Rusia aguantó la pesada carga de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y sufrió pérdidas enormes en aras de restablecer la paz y no permitirá que se olviden las lecciones del pasado.

80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial

Rusia aguantó la pesada carga de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y sufrió pérdidas enormes en aras de restablecer la paz y no permitirá que se olviden las lecciones del pasado.

Este año se celebran varias fechas importantes en la historia de la humanidad.

La celebración del 9 de mayo, el aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria y la derrota de la Alemania nazi, y del 3 de septiembre, el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y la rendición del Japón militarista, ocupan un lugar especial.

Estos hitos unen a todos los países amantes de la paz, que salvaron a la humanidad de la esclavitud y la destrucción.
Lamentablemente, en los últimos años, se observa una tendencia preocupante a imponer interpretaciones falsas y tergiversar los acontecimientos del pasado.

Por eso, hoy es más importante que nunca preservar y defender la verdad histórica.

Me gustaría mencionar algunos hechos sobre la Segunda Guerra Mundial, que duró seis años, desde el 1 de septiembre de 1939 hasta el 3 de septiembre de 1945. Se vieron involucrados en el conflicto 61 países, alrededor de 1.700 millones de personas, que en aquel entonces constituían aproximadamente un 80% de la población mundial.

En cuanto a la escala, esta guerra fue la más destructiva en la historia de la humanidad, cobrándose, según diversas estimaciones, la vida de
más de 60 millones de personas. Las mayores pérdidas las sufrieron la Unión Soviética, con alrededor de 27 millones de personas, y China, con más de 15 millones.

El 8 de agosto de 1945, de conformidad con los acuerdos, alcanzados en la Conferencia de Crimea entre los líderes de la URSS, los EEUU y el Reino Unido, y después de que Tokio rechaza el ultimátum de los aliados, la Parte Soviética declaró que entraría en la guerra contra
Japón desde el 9 de agosto. El mismo día, el Ejército Rojo lanzó una ofensiva, cruzó la frontera de Manchuria y entró en combate contra las fuerzas japonesas en las áreas de Primorie, Jabárovsk, Transbaikalia y Mongolia.
Una de las más importantes fue la operación ofensiva estratégica de Manchuria (9 de agosto — 2 de septiembre de 1945), como resultado de la cual fue derrotado el Ejército de Kwantung japonés, fueron liberados Manchuria y Corea del Norte, mientras que la rendición de Tokio se hizo inevitable. Los pueblos soviético y chino desempeñaron un papel clave en la victoria
sobre el militarismo.

El fin de la Segunda Guerra Mundial se formalizó con la firma del Acta de Rendición Incondicional de Japón el 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado estadounidense “Missouri” en la bahía de Tokio.

Además de la parte japonesa, firmaron el documento los representantes de los EEUU, el Reino Unido, China, Francia, los Países Bajos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. El teniente general Kuzmá Derevianko puso su firma en representación de la URSS.

Japón aceptó todas las condiciones, incluido el cese de las hostilidades, la rendición de todas las fuerzas armadas y la liberación de los prisioneros. Se limitó su soberanía a las islas de Honshu, Kyushu, Shikoku y Hokkaido. Como resultado de la guerra, las islas Kuriles de Iturup, Kunashir, Shikotán y Jabomai pasaron a la Unión Soviética.

El recuerdo de los eventos de aquellos años adquiere hoy una relevancia especial. Los procesos que se desarrollan en el ámbito internacional demuestran claramente la rapidez con que algunos Estados relegan al olvido las páginas trágicas de su propia
historia.

Un ejemplo de ello es la constante militarización de Japón, incluidos los planes de aumentar el presupuesto de defensa hasta el 2% del PIB, convirtiéndolo en una de las mayores potencias militares de Asia en términos de gasto, y las reiteradas e infundadas reclamaciones territoriales de Tokio contra Rusia. En la misma línea está el continuo fortalecimiento por Washington de la presencia militar en los países de la región de Asia-Pacífico, la acumulación de potencial desestabilizador de misiles cerca de las fronteras rusas y ejercicios militares regulares. La lista continúa. Todo ello contribuye a exacerbar gravemente las tensiones y a degradar la seguridad regional y global.

Tenemos que constatar que se están reanimando las ideas del nazismo en varios países. Llega incluso a intentar poner el régimen criminal de Hitler al mismo nivel que el liderazgo soviético de aquellos años. Hace poco, la justificación del nazismo fue de hecho proclamada como una
forma de contrarrestar a Rusia en lo que se refiere a su operación militar especial para desnazificar y desmilitarizar Ucrania y proteger a la población civil del Donbás.

También es preocupante el hecho de que algunos gobiernos occidentales ignoran las manifestaciones de racismo y xenofobia en sus propios países, mientras que al mismo tiempo rectifican las consecuencias de sus políticas coloniales.

Rusia, que aguantó la pesada carga de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y sufrió unas pérdidas enormes en aras de restablecer la paz, no permitirá que se olviden las lecciones del pasado. Junto con los Estados amistosos de ideas afines, continuará contrarrestando deliberadamente cualquier intento de distorsionar la verdad histórica y la memoria de las víctimas de este conflicto global. Los resultados de la guerra son inquebrantables, como se estipula en la Carta de las Naciones Unidas, cuyo 80º
aniversario pronto celebraremos conjuntamente.

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