La naturaleza es un gran restaurante continuo e integrado. En ella la muerte no existe ni es el final sino apenas un estadio en el ciclo natural de la vida. Todo nace de una materia que lo precede y, al morir, devuelve esa materia al mundo del que provino. Nada desaparece, todo se transforma y vuelve a integrarse en otros procesos vitales. Bajo la tierra, hay una vida escondida donde la muerte se convierte en alimento. Gusanos, insectos, hongos y múltiples microorganismos descomponen los cuerpos y restituyen sus componentes al suelo y de esa materia se nutren las raíces, de las cuales surgen nuevamente plantas, frutos y alimentos; y de ellos, nuevas vidas.
Es un ciclo infinito donde la vida necesita de la muerte para continuar, mostrando que no existe una frontera radical entre ambas, sino múltiple entrelazamientos de cadenas. Donde algunos lloramos frente a una tumba, la vida encuentra materia, y de esa desaparición, se inicia el cambio y el reinicio del ciclo infinito de la vida.


