Oddone ubicó la productividad entre los principales desafíos estructurales

El ministro de Economía defendió la estabilidad macroeconómica y destacó la capacidad del sistema político para alcanzar acuerdos, incluso sin mayorías parlamentarias del oficialismo.

“La base fundamental de un gobierno en Uruguay, de cualquier gobierno, es la estabilidad macroeconómica”, afirmó Oddone.

El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, advirtió que Uruguay debe prepararse para un escenario internacional caracterizado por la incertidumbre política, comercial y geopolítica, al tiempo que identificó la mejora de la productividad como una condición central para sostener el crecimiento económico. Durante su participación en el Foro CUGO 2026, defendió la estabilidad macroeconómica.

En una conversación con el economista Javier de Haedo, presidente del Círculo Uruguayo para la Mejor Gobernanza de las Organizaciones (CUGO), el secretario de Estado analizó los cambios en el escenario internacional, las fortalezas institucionales de Uruguay y las dificultades para acelerar el crecimiento. El encuentro se desarrolló bajo el título “Gobernar en la incertidumbre”, con la participación de representantes del sector público, empresas, ámbito académico y cuerpo diplomático.

Oddone sostuvo que los cambios en el orden internacional no responden a un único acontecimiento, sino a una transformación progresiva de las reglas de funcionamiento político y económico. En ese proceso identificó el impacto de la crisis financiera de 2008, el malestar de sectores de ingresos medios con la globalización, la fragmentación de los sistemas políticos y la aparición de liderazgos que, según señaló, recurren a planteos populistas y autoritarios.

El ministro consideró que las sociedades occidentales atraviesan una etapa de transición en la que las orientaciones de algunos dirigentes y las formas de resolver los conflictos difieren de las que predominaron durante buena parte del período posterior a la Segunda Guerra Mundial. A ello se suma el avance de China y la modificación de los equilibrios internacionales.

Para un país pequeño y abierto al mundo como Uruguay, esta situación representa un desafío permanente. Oddone señaló que las decisiones de otros gobiernos pueden afectar intereses nacionales en distintos ámbitos y que, en un contexto de reglas menos previsibles, resulta más difícil anticipar las reacciones de los actores internacionales.

El ministro observó que varios de los presidentes actuales de América Latina no habían ejercido anteriormente esa responsabilidad, lo que introduce nuevas dinámicas en las relaciones entre los gobiernos. En ese marco, planteó la necesidad de conocer a los interlocutores y actuar con cautela ante decisiones que pueden tener consecuencias económicas y comerciales para Uruguay.

“Es imposible que crezca” la economía de manera sostenida sin mejorar la productividad, advirtió el ministro

La estabilidad como condición para crecer

Al abordar las prioridades de la política económica, Oddone identificó tres dimensiones principales: el crecimiento, la evolución de los precios relativos y la sostenibilidad fiscal y financiera.

La estabilidad macroeconómica constituye, a su juicio, la base sobre la que deben construirse las demás políticas. Sostuvo que no se conocen procesos históricos exitosos de mejora sostenida del bienestar que no hayan estado acompañados por estabilidad macroeconómica y, particularmente, fiscal.

“La base fundamental de un gobierno en Uruguay, de cualquier gobierno, es la estabilidad macroeconómica”, afirmó Oddone, quien sostuvo que la estabilidad fiscal constituye una condición indispensable para alcanzar mejoras sostenidas en el bienestar.

En esa línea, afirmó que los gobiernos deben establecer reglas claras y ofrecer previsibilidad a los agentes económicos. La certeza sobre las condiciones tributarias y la evolución de los precios relativos resulta importante para que las empresas puedan evaluar inversiones y planificar sus decisiones sin temor a cambios inesperados que alteren los cálculos de rentabilidad.

El ministro también destacó los avances realizados por Uruguay en materia de gestión macroeconómica desde las crisis que afectaron al país en 1965, 1982 y 2002. Según expresó, aquellas crisis tuvieron consecuencias bancarias y requirieron rescates, mientras que durante más de dos décadas el país logró consolidar una forma de gestión que contribuyó a reducir la vulnerabilidad financiera.

Oddone consideró que esa continuidad constituye un activo nacional que trasciende a los gobiernos y a las personas que ocupan el Ministerio de Economía. Aunque reconoció que existen diferencias entre las administraciones, sostuvo que Uruguay ha logrado mantener determinados criterios de gestión fiscal, deuda pública y estabilidad de precios.

Para el ministro, preservar esa trayectoria es indispensable en un contexto internacional en el que las decisiones de política económica deben adoptarse con información incompleta y ante acontecimientos que pueden modificar rápidamente las condiciones de los mercados.

Oddone aseguró el sistema político gestiona bien el disenso y “dialoga mucho más de lo que a veces se observa”.

Productividad y competitividad

Más allá de la estabilidad, Oddone ubicó la productividad entre los principales desafíos estructurales del país. Explicó que Uruguay enfrenta una realidad demográfica que limita las posibilidades de sostener el crecimiento únicamente mediante la expansión de la población activa.

En ese contexto, afirmó que aumentar la eficiencia con la que se utilizan los recursos disponibles es fundamental para elevar la capacidad de crecimiento de la economía y responder a las demandas de la sociedad.

“Es imposible que crezca” la economía de manera sostenida sin mejorar la productividad, advirtió el ministro, al referirse a las restricciones demográficas que enfrenta Uruguay y a la necesidad de aumentar la eficiencia para sostener el desarrollo.

El ministro señaló que los sectores vinculados al comercio internacional han atravesado transformaciones productivas importantes durante las últimas dos décadas y presentan oportunidades para continuar mejorando su desempeño. Sin embargo, advirtió que el desafío no se limita a las actividades exportadoras.

Según planteó, alrededor del 80% de los trabajadores se desempeña en sectores no transables, es decir, actividades que no están directamente expuestas a la competencia internacional. Por esa razón, consideró necesario avanzar también en mejoras de productividad en esas áreas, aunque reconoció que las reformas pueden resultar políticamente costosas y difíciles de implementar.

“Eso no quiere decir que no lo tengamos que reconocer más tarde”, señaló Oddone al referirse a las dificultades para avanzar en cambios que mejoren la productividad, en un contexto en el que las transformaciones deben contemplar las restricciones políticas y sociales.

Señaló que la competitividad no puede analizarse exclusivamente desde los costos empresariales. También debe considerarse la capacidad de Uruguay para preservar su cohesión social, un componente que identificó como parte de los atributos que distinguen al país.

Oddone mencionó la disponibilidad de recursos energéticos, la ubicación geográfica y la cohesión social como factores relevantes para el desarrollo. Advirtió que las dificultades en materia de seguridad y pobreza infantil pueden comprometer tanto la convivencia como las posibilidades de generar prosperidad.

A su juicio, sostener el modelo de convivencia uruguayo es importante no solamente por razones de justicia social, sino también por su incidencia en la capacidad de generar actividad económica, empleo y bienestar.

Un sistema político que debe preservar sus acuerdos

Durante el intercambio, De Haedo planteó las restricciones que enfrentan las políticas económicas en función de los programas de gobierno, las mayorías parlamentarias y los tiempos políticos. También señaló la institucionalidad y la alternancia democrática como elementos que distinguen a Uruguay en el contexto regional.

“Sigue siendo un sistema político que gestiona bien el disenso, que dialoga mucho más de lo que a veces se observa”, afirmó el ministro, al destacar la capacidad de las instituciones uruguayas para procesar diferencias y alcanzar acuerdos.

Oddone coincidió en destacar la capacidad del sistema político uruguayo para gestionar las diferencias y construir acuerdos. Sostuvo que existe más diálogo del que suele percibirse en el debate público y que, aun en situaciones de confrontación, se alcanzan consensos sobre una parte importante de las decisiones legislativas.

Como ejemplo, mencionó que el actual gobierno fue el primero desde 1985 que comenzó su gestión sin mayoría parlamentaria propia. Pese a esa circunstancia, destacó que iniciativas relevantes lograron reunir apoyos más amplios y que, en la discusión presupuestal a la que hizo referencia, aproximadamente el 70% de los artículos recibió votos de legisladores de distintos sectores.

El ministro señaló que los partidos uruguayos tienen estructuras fuertes y capacidad para contener posiciones diversas. Esa característica contribuye a la estabilidad, aunque también supone dificultades para alcanzar acuerdos rápidos, porque las organizaciones políticas reúnen corrientes y sensibilidades diferentes.

En su análisis, la necesidad de mantener la cohesión interna de los partidos y preservar el respaldo de sus electorados condiciona las negociaciones entre oficialismo y oposición. El desafío consiste en construir acuerdos sostenibles sin desconocer los compromisos asumidos ante los votantes.

Oddone sostuvo que Uruguay ha logrado avances importantes en determinadas políticas de Estado, entre ellas la gestión de la deuda, la estabilidad fiscal y la política energética. Al mismo tiempo, reconoció que existen áreas en las que el país todavía no ha conseguido avanzar al ritmo necesario. “No hay que ser autocomplaciente”, advirtió Oddone, aunque consideró que Uruguay ha logrado consolidar fortalezas que trascienden a las distintas administraciones y que constituyen una base para enfrentar los desafíos pendientes.

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