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Los pasaportes electrónicos se identifican por un símbolo universal impreso en la parte inferior de la portada

Pasaportes biométricos: Un viaje rápido y seguro

En las últimas dos décadas, la tecnología aplicada a los documentos de viaje ha evolucionado con el objetivo de reforzar la protección de las fronteras sin sacrificar la fluidez en los puntos de ingreso

El pasaporte biométrico constituye una de las vías más factibles para garantizar la seguridad de viaje.
El pasaporte biométrico constituye una de las vías más factibles para garantizar la seguridad de viaje.

Los viajes internacionales implican procesos de control migratorio que, si bien resultan incómodos en términos de espera y burocracia, constituyen una herramienta esencial para la seguridad nacional. El pasaporte biométrico -también denominado pasaporte electrónico o digital- se ha convertido en la pieza central de esta transformación. A simple vista, un pasaporte biométrico no se diferencia de un pasaporte tradicional. Su característica distintiva es un microchip incrustado en la portada, que almacena información biométrica del titular, fotografía de alta definición, huellas dactilares y, en algunos casos, escaneo del iris. Este chip incorpora mecanismos de seguridad criptográfica que impiden su manipulación y registran cualquier intento de acceso no autorizado. Los pasaportes electrónicos se identifican por un símbolo universal impreso en la parte inferior de la portada que es un círculo con dos rectángulos que asemeja una cámara fotográfica. 

El microchip contiene la misma información que figura impresa en la página de datos del pasaporte. Esta duplicación dificulta extremadamente cualquier intento de falsificación o alteración, ya que el defraudador debería modificar tanto el contenido impreso como los datos cifrados del chip, además de replicar la firma digital del país emisor, protegida por claves criptográficas privadas. La presencia del chip en sí mismo constituye una medida de seguridad adicional como la duplicación de un microchip con las características técnicas establecidas por los estados emisores resulta prácticamente imposible de realizar con los estándares oficiales, por lo que una falsificación difícilmente superaría una inspección técnica.

Los viajes internacionales implican procesos de control migratorio que, si bien resultan incómodos en términos de espera
Los viajes internacionales implican procesos de control migratorio que, si bien resultan incómodos en términos de espera

Malasia expidió el primer pasaporte electrónico en 1998. En 2003, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), organismo especializado de Naciones Unidas, estableció las normas técnicas que rigen estos documentos a nivel global. Bélgica fue el primer país en adoptar un pasaporte electrónico conforme a dicha norma en 2004. Estados Unidos comenzó a expedir el suyo en 2006. Actualmente, según datos de la OACI, más de 140 entidades estatales y no estatales emiten pasaportes electrónicos, con un parque superior a los 1.000 millones de ejemplares en circulación. Los pasaportes biométricos heredan las ventajas de los pasaportes legibles por máquina, introducidos en la década de 1980, que es la reducción de errores humanos, automatización del ingreso de datos y posibilidad de cotejo con bases de seguridad y listas de vigilancia.

A ello se suma una mayor velocidad en los puntos de control. Los lectores de huellas dactilares y de iris permiten agilizar el flujo de pasajeros, reduciendo tiempos de espera en inmigración. Algunos países exigen el pasaporte electrónico como requisito para acceder a programas de exención de visado. La implementación masiva de pasaportes biométricos ha impulsado el desarrollo y perfeccionamiento de tecnologías de captura, almacenamiento y verificación de datos biométricos. Este aviento sienta las bases para la adopción de soluciones biométricas en otros ámbitos. Ejemplos recientes incluyen los pasaportes sanitarios implementados por Israel en 2021 y por otros países durante la pandemia de COVID-19, que permitieron acreditar estado de vacunación mediante aplicaciones móviles.

En el ámbito privado, el reconocimiento de huella dactilar es estándar para el desbloqueo de ordenadores portátiles; el reconocimiento facial se utiliza habitualmente en teléfonos inteligentes para autorizar transacciones financieras. La industria automotriz también ha incorporado estas tecnologías. Tal es el caso de Hyundai que equipa lectores de huellas dactilares en algunos de sus modelos desde 2021 y ha patentado sistemas con escáneres de iris que permitirán arrancar el vehículo según el conductor identificado.

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