomento de toda inversión en las Fuentes de Energía Renovable.
La mirada de Annette, entre la incertidumbre de un apagón y la certeza de que en su consultorio habrá luz, es el reflejo de un país que busca reconectarse no solo a la red, sino a la esperanza.


