Alergias primaverales en perros y gatos

El polen, los ácaros y las pulgas son los principales desencadenantes que hacen sufrir a las mascotas en esta época del año.

Como los humanos, perros y gatos también tiene sus alergias en primavera.

La primavera trae días más largos y temperaturas agradables, pero también un aumento significativo de alérgenos ambientales que afectan a perros y gatos. A diferencia de los humanos, que suelen responder con estornudos y congestión nasal, en las mascotas las alergias se manifiestan principalmente en la piel, generando picor intenso y molestias que pueden deteriorar su calidad de vida si no se abordan a tiempo.

Los desencadenantes más frecuentes en esta estación son el polen de árboles, gramíneas y plantas ornamentales, las esporas de hongos o moho, los ácaros del polvo (que proliferan con la humedad y el calor suave) y las picaduras de pulgas, que se reactivan con el aumento de las temperaturas. En animales predispuestos genéticamente, el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada a estas partículas inocuas, liberando histamina e inflamando principalmente la piel.

Síntomas más comunes

En perros, el signo estrella es el prurito o picor persistente. Se rascan de forma compulsiva, lamen o muerden las patas especialmente entre los dedos, el abdomen, las axilas, la ingle y la cara. Es frecuente observar enrojecimiento de la piel, caída de pelo localizada, otitis recurrentes qeu producen sacudidas de cabeza y olor en los oídos y, en casos avanzados, heridas por autotraumatismo e infecciones secundarias bacterianas o por levaduras. Algunas razas como el West Highland White Terrier, el Bulldog Francés, el Labrador, el Golden Retriever o el Bóxer muestran mayor predisposición.

En gatos los síntomas suelen ser más sutiles y fáciles de pasar por alto. El lamido excesivo (sobre todo en abdomen, patas y flancos) puede provocar zonas de alopecia. También aparecen costras pequeñas en cabeza y cuello (dermatitis miliar), enrojecimiento cutáneo e, incluso, síntomas respiratorios como estornudos o dificultad respiratoria en casos de asma alérgico. Razas como el Siamés pueden ser más sensibles.

Qué se puede hacer

El primer paso es siempre consultar al veterinario. Un diagnóstico preciso permite descartar otras causas como alergias alimentarias o parasitarias y diseñar un plan individualizado. El tratamiento puede incluir medicamentos para controlar la picazón, champús dermatológicos específicos, refuerzo de la barrera cutánea y control estricto de infecciones secundarias. En algunos casos se recomienda inmunoterapia con vacunas antialérgicas tras realizar pruebas específicas.

Además de la medicación, hay medidas caseras muy útiles.

Limpiar patas y pelaje al volver de los paseos para eliminar el polen adherido, baños frecuentes con champús hipoalergénicos o calmantes y evitar paseos en las horas de mayor concentración de polen generalmente mediodía y tarde, son algunas.

Una dieta equilibrada enriquecida con ácidos grasos omega-3 también ayuda a fortalecer la piel y reducir la inflamación.

Las alergias primaverales no tienen cura, pero con un enfoque combinado de control ambiental, tratamiento médico y seguimiento veterinario se puede reducir de forma notable la intensidad de los brotes y mejorar el bienestar de la mascota.

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