Medio Oriente, la paz no puede esperar

Medio Oriente necesita una decisión política que coloque la vida por encima de la represalia.

Los ataques hutíes contra Arabia Saudita, la guerra en Yemen, la devastación de Gaza y la violencia en el Líbano forman parte de una región donde cada escalada amenaza con abrir otro frente. Reclamar paz exige condenar las agresiones y construir una negociación capaz de detenerlas.

Naciones Unidas condenó el ataque hutí contra el aeropuerto de Riad, que las autoridades saudíes informaron que dejó muertos y centenares de heridos.Hay  amenazas del movimiento terrorista de continuar golpeando aeropuertos civiles  e infraestructura petrolera. Los viajeros y trabajadores no pueden convertirse en instrumentos de presión militar.

Arabia Saudita tiene derecho a proteger a su población y su territorio. Ese derecho debe ejercerse conforme al derecho internacional. La misma obligación alcanza a todos los Estados y grupos armados: ninguna causa habilita ataques deliberados contra civiles. La seguridad saudita y la protección de las familias yemeníes deben formar parte de una misma exigencia humanitaria.

La tragedia de Yemen demuestra cuánto cuesta prolongar una guerra. Hospitales desbordados, desplazamientos y obstáculos a la asistencia describen un sufrimiento que no puede quedar relegado a una disputa de influencias. El pueblo yemení merece instituciones, alimentos y futuro. Ninguna potencia debería utilizarlo como escenario para resolver sus rivalidades.

En Gaza, el alivio humanitario sigue siendo frágil. En el Líbano, la persistencia de la violencia impide reconstruir una vida segura. La confrontación agrava el peligro de propagación. Son conflictos con historias y responsabilidades diferentes, pero comparten una consecuencia: la población paga decisiones que rara vez puede discutir.

Negociar requiere medidas concretas: cese de ataques contra civiles, protección de aeropuertos y navegación comercial, acceso humanitario sin trabas y mecanismos verificables para sostener las treguas. Requiere también canales diplomáticos entre adversarios y respaldo efectivo a la mediación de Naciones Unidas.

A los hutíes les corresponde cesar sus ataques contra Arabia Saudita y contribuir a una salida política en Yemen. A los gobiernos de la región y a las potencias involucradas les corresponde reducir la escalada y asumir responsabilidades por la protección de civiles.

La paz exige compromisos de todos; la impunidad de cualquiera termina debilitándola.

El mundo debe dejar de administrar esta catástrofe como si fuera inevitable. Cada aeropuerto atacado, cada hospital sin recursos y cada familia desplazada renuevan una obligación urgente. Hay que sentarse a negociar antes de que otra represalia multiplique los muertos. La paz debe convertirse en una política sostenida y firme, con la misma determinación que hoy se dedica a preparar la próxima guerra.

 

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