La Ruta y la Seda en la nueva era

Uruguaya tiene el perfil que China  necesita.

El presidente Orsi junto al presidente de China, Xi Jinping.

A principios de febrero de este año, se realizó una visita de estado del presidente Orsi a China. A raíz de eso, AUCI (Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional) y su contraparte china firmaron un Memorándum de Entendimiento en el cual se definen como prioridades a la hora de la cooperación, entre otras, al cambio climático y desarrollo verde y la digitalización y conectividad en la era digital en la que vivimos.

Para esto se ofrecen como vías de financiamiento, por ejemplo, préstamos sin interés, asistencia no reembolsable y el Fondo para el Desarrollo Global. Este memorándum, similar a otros firmados por China, marca hacia dónde quiere moverse China y hacia qué área pretenden ampliar su gran proyecto de la Belt and Road Initiative (BRI): ya no solo hablamos de puertos y rutas, sino que de energía limpia, transición energética y desarrollo verde.

La “Ruta de la Seda de la Nueva Era” que expuso el presidente Xi Jinping en 2013, modelo que recibió críticas por los préstamos masivos para megaobras que se otorgaban, a riesgo de sobreendeudamiento, y que llevó a la conocida etiqueta, justificada o injustificadamente, de “trampa de deuda”, le dio paso en los últimos años a dos nuevas rutas: la “Ruta de la Seda Verde” y la “Ruta de la Seda Digital”. Su filosofía queda bien clara en el Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe publicado en 2025: se propone construir la BRI bajo una “[…] filosofía de cooperación abierta, verde y limpia […]”, incluyendo infraestructura digital, ciudades inteligentes y energías renovables.

¿Puede Uruguay aprovechar esta nueva etapa de la Iniciativa de la Franja y la Ruta? Todo parece indicar que sí. Es más, pocos países en nuestro continente tienen un perfil tan ajustado a esta nueva BRI y tan necesario para los resultados que pretende demostrar China. Uruguay inició el 2026 con un 98% de su matriz energética siendo de generación renovable, además de contar con un marco regulatorio que ya permite contratos de compra de energía a largo plazo entre privados y una estabilidad institucional reconocida internacionalmente que, muchas veces, escasea en la región.

Esa fórmula ya ha atraído inversiones a nuestro país: en 2024 se inició la construcción del centro de datos de Google en Canelones, con una inversión mayor a los 850 millones de dólares.

Sabemos las intenciones de China con respecto a la Ruta de la Seda Verde y Digital. Sabemos que Uruguay cuenta, en principio, con los tres elementos mencionados anteriormente que harían a nuestro país un candidato ideal para que se explote este nuevo BRI. La pregunta a realizarse ahora es la siguiente: ¿Qué existe realmente entre China y Uruguay?

El memorándum referenciado al inicio no es un contrato de inversión. Es, como se dice en el mundo diplomático, un acuerdo no vinculante, del mismo tipo que China firmó con todos los países que se han adherido al BRI desde el 2013. Sin embargo, que no sean vinculantes no quiere decir que los elementos que se encuentran dentro del memorándum no sean utilizados en negociaciones futuras como muestra de que ya existen consensos y ya hay arreglos. Estos memorándums, por lo tanto, más que dirigir buscan influir.  Está también la declaración conjunta que realizaron ambos presidentes durante la visita de Orsi. En ella se reconoció la participación de empresas chinas en la red 5G uruguaya y la membresía de Uruguay en el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, así como la voluntad de cooperar aún más en energía y transición energética, entre otros, como también se dispuso en el memorándum firmado por las agencias de cooperación de ambos países.

La voluntad de ambas partes en invertir en el sector está y las condiciones son ideales para que Uruguay se inserte de lleno en este BRI más verde.

Uruguay tiene el perfil que China busca.

Nuestro país ya demostró que puede atraer inversiones. No solo eso, Uruguay tiene todo para ser un activo estratégico importantísimo para China en cuanto a este BRI 2.0: si China quiere demostrar casos concretos de éxitos de su narrativa e inversiones verde y alejarse de las fricciones de sus grandes proyectos con infraestructura fósil y del pasado de la “trampa de la deuda”, ¿qué mejor que hacerlo con Uruguay, un país con matriz limpia, bajo riesgo político, alto rendimiento en cuanto a su reputación y una transparencia y estabilidad probadas y alabadas internacionalmente?

Durante El 3er Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional celebrado en 2023, se celebró un foro temático sobre la Ruta de la Seda Limpia, un marco de gobernanza transparente, verde e íntegro. Si China busca legitimar aún más esta gran iniciativa, ¿por qué no hacerlo con un país estable, transparente y seguro?

Ahora bien, el argumento no es solo que Uruguay es una vidriera perfecta para que China demuestre que sus inversiones verdes funcionan, o que Uruguay cuenta con una matriz energética casi renovable en su totalidad o el marco institucional y jurídico.

A estos elementos que ya habían sido planteados hay que sumarles como un puerto libre que funciona como la puerta de entrada con menor fricción al Mercosur, una industria de software y servicios digitales consolidada (aunque con amplias oportunidades para mejorar) y un marco regulatorio de energía ya probado que le otorga seguridades al inversor.

Uruguay tiene el perfil que China busca. Ambos países comparten la voluntad y han dejado plasmado en diversos acuerdos los métodos de financiamiento y las áreas en las que se quiere profundizar la cooperación.

Si la Ruta de la Seda Verde y Digital quiere penetrar de lleno en América Latina, ¿por qué no hacerlo desde Uruguay? Al final del día, el Río de los Pájaros Pintados tiene amplio espacio para recibir las inversiones verdes del Reino del Centro.

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