La Casa de la Cultura Afrouruguaya se erige como un bastión en la reivindicación de la cultura y los derechos de los afrodescendientes en Uruguay. A través de diversas iniciativas, la organización trabaja para visibilizar el aporte africano a la identidad nacional y combatir el racismo estructural que aún persiste en la sociedad.
Asimismo, cada 24 de enero el mundo conmemora el Día de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, una fecha impulsada por la UNESCO desde 2019 con el objetivo de reconocer el aporte del continente africano y de su diáspora a la humanidad. En Uruguay, esta jornada adquiere un significado particular para la comunidad afrouruguaya, que desde hace décadas reclama reconocimiento, memoria y justicia histórica.
En ese marco, Diario La R conversó con autoridades de la Casa de la Cultura Afrouruguaya para profundizar en la importancia de la fecha y en los desafíos que atraviesa la comunidad. Participaron de la entrevista la presidenta de la institución, Cristina Silva; la activista y secretaria Isabel “Chabela” Ramírez; el encargado de relaciones públicas Julio César Salorio, y Sergio Albino, integrante de la Comisión de Etnoeducación. Los representantes coincidieron en que la lucha va mucho más allá de un homenaje simbólico en una fecha puntual.
“La importancia de este día tiene que ver con reconocernos como descendientes de África, con reivindicar nuestra africanidad y nuestros derechos como pueblo”, explica Albino, quien trabaja desde hace casi seis años en la institución. “No somos solo lo visible, como el candombe. Existen muchísimas prácticas culturales, religiosas y sociales que siguen invisibilizadas por un racismo estructural que atraviesa a toda la sociedad”.

Por su parte, “Chabela” Ramírez, figura histórica del candombe y del carnaval uruguayo, señala que desde 2021 la Casa impulsa acciones colectivas junto a comunidades africanas residentes en Montevideo. Entre ellas, dos marchas que buscaron instalar en el espacio público la necesidad de políticas específicas para afrodescendientes y africanos. “Marchamos porque el racismo sigue siendo uno de los flagelos más terribles que vivimos desde la creación de este país hasta hoy”, puntualiza. En la misma línea, Albino agrega: “La invisibilización no es casual. La cultura dominante eurocéntrica sigue siendo la que impera en los centros educativos y en el relato oficial”.
La presidenta de la Casa, Cristina Silva, abogada de profesión, subraya la importancia del reconocimiento identitario. “Es fundamental reconocernos como descendientes de África porque es parte de quienes somos”, afirma. Y agrega que, a nivel cultural, es necesario “visibilizar el aporte de África a nuestra sociedad, a América y, por supuesto, a Uruguay”.
“Tenemos algo muy visible, que es el candombe, pero existen muchas otras costumbres y tradiciones arraigadas en lo cultural y lo religioso que no se muestran”, detalla Silva. “Eso también es parte de un racismo estructural que impide que estos aportes lleguen a la sociedad en su totalidad y sean transmitidos como corresponde desde el propio colectivo afrodescendiente”.
Uno de los ejes centrales del reclamo es la educación. Para Ramírez, el problema es profundamente estructural. “Uruguay atravesó un proceso de blanqueamiento desde que se constituyó como república. Eso dejó por fuera a los pueblos originarios y a los afrodescendientes, tanto en la historia como en la educación”, sostiene. A esto se suma, según explica, la falta de reparación tras la abolición de la esclavitud. “No hubo reparación cultural, que es la más importante. Sin reparación no hay desarrollo, y eso nos mantiene subalternizados mental y psicológicamente”.

Desde esta perspectiva, la ausencia de contenidos afro en los programas educativos reproduce desigualdades históricas. “En la escuela se habla de filosofía griega y de Europa, pero África no aparece como un continente a comprender. Muchos estudiantes todavía creen que África es un solo país”, advierte Albino, quien además es docente y propone una discusión conceptual más profunda: “Cada vez que hablamos de racismo seguimos racializando a la humanidad. La racialización fue un invento colonial. Somos una sola raza: la humana. Deberíamos hablar de discriminación para desarmar esa lógica”.
Julio César Salorio, escritor y responsable de relaciones públicas de la Casa, se refiere a la situación de los afrodescendientes y de los africanos que viven en Uruguay y a la necesidad de políticas públicas concretas. “El racismo estructural se expresa en un techo invisible. Hay lugares a los que los afrodescendientes no llegan, no por falta de capacidad, sino por falta de oportunidades desde el origen”, afirma.
Las consecuencias de esta desigualdad se reflejan en el acceso al trabajo, la educación y la vivienda. “Ser pobre, afro y mujer es una conjunción extremadamente compleja en Uruguay”, resumen desde la institución.
Políticas públicas: avances parciales
Consultados sobre los avances a nivel institucional, los referentes coinciden en que existen logros puntuales, pero no una política de Estado sostenida. La ley 19.122, aprobada en 2014 para promover la inclusión laboral y educativa de afrodescendientes, es señalada como un ejemplo.
“Fue un pequeño triunfo, pero sin seguimiento. El cupo establecido era del 8 al 10% y apenas se llegó a cumplir alrededor de un 1%”, explican. También valoran la extensión del Decenio Internacional de los Afrodescendientes, aunque advierten que resulta insuficiente. “Diez años no alcanzan para revertir siglos de desigualdad”, remarcan.

La Casa como espacio de resistencia
En este contexto, la Casa de la Cultura Afrouruguaya se ha consolidado como un espacio de resistencia, producción cultural y acompañamiento comunitario. Allí funcionan talleres literarios, exposiciones de artistas afro, actividades educativas, prácticas como la capoeira y espacios de denuncia frente a situaciones de discriminación racial.
“Muchos artistas afro no tienen dónde exponer. Acá intentamos abrir esas puertas”, explica Salorio. La Casa también cuenta con un sello editorial y ha impulsado publicaciones colectivas, como Cuentos de una Esquina Mágica, orientadas a niñas y niños afro y no afro, un proyecto liderado desde la sede cultural con el aporte profesional de Salorio, especialista en el área.
Además, la institución recibe denuncias por hechos de racismo, algunas de las cuales llegaron a la Fiscalía, aunque “lamentablemente pocas han tenido resultados favorables”. “Son procesos largos y desgastantes, pero es fundamental dejar registro y acompañar a las víctimas”, señalan. Agregan que muchas personas no continúan con las denuncias “porque el proceso es engorroso y complejo”. “No existe una unidad de víctimas que atienda específicamente esa problemática y ayude a sostener a quien decide denunciar”, puntualizan.
“En Uruguay tampoco está tipificado un delito específico de racismo. Existe el artículo 149 del Código Penal, que podría aplicarse, pero además se necesita sensibilización dentro del equipo fiscal para poder llevar adelante la denuncia y sostenerla hasta llegar a una formalización”, explican.
Un mensaje y un desafío
De cara a este 24 de enero, el mensaje es claro. “No se trata de quedarnos en el dolor, sino de reconocer cuánto aportamos como pueblo y cuánto falta aún por reparar”, afirman. Para este año, la Casa espera profundizar el trabajo conjunto con comunidades africanas en Uruguay y volver a instalar el debate público sobre la reparación cultural. “Reconocer nuestra raíz africana no divide: construye identidad. Es una deuda que Uruguay todavía tiene pendiente”, concluyen.
Finalmente, las autoridades señalan que mantienen la intención de llegar a nuevos acuerdos con las comunidades africanas, como ya ocurrió en las marchas anteriores. “Si el clima lo permite, la idea es volver a movilizarnos el 24 de enero. También presentamos una carta dirigida a la sociedad uruguaya y latinoamericana, donde planteamos lo qué significa para nosotros la reparación cultural-social y su proyección a futuro”, expresaron.

