Cuando todo pase es un relato que saca del olvido la participación de Uruguay en los años de la Segunda República y el papel humanitario de su embajada en Madrid. Fischer propone un desvío, que indaga en los salones diplomáticos, los colegios de élite. Así como en las casas de acogida de Madrid, en los años previos al alzamiento militar. Su libro, sitúa a tres ciudadanos uruguayos en el centro de una trama que entrelaza la alta sociedad montevideana, la crisis de una nación que había sido imperio. Además del nacimiento de una violencia política que precedió a la guerra.
La investigación parte de una serie de coincidencias donde Daniel Cibils, un joven que viajó a España para estudiar en el Colegio Alfonso XII, ubicado en el Monasterio de El Escorial. Por otro lado, las hermanas Dolores y Consuelo Aguiar Mella, hijas de un abogado uruguayo que había caído en desgracia tras los negociados del empresario Emilio Reus, nacieron el mismo día con un año de diferencia. Sus vidas en España, dedicadas a la labor religiosa y al refugio de perseguidas, terminaron trágicamente cuando las milicias comunistas las señalaron por sus acciones.

El libro reconstruye ese entramado con un soporte documental recabado en ambos lados del Atlántico. El contexto que Fischer reconstruye es el de la Segunda República española. La cual se instauró el 14 de abril de 1931 tras la renuncia del rey Alfonso XIII y su salida al exilio. El autor evita reducir el período a una mera antesala de la guerra. En las páginas del libro se detalla una nación sumida en una crisis económica agravada por la Gran Depresión de 1929. Pero también en una crisis moral que había dado origen a la Generación del 98. Fischer evidenció que el analfabetismo alcanzaba al 50 % de las mujeres y al 43 % de los hombres. La injusticia social era estructural y la monarquía, con el paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera, había dejado un saldo de descontento popular.
Mientras tanto, Uruguay vivía la euforia del Centenario de 1930, con su economía aún a resguardo de los coletazos más duros de la crisis internacional. La colonia española era numerosa y los vínculos diplomáticos se mantenían fluidos desde 1870. Sin embargo, los protagonistas de esta historia no viajaban en busca de oportunidades económicas. Daniel Cibils llegó huérfano de padre, adoptado por sus tíos, Daniel Castellanos y su esposa, que asumen la Embajada de Uruguay en Madrid. La familia Aguiar Mella, en cambio, había partido en 1900 por el desprestigio que arrastraba el padre, Santiago Aguiar Mella, tras su asociación con Emilio Reus, un empresario que había estafado incluso a la reina María Cristina.
El libro detalla que la presencia de Uruguay en la fugaz República española fue mucho mayor de lo que la historia oficial había registrado. La embajada uruguaya en Madrid, bajo la gestión del embajador Castellanos, llegó a albergar a más de 1.300 refugiados en su sede. Daniel Cibils, entonces un joven de entre 14 y 22 años, colaboró activamente en esas tareas.
Las hermanas Aguiar Mella, habían seguido un camino distinto pero paralelo. Radicadas en Madrid, vivían en un colegio de las hermanas Escolapias. Una de ellas, Dolores, quiso ser monja pero una neumonía se lo impidió, aunque dedicó su vida a las tareas religiosas. En cambio, Consuelo, aspiraba a formar una familia. Sin embargo, ante el avance de la violencia anticlerical, ambas comenzaron a dar refugio a sus superioras y compañeras en distintos lugares de la capital. La historia de las hermanas Aguiar Mella termina en noviembre de 1936, tres o cuatro meses después del alzamiento de los generales encabezados por Francisco Franco. Fueron secuestradas, violadas y asesinadas. El libro sitúa estos hechos donde solo en ese período, cerca de 6.500 religiosos fueron ajusticiados en España por el solo hecho de serlo, en una asociación que las milicias hacían entre la Iglesia y la monarquía caída.

