La Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Pórtland (Ancap) cumplió 95 años de actividad y celebró su aniversario con una ceremonia en el Polo Industrial de Capurro, en Montevideo, que contó con la participación del presidente de la República, Yamandú Orsi, autoridades nacionales y funcionarios de la empresa estatal.
Durante el acto la presidenta de Ancap, Cecilia San Román, destacó la importancia histórica de la institución y su contribución al desarrollo económico del país. La conmemoración permitió recorrer distintos espacios vinculados con la trayectoria del organismo. Para San Román, el recorrido sintetizó las distintas dimensiones de la empresa pública a lo largo de su historia. “Industria, energía, química y ciencia” son componentes de una trayectoria que, según señaló, representa la transformación de materias primas y recursos en desarrollo para el país.
La jerarca sostuvo que Ancap acompañó las distintas etapas del crecimiento uruguayo y que su presencia se extiende a las carreteras, las industrias, las actividades agropecuarias, las exportaciones y los hogares. En ese sentido, definió a la institución como una empresa “bandera país”, vinculada con la memoria colectiva y con la identidad productiva nacional. San Román señaló que la energía del futuro requerirá ciencia, innovación, tecnología, conocimiento y experiencia. También reconoció que Ancap deberá desenvolverse en mercados competitivos en distintos segmentos de su actividad. “Aun así hemos seguido sosteniendo esos espacios no monopólicos y lo seguiremos haciendo porque estamos preparados”, afirmó la presidenta del organismo.
Por su parte, la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, consideró que el aniversario constituye una oportunidad para reflexionar sobre el presente y el futuro de las empresas públicas. Sostuvo que estas cumplen un papel como motores de desarrollo y garantías de derechos, y afirmó que “donde las empresas no llegan, el mercado no lo soluciona”.
Cardona también destacó la importancia de la cooperación entre el sector público y el privado, y señaló que esa articulación debe desarrollarse sin perder de vista los antecedentes y objetivos que orientaron la creación de las instituciones estatales.
En ese marco, valoró la creación del Comité de Planificación Estratégica en Energía, previsto en el Presupuesto Nacional, como una herramienta para avanzar en la planificación del sector y contribuir a garantizar derechos para la población.

Una empresa nacida en 1931
Ancap fue creada el 15 de octubre de 1931, mediante la Ley n.º 8.764, que estableció un ente industrial del Estado con cometidos relacionados con los combustibles, los alcoholes y la fabricación de cemento pórtland.
La norma le asignó la responsabilidad de explotar y administrar el monopolio del alcohol y del carburante nacional, además de importar, refinar y comercializar petróleo y sus derivados, y producir cemento para atender las necesidades del país.
En el área de los combustibles, la empresa asumió un papel central en la importación y refinación de petróleo crudo y en la producción de derivados. En el sector de los alcoholes, buscó sustituir un monopolio privado por uno estatal, reducir los precios, asegurar la calidad de los productos y estimular actividades agrícolas, vitivinícolas y frutícolas.
El tercer componente de la empresa, la producción de cemento pórtland, estaba relacionado con las necesidades de las obras públicas y con la intención de ampliar la actividad industrial en un contexto marcado por las consecuencias de la crisis económica internacional de 1929.
Uno de los principales hitos de los primeros años fue la construcción de la refinería de La Teja, la única instalación de refinación de petróleo existente en Uruguay.
Ese año se instalaron las primeras estaciones de servicio en Montevideo, en las esquinas de 18 de Julio y Sierra —actual Fernández Crespo— y de Uruguayana y Capurro.
En 1935 comenzó el montaje de la refinería, inaugurada dos años después con una capacidad inicial de procesamiento de 600 metros cúbicos diarios.
Durante la década de 1940, Ancap amplió su infraestructura para responder a una demanda creciente y superar las restricciones de abastecimiento de materias primas.
El crecimiento también se extendió al interior del país. A las instalaciones industriales se sumaron plantas de distribución y nuevas fábricas de cemento. La primera fábrica de pórtland en Minas fue inaugurada en 1956, seguida por la planta de Paysandú en 1962.
La producción de cemento tuvo un papel relevante en grandes obras de infraestructura. Desde Paysandú se suministró material para la construcción de la represa de Salto Grande y de los puentes internacionales Paysandú-Colón y Fray Bentos-Gualeguaychú, proyectos que contribuyeron a la integración regional.
Durante las décadas siguientes, la empresa amplió sus instalaciones de almacenamiento y distribución. La construcción de una terminal portuaria para recibir petróleo crudo en el este del país, conectada mediante un oleoducto con la refinería de La Teja, y la instalación de una terminal de almacenamiento en La Tablada, vinculada por un poliducto, fortalecieron la logística del sistema de combustibles.
Entre 1975 y 1990, Ancap se consolidó como una de las principales industrias pesadas del país y atravesó transformaciones organizativas para responder a las nuevas condiciones productivas y comerciales.
En la década de 1990 se produjo otro cambio en su modelo de comercialización: las estaciones de servicio que operaban bajo su sello fueron concesionadas a privados, mientras la empresa mantuvo el control de la marca y de la calidad de los productos.
Desde la década de 1990 se impulsaron cambios en la formulación de las naftas, con la incorporación de aditivos detergentes y dispersantes y la reducción de los niveles de plomo y azufre. En 2003 finalizaron obras de remodelación y ampliación que comprendieron la modernización de unidades existentes y la incorporación de nuevas instalaciones. Las inversiones permitieron aumentar la capacidad de procesamiento de crudo de 40.000 a 50.000 barriles diarios y producir gasolinas automotoras sin plomo, en línea con estándares internacionales.
Otro avance fue la construcción de la planta desulfurizadora, que permitió reducir el contenido de azufre en los combustibles. Según los antecedentes institucionales, la reducción alcanzó el 99,5% en el gasoil y el 85% en las naftas.
La búsqueda de alternativas energéticas también incorporó a los biocombustibles. En 2006 se consolidó el proyecto sucroalcoholero como un emprendimiento agroenergético y alimentario, con polos de producción en Bella Unión y Montevideo. En Bella Unión, un turbogenerador permite abastecer las necesidades energéticas de la planta y vender los excedentes a UTE.

