El 11 de enero de 1980 Uruguay es aceptado como miembro adherente del Tratado Antártico y cuatro años después, en 1984, se concreta la instalación de una base científica. Desde entonces, nuestro país mantiene su permanencia, voz y voto en el continente blanco. Para entender este proceso es necesario entender el contexto en el que sucedieron los hechos, aconsejó el presidente del Instituto Antártico es actualmente el Contralmirante (R) Daniel Núñez.
En ese sentido y antes de profundizar el papel de Uruguay en la Antártida, conversamos con Núñez, quien señaló que la aproximación del ser humano “fue un proceso interesante, pero largo, con protagonistas que la descubrieron por casualidad, otros con intenciones de conquista y exploradores que la fueron cartografiando”.
El comienzo de esta historia se remonta a la Antigua Grecia, el filósofo Estrabón (s. I a.C.) ya dividía al mundo en 5 zonas climáticas simétricas: una faja ecuatorial de climas tórridos, dos fajas aledañas de climas templados, y los dos polos. A su vez, el astrónomo de Alejandría (s. II), bautizó a esta última masa continental como “Terra australis incognita” o la desconocida tierra del sur.
Un grupo de investigadores neozelandeses, publicaron un informe en 2021, que sugiere que los indígenas maoríes fueron los primeros en navegar hasta la Antártida en fechas tan tempranas como el siglo VII. Desde ahí en adelante los registros van en aumento. Núñez recuerda, que en esas épocas exploraban en búsqueda de expandir sus rutas comerciales y descubrir nuevos territorios para conquistar. En ese entonces, se hablaba de “exploradores que fueron muy importantes para la historia, pero también hubieron exploradores importantes que no tuvieron reconocimiento, porque no culminaron su misión anexando territorios para sus naciones, no se consideraban misiones exitosas”.
Entre todos los registros, “hay una parte que es muy importante, no solo para entender la historia, sino para entender también lo que en años después serían reclamos y posicionamientos de los países desde el punto de vista de las relaciones internacionales y de la geopolítica”.
El Tratado Antártico se firmó en 1959 y entró en vigor en 1961, “fue un proceso arduo y una victoria de la diplomacia y de las relaciones entre los estados”, describió, pero lamentó que Uruguay no estuvo presente. En ese contexto, explica que el tratado termina “congelando las reclamaciones territoriales de varios países”. Originalmente fue firmado por 12 naciones, “de los cuales siete son reclamantes de territorio y de esos reclamos, Argentina, Chile y Reino Unido reclaman zonas superpuestas y relacionadas con la Península Antártica como centro”.

Uruguay en la Antártida
En cuanto a Uruguay, la primera aproximación histórica en la historia del pasado siglo, es en una actividad que “siempre nos ha ennoblecido y que fue el cuidado, el rescate y la salud de otras personas”. En 1916, Sir Ernest Shackleton, un famoso explorador irlandés, intentaba realizar el primer cruce del continente antártico, cuando su buque, el Endurance, quedó atrapado en la Isla Elefante entre los hielos del Mar de Weddell. Ante las circunstancias, desde Montevideo se lanzó una expedición de rescate, a cargo del Teniente de Navío Ruperto Erichiribehety, con el buque “Instituto de Pesca No. 1”. Oportunidad en la que además de las tareas humanitarias se condujeron las primeras investigaciones científicas del Uruguay en latitudes más australes.
Recordamos, como antecedente, que en pleno auge de la explotación ballenera y foquera, el Puerto de Montevideo, era la base de operaciones de muchos de los barcos que operaban en el Atlántico Sur. Pero si analizamos los hechos que involucran de manera directa a nuestro país con su actual presencia en la Antártida, hay que resaltar el hecho de que entre los años 1954 y 1956 Uruguay participa en las Conferencias de Roma y de París, en lo que fueron antecedentes del Año Geofísico internacional.
El 9 de octubre de 1956 se crea la Primera Comisión Nacional, bajo la órbita del Ministerio de Relaciones Exteriores, para asesorar al gobierno respecto a los derechos que le podrían corresponder a Uruguay en la Antártida Entre el 26 de noviembre de 1956 y el 30 de marzo de 1957, los entonces Teniente de Navío (C.G.) Ruben R. VARELA (f) a bordo del rompehielos de la armada argentina, el Gral. San Martín, y Alférez de Navío (C.G.) Héctor W. Bomio a bordo del buque ARA Bahía Aguirre, participaron en la XXI Campaña Antártica Argentina.
En febrero de 1956 arribaron a Uruguay, dos miembros del Comité Internacional Organizador para invitar a nuestro país a participar en las investigaciones científicas del AGI. Se anunciaba que en el mes de Julio de 1956 se celebraría una reunión de los Comités Nacionales. Por Ley N° 12.511 del 3 de julio de 1958 se definieron las responsabilidades de la Comisión Nacional del Año Geofísico Internacional (C. N. A. G. I.) y se le concedieron recursos para la adquisición de instrumental, gastos de operación y afines.
Es así, que inicia un proceso lleno de etapas memorables para nuestro país. En 1961, se presenta el proyecto de ley para crear una Comisión de carácter permanente y en 1964 la Inspección General de la Fuerza Aérea Uruguaya dicta la Orden 957, nombrando una comisión para estudiar la factibilidad de un vuelo al Polo Sur.
El 9 de enero de 1968 se funda el Instituto Antártico Uruguayo, que fuera presidido por su creador, el Profesor Julio César Musso. Tiempo después, en 1973, por Resolución de la Junta de Comandantes en Jefe se crea el COANCO (Comando Antártico Conjunto) el cual realiza un estudio para establecer la Misión y Objetivos del Uruguay en la Antártida.
En esta etapa, Núñez consideró relevante recordar que nuestro país sufrió un “quiebre institucional en 1973. Entonces, a partir de ese momento comienza la dictadura cívico-militar y el gobierno impulsa una visión geopolítica del país, que también abarcaba los territorios de la Antártida”.
En 1975, por el artículo 103 de la ley 14.416, el Instituto Antártico Uruguayo, pasa a la órbita del Ministerio de Defensa Nacional, “dotándolo al mismo de mayores recursos de los que podría obtener en el medio privado, con el objetivo de: fomentar, evaluar y efectuar investigaciones y exploraciones científicas, tecnológicas y de Servicios en la Antártida al Sur del Paralelo 60 S.”.
Finalmente, el 11 de enero de 1980, Uruguay es aceptado como miembro adherente del Tratado Antártico y en 1984, arriba en la Isla Rey Jorge la primera misión aérea uruguaya para iniciar la construcción de la primera base nacional, tiempo después, se iza el Pabellón Nacional en la Base Científica Antártica Artigas, inaugurando oficialmente la primera instalación de nuestro país en la Antártida.
El 7 de octubre de 1985, Uruguay fue aceptado como miembro Consultivo del Tratado Antártico y el 29 de junio de 1987 ingresa como miembro asociado al SCAR (Comité Científico de Investigaciones Antárticas), siendo aceptado como miembro pleno, el 12 de setiembre de 1987. “Ser miembro consultivo es muy importante, porque eso es la capacidad de tener voz y voto en las decisiones que atienden a la gobernanza del continente antártico”, destacó.
A esto se le suma, que el 22 de diciembre de 1997 se inauguró la Estación Científica Antártica T/N Ruperto Elichiribehety (ECARE), siendo la segunda base uruguaya. Ubicada en la península Antártica y destinada a complementar los estudios científicos que ya se realizaban y servir como base para nuevos estudios.
“Este tema termina siendo una política de estado, no recuerdo ningún gobierno que no haya tratado a la Antártida como tal”, destacó. Núñez, analiza que Uruguay “entendió, dentro de ese régimen internacional que nace desde 1961, que tenía un lugar dentro del espacio Antártico”.
En ese sentido, relata que hay muchos escritos donde se menciona que muchas naciones veían al Tratado Antártico como “un club selecto”. Sin embargo, entiende que el ingreso de nuestro país al Tratado Antártico, “también es una forma de aseverar que esa calificación no le correspondía. Porque somos un país pequeño, que requiere de cooperaciones para el desarrollo de muchas áreas del conocimiento polar y, aun así, encontró su lugar. Creo que llegó el momento de explotar más nuestra condición de país comprometido con la ciencia y la paz, pero también articulador del mas amplio concepto de cooperación”.

Paz y ciencia
De acuerdo con el tratado, la Antártida es un continente dedicado a la paz y a la ciencia. Para Uruguay estar en un ámbito de cooperación con otros países en temas “tan sensible para nosotros como lo son la ciencia, el medioambiente, protección de ecosistemas y otras tantas cosas, siendo un país con pocos recursos”, es “relevante”.
En nuestras estaciones polares , cuentan todo el año con personal militar que mantiene la base operativa, cuenta también, en temporada estival, con investigadores científicos y técnicos. “Si en el futuro cambiara el estatus de la Antártida, el hecho de que nosotros hacemos ciencia de calidad y en cooperación con otros países, tendrá un valor inconmensurable y eleva a los argumentos cuando haya que defender posiciones a nivel internacional; el hecho de contar con dos bases no es en sí mismo un mérito científico o tecnológico, dentro del Sistema del Tratado Antártico, aunque claramente marca las intenciones del Estado respecto a nuestra presencia en el continente”, expresó el presidente del Instituto Antártico Uruguayo.
“Lo que defiende nuestra posición es que nosotros nos hemos interesado por entender al continente, desde el punto de vista de todas las áreas de conocimiento y además nos esforzamos en contribuir a proteger sus ecosistemas. Por eso siempre reclamaremos más y mejor ciencia”, concluyó.
Programa Nacional Antártico
Teniendo en cuenta este contexto, Núñez, transmitió que desde el Instituto Antártico se promueve el concepto de que el IAU no es el centro de los esfuerzos antárticos nacionales, aunque sí es responsable de coordinar y administrar el Programa Nacional Antártico, que “es una suerte de sistema integrado por muchos actores”. En ese sentido, pensar en una base, es pensar en instituciones que la sostienen brindándoles servicios, por ejemplo, energéticos; en personal de las Fuerzas Armadas, que mantienen operativa la base y se aseguran de cubrir las necesidades del resto de la población que habita las bases, así como apoyar las necesidades que presenten los científicos en sus investigaciones.
Uno de los desafíos actuales es progresar hacia una base verde, “una base que pudiera sustentarse por energías renovables; otra es realizar ciencia a flote, con el nuevo buque hidrográfico con que cuenta la Armada, pero hay más desafíos que nos presenta el futuro”.


Es hora de modernizar y agrandar la base donde se alojan. ya fue el galpón donde se alojan. Tienen que ver cómo se modernizaron los demás países. En el futuro se van a pelear por esas tierras, no crean que va a quedar neutral de por vida, con los rompimientos de tratados que hacen los anglosajones y demás países nórdicos que se van quedando con territorios a prepo. La bodega del fin del mundo no es para la humanidad, es para ciertos países elegidos secretamente, si no queda nadie en otras tierras los que tienen los granos las van a ocupar.