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¿La crisis energética será el invierno para el turismo en Cuba?

La principal bolsa turística del país debe realizarse en los primeros días del mes de mayo, según noticias hasta el momento; importantísimo evento, el año pasado anunció convenios de compra de hoteles y quizás está ya traiga buenas noticias de alianzas entre el sector privado y el estatal.

Cuba sobrelleva su crisis energética en el sector turístico con una mezcla de planificación centralizada y picaresca popular. Aunque en él se apuesta en grandes cantidades, el panorama no es el mejor. La fotografía del turismo en la isla hoy es la de un destino que ha aprendido a funcionar con lo mínimo, priorizando al máximo la entrada de divisas.

El turista que planifica sus vacaciones en Cuba busca calor y sol de las hermosas playas, la historia que se teje en cada calle y la empatía innata del cubano.

Conociendo las potencialidades que convierten al archipiélago en uno de los principales destinos del Caribe, el gobierno cubano invirtió en el sector durante muchos años, una decisión que en su momento dio grandes resultados.

Años después, campañas de descrédito y crisis de por medio, la realidad es muy diferente. Lejos de ser un cuento, la situación del sector en 2026 es la de una lucha diaria contra la falta de combustible y abasto. Sin embargo, en medio de las dificultades, emerge la resiliencia de un pueblo y la adaptación de una industria que se niega a apagar la luz.

Canadá, el principal mercado emisor, redujo su flujo de viajeros en más de un 12%, mientras que Rusia cayó casi un 29%, según datos del Ministerio del Turismo el pasado año.

Recuperar los 4.7 millones de viajeros que visitaron Cuba en el 2018 parece idílico cuando en el horizonte solo se divisa crisis energética; esto deviene encarecimiento de los vuelos, dificultad en las excursiones y pone a prueba a quienes siguen apostando por nuestras ofertas.

Esos, para los que Cuba continúa siendo un enigma por descubrir, buscan algo más que hoteles. Buscan autenticidad. Y esa autenticidad y resiliencia del cubano se convierte en un valor añadido. 

Explorando las reseñas en hoteles, con su abanico de opciones, desde los “5 estrellas” hasta los de menor categoría, se llega a comprender cuánto lamentan los clientes habituales y otros primerizos la crisis.

 

El Ministerio del Turismo, luego de la Orden Ejecutiva estadounidense que censura la compra de combustible por el Estado cubano, adoptó algunas medidas.

Desde mediados de febrero del presente año está en práctica un plan integral destinado a reducir los consumos energéticos, compactar las instalaciones y maximizar los beneficios de la etapa estival. Hoteles cerrados y turistas reubicados es la realidad, en pleno inicio de la temporada alta.

 

La principal bolsa turística del país debe realizarse en los primeros días del mes de mayo, según noticias hasta el momento; importantísimo evento, el año pasado anunció convenios de compra de hoteles y quizás esta ya traiga buenas noticias de alianzas entre el sector privado y el estatal. 

El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva dejó claro la importancia del sector en la recuperación de la economía cubana: “porque si no tenemos ingresos no podemos superar la situación”, volviendo a confiar en el pronóstico de entradas.

Ver a muchas familias cubanas reinventando sus rutinas, o a los negocios improvisando recursos para mantenerse a flote, también es turismo. Es ser testigo del contraste entre la asfixia y la resiliencia. Es la constatación de que, incluso cuando el sistema energético cruje, el alma de un destino puede seguir brillando. Y eso, quizás, es lo que hace a Cuba un lugar tan difícil de imitar.

 

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