Brasil confirma que el mapa político latinoamericano está cambiando

El resultado brasileño vuelve a poner sobre la mesa el crecimiento electoral de las derechas en América Latina.

Brasil habló y su mensaje no debería ser interpretado únicamente dentro de sus fronteras. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Luiz Inácio Lula da Silva. La diferencia fue estrecha, pero políticamente significativa: el candidato del Partido Liberal terminó primero y la Presidencia deberá resolverse el 25 de octubre.

El resultado puede leerse dentro de una tendencia regional de fortalecimiento de distintas expresiones de derecha, aunque sería simplista presentar a América Latina como un bloque que gira uniformemente en una sola dirección. Cada país responde a circunstancias económicas, sociales e institucionales diferentes. Brasil, sin embargo, agrega un dato de enorme peso por sus dimensiones y por su influencia política regional.

La elección también mostró que el bolsonarismo no desapareció con la salida de Jair Bolsonaro de la Presidencia. Por el contrario, encontró continuidad electoral en Flávio Bolsonaro y obtuvo además importantes avances legislativos: el Partido Liberal amplió sustancialmente su representación en el Congreso. Para Lula, entonces, la segunda vuelta representa mucho más que la necesidad matemática de conseguir algunos puntos adicionales.

Existe un Brasil que no está convencido. Y existe otro que directamente no fue a votar.

La abstención alcanzó el 21,08%: 33.441.825 brasileños habilitados no concurrieron a las urnas. Son muchos más que la diferencia existente entre los dos candidatos.

Naturalmente, sería incorrecto considerar esos 33 millones como un bloque político disponible para Lula, Bolsonaro o cualquier otra candidatura. Pero esa enorme ausencia constituye uno de los territorios políticos centrales de la segunda vuelta.

Allí aparece el verdadero desafío del presidente brasileño. Lula necesita volver a construir entusiasmo alrededor de su propuesta. No alcanza con recurrir al recuerdo de sus primeros gobiernos, ni con presentar la elección solamente como una confrontación contra el.

La izquierda latinoamericana debería observar Brasil sin refugiarse en explicaciones cómodas. Las elecciones se ganan también recuperando confianza.

Lula conserva una formidable estructura política, una extensa trayectoria y casi 54 millones de votos en esta primera vuelta. Pero enfrente tiene a Flávio Bolsonaro con más de 56 millones y una derecha que demostró capacidad de movilización electoral.

El 25 de octubre no se resolverá solamente una confrontación entre dos candidatos. Se medirá nuevamente la capacidad de dos proyectos políticos para interpretar un país profundamente dividido. Para Lula, el desafío es particularmente claro: deberá convencer más allá de quienes ya están convencidos.

Porque cuando más de 33 millones no votan, el silencio también se convierte en un dato político que nadie puede permitirse ignorar.

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