En una decisión histórica destinada a proteger la salud mental y prevenir desenlaces fatales, el Ministerio de Salud Pública (MSP) emitirá en los próximos días una ordenanza que restringirá la venta libre de uno de los analgésicos más comunes en el botiquín de los uruguayos. La ministra Cristina Lustemberg firmará la normativa que obligará a presentar receta médica para adquirir cualquier presentación de paracetamol de 500 mg o superior.
La medida surge tras un pormenorizado informe del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) del Hospital de Clínicas, que reveló cifras alarmantes correspondientes al año 2025. El centro atendió un promedio de 52 llamadas diarias, de las cuales casi el 70% correspondieron a intoxicaciones con medicamentos.
El paracetamol en el «Top 10» de riesgo
Históricamente, los fármacos que lideran las intoxicaciones son el clonazepam y la quetiapina (que ya requieren receta). Sin embargo, el paracetamol ha escalado posiciones hasta situarse entre las diez sustancias que más consultas motivan, seguido de cerca por el ibuprofeno (puesto 14).
La mayor preocupación de las autoridades radica en el perfil de los afectados: los intentos de autoeliminación mediante la ingesta de fármacos se concentran predominantemente en jóvenes de entre 14 y 19 años.
Las cifras van en aumento, los casos de intentos de suicidio asistidos por el CIAT pasaron de 6.204 en 2024 a 6.677 en 2025. Al ser de venta libre y estar presente en múltiples antigripales, el paracetamol se ha convertido en una herramienta de fácil acceso para conductas autolesivas.
Advertencia de los especialistas
La Dra. Alba Negrín, especialista en Toxicología Clínica, señaló que desde 2017 se constata un «aumento incesante» de las consultas por este fármaco. «Es una sustancia química y debe tratarse con precaución; el hecho de que sea de venta libre no significa que sea inocuo», advirtió la experta, subrayando que el daño hepático por sobredosis de paracetamol puede ser irreversible.
El trabajo conjunto entre el MSP, el CIAT y la Dirección de Farmacovigilancia busca normatizar el mercado farmacéutico para que el acceso a dosis potentes de analgésicos cuente con la supervisión de un profesional de la salud, intentando así poner un freno a una tendencia que no ha dejado de crecer en la última década.

