Las pulgas no solo molestan a los perros con picaduras intensas, sino que pueden transmitir enfermedades y generar dermatitis alérgica. Actuar a tiempo es clave para evitar una infestación difícil de controlar.
Las pulgas adultas viven sobre el animal, pero la mayor parte de su ciclo (huevos, larvas y pupas) se desarrolla en el ambiente: alfombras, sillones, camas, patios y jardines. Con el calor, los huevos eclosionan más rápido y el ciclo se acelera. Un solo animal infectado puede contaminar toda la casa en pocos días.
Lo más efectivo es no esperar a ver pulgas. Desde el inicio de la primavera conviene aplicar un antiparasitario externo de forma regular. Existen collares de larga duración (hasta 8 meses), pipetas mensuales y comprimidos orales que actúan desde adentro. Consultá siempre al veterinario para elegir el producto adecuado según la edad, peso y estado de salud del perro. Mantener el pelaje limpio y cepillado ayuda a detectar parásitos a tiempo. Después de paseos por zonas con pasto alto o contacto con otros animales, revisá especialmente las axilas, la zona de la ingle, la base de la cola y detrás de las orejas.
Si el perro se rasca de forma insistente, se muerde o aparecen costras y enrojecimiento, es probable que ya tenga una infestación. El primer paso es tratar al animal con un producto adulticida que mate las pulgas adultas y, preferentemente, que también actúe sobre huevos y larvas.
Es fundamental tratar todos los animales de la casa al mismo tiempo, aunque no muestren síntomas. Las pulgas saltan de un hospedador a otro con facilidad.
Control del ambiente
Tratar solo al perro no alcanza. Las larvas y pupas sobreviven semanas en el entorno. Se recomienda aspirar a fondo alfombras, sillones, colchones y rincones durante varios días seguidos. Después de aspirar, sacá la bolsa o vaciá el recipiente fuera de la casa.
Además lavar con agua caliente mantas, camas y juguetes del animal. En el jardín, cortar el pasto y, si es necesario, aplicar un insecticida ambiental específico para exteriores, siguiendo las indicaciones del producto. Usar sprays o nebulizadores ambientales para interiores que eliminen huevos y larvas, siempre con el cuidado de retirar a los animales y personas durante la aplicación.
Algunos dueños recurren a remedios caseros como vinagre de manzana diluido, aceites esenciales o baños con jabón neutro. Estos métodos pueden aliviar temporalmente, pero rara vez resuelven una infestación establecida y algunos aceites pueden ser tóxicos para los perros si se usan mal. No reemplazan a los antiparasitarios veterinarios.
Se debe evitar productos pensados para humanos o para otras especies. Un error frecuente es usar collares o pipetas de gatos en perros o viceversa, lo que puede resultar peligroso. Si el perro presenta anemia (especialmente cachorros o animales pequeños), pérdida de pelo intensa, heridas por rascado o decaimiento, hay que acudir al profesional. También es recomendable una consulta preventiva al inicio de la temporada para armar un plan de control anual.

