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Piel en invierno: Claves para protegerla del frío sin descuidar la hidratación

La piel experimenta tirantez y la secreción sebácea llega con dificultad a la superficie, dejándola seca y sensible.

.El frío contrae los capilares, reduce la irrigación y disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes a las células
.El frío contrae los capilares, reduce la irrigación y disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes a las células

La piel, órgano más extenso del cuerpo, actúa como barrera frente al medio externo, regula la temperatura corporal y se defiende de bacterias patógenas. Las temperaturas extremas afectan su función, por lo que requiere cuidados específicos para mantener nutrición e hidratación. El frío contrae los capilares, reduce la irrigación y disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes a las células. Esto retarda el recambio celular y acumula células muertas, dando al cutis un aspecto opaco y grisáceo. La piel experimenta tirantez y la secreción sebácea llega con dificultad a la superficie, dejándola seca y sensible.

En invierno, factores como el frío, el viento, la calefacción y la contaminación causan daño a largo plazo. La piel no solo refleja la imagen exterior, sino que hidrata los órganos internos; protegerla es cuestión de salud. La calefacción, la sequedad del aire y las duchas calientes resecan la piel, por lo que hay que proteger las zonas más expuestas a factores climáticos adversos como el viento, las temperaturas frías o la lluvia. La extremadamente fina dermis de los labios puede agrietarse hasta formar heridas, y la piel de las manos puede aparecer áspera y descamada.

La piel experimenta tirantez y la secreción sebácea llega con dificultad a la superficie, dejándola seca y sensible.
La piel experimenta tirantez y la secreción sebácea llega con dificultad a la superficie, dejándola seca y sensible.

En cuanto a la hidratación interna, es necesario beber al menos dos litros de agua al día y consumir antioxidantes presentes en jugos de frutas frescas, verduras de hoja verde, frutos secos y semillas. Los ácidos grasos esenciales, que se obtienen del aceite de oliva, la palta, las semillas y los frutos secos, son fundamentales para mantener la estructura y el buen funcionamiento de las células de la piel. 

Para la limpieza, se recomienda evitar el agua muy caliente porque deshidrata la piel y contribuye a la pérdida de lubricación; es importante secarse muy bien después del baño. Se debe mantener una rutina de limpieza nocturna con productos suaves que no irriten ni resecan, sin fórmulas con ingredientes abrasivos. 

La hidratación externa debe ser máxima, sobre todo después de la ducha y antes de acostarse. Por la mañana es importante proteger la piel con una crema hidratante que evite la pérdida de agua. Una buena opción para los ambientes calefaccionados y con poca humedad es vaporizar con agua termal. Se deben elegir productos suaves o con emolientes y humectantes, con componentes como ceramidas o ácido hialurónico, así como fórmulas enriquecidas. No se debe dejar de usar protector solar pues en los meses fríos todas las personas deben usar factor de protección solar 15 a diario.

Los labios requieren una protección especial, además del frío, el peor enemigo en invierno es mojarlos constantemente para sentir menos tirantez, por lo que se complementa con bálsamos o labiales que aporten color y cuenten con componentes humectantes y de protección solar. Las manos también merecen atención, los continuos lavados con jabones desinfectantes y el uso de alcohol gel pueden provocar estragos, por lo que es necesario aumentar el uso de cremas hidratantes. Si las manos están muy afectadas, se recomienda aplicar una buena crema antes de dormir y cubrir con guantes de algodón durante toda la noche. 

Los cambios de temperatura, típicos de esta época, afectan la microcirculación, los pequeños vasos sanguíneos cerca de la superficie de la piel se contraen con el frío y se dilatan con el calor. Para las mascarillas faciales, se debe elegir la textura adecuada según el tipo de piel. Para evitar irritaciones, siempre es mejor optar por productos con fragancias suaves o sin ellas. Los ungüentos y bálsamos son ideales para las zonas más secas como labios, codos y rodillas. En pieles maduras, además de hidratar, es necesario aplicar cremas con tratamientos antiedad, ya que aportan los nutrientes que la piel comienza a perder con el tiempo.

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