El artista uruguayo Alberto Charbonnier llegó por primera vez a China para desarrollar un proyecto artístico en Chengdu, en el marco de NY20 +, una organización dedicada al intercambio cultural y la promoción de las artes. Además de varias reuniones de trabajo con galeristas en Beijing como parte de su estancia, según dio a conocer el artista en entrevista con Diario La R.
“Más allá de estas dos instancias que tienen que ver con la parte laboral, es un placer poder estar en estas tierras, donde la civilización china tradicional conservó durante tanto tiempo los principios espirituales y metafísicos, no simplemente como un conjunto de costumbres o ideas, sino como rituales y formas de concebir la existencia”.
El proyecto está dedicado a las cinco bestias de la mitología china y se articula alrededor del círculo, una figura que el artista interpreta como representación de un principio universal.
“En Chengdu estaré un mes trabajando en un proyecto artístico de pinturas sobre vidrio, las cuales estarán instaladas de manera simbólica sobre troncos de madera autóctona. Estas imágenes, al proyectar luz, generarán en dimensiones monumentales su negativo contra la pared o la superficie en que se proyecte.
Para desarrollar las obras seleccionó materiales orgánicos como madera y vidrio además de un espacio alejado del centro urbano lo cual responde a la importancia que atribuye al entorno natural durante el proceso creativo.
“La obra que voy a desarrollar aquí está vinculada con la naturaleza, Chengdu es un sitio fantástico. Realmente me he conectado de manera maravillosa con su gente y sus espacios. La energía que se respira aquí es muy acogedora”.
Para Charbonnier, el arte no puede reducirse a una finalidad decorativa. Su concepción parte de la función que las expresiones artísticas tradicionales han cumplido en diferentes sociedades y de su capacidad para comunicar significados vinculados con la espiritualidad.

“Vivimos en tiempos oscuros. La sociedad moderna perdió todo principio espiritual y jerárquico. Ha reemplazado la trascendencia por el materialismo, el individualismo y el progreso como fin en sí mismo. Todo esto ha generado todo tipo de síntomas psicológicos, biológicos muy profundos que han enfermado a gran parte de la población. El olvido total del vínculo con lo natural y uno mismo ha arrollado todo aspecto en la vida común de la mayor parte del mundo”.
Junto a esto ejemplifica que el arte tradicional suele tener una función reconocible: ritual, religiosa, educativa, doméstica o comunitaria. “Su forma no es mero adorno, no es para combinar con una alfombra o una pared en sí, sino que contribuye a que cumpla su propósito y comunique un significado. Además, una obra no es creada por el artista; este es simplemente un pontificado, va y busca en los planos intangibles para luego traerlos a los planos materiales. Pero esa creación debe tener algo superior, que eleve al ser. No puede nunca ser solamente para combinar, o su fin ser simplemente estético”.
China como experiencia personal y espiritual
El interés de Charbonnier por China precedía a su llegada. Entre los aspectos que más le atraían estaban las tradiciones vinculadas al taoísmo, el confucianismo y el budismo, así como los espacios dedicados a la práctica espiritual. Durante su estadía, busca aproximarse a estos lugares desde una experiencia personal y no únicamente turística.
“Considero que es imprescindible poder vincularse personalmente como un caminante y no como un turista. Este tipo de lugares, por más que actualmente están también en su mayoría sumergidos en las fauces del modernismo, en algunos todavía se encuentran esos vestigios… El que tenga ojos que vea y así podrá sentir el cantar de los pájaros”.
Refirió que el hecho de ver que todo el orbe está conectado, todo pertenece a un mismo ancestro común. “Absolutamente toda cultura, todo pueblo conserva, sin comprenderlos, pedazos de antiguas tradiciones. Tradiciones que incluso se remontan a un pasado tan lejano que sería imposible determinar. De este modo, los mitos, las leyendas cumplen la función de memoria colectiva más o menos subconsciente, cuyo contenido, evidentemente, ha venido de otra parte”.

Uruguay y China
Charbonnier entiende el arte como una vía para acercar a ambas sociedades a partir de las tradiciones y las preguntas sobre la existencia. Su participación en el pabellón uruguayo en Beijing forma parte de ese proceso y podría abrir el camino a futuras exposiciones y colaboraciones.
“Fui invitado por Zhang Siyong a ser parte del pabellón uruguayo en Beijing y comenzar una serie de exposiciones futuras en la ciudad. Además de esto, tengo la idea de volver el próximo año para dar vida a un proyecto monumental en la ciudad de Beijing. Una gran instalación que vincule pintura, performance, música y escultura. Generar esta ópera será un excelente momento para trabajar en conjunto con diferentes artistas locales de China en sus variadas disciplinas.”
Sobre la posibilidad de acercar las culturas de ambos países mediante el arte, afirmó que “el arte, como comenté anteriormente, es medicinal, por lo menos hoy en día debe serlo. La mejor manera de acercar estas culturas es que cada una de ellas recuerde, mediante estas imágenes que se plasman en el arte, que pertenecemos a lo mismo. Esto genera un vínculo de hermandad mayor que cualquier país, ya que es un vínculo en los planos profundos que nos dan las características de los humanos”.
Al referirse a las tradiciones uruguayas que le gustaría transmitir al público chino, Charbonnier reconoce la diversidad de influencias que conforman la cultura nacional, aunque precisa que su trabajo se centra en recuperar las raíces europeas y sus expresiones rituales.
“La cultura de Uruguay es una amalgama que vincula la cultura indígena, europea y africana. En cuanto a mí, debo decir que intento ir directo a la sangre, a los aspectos fundamentales de la esencia europea. Muchos ritos, tradiciones y fiestas no se realizan en Uruguay. Debemos volver a esas raíces, ya que son los cimientos de nuestra arquitectura como habitantes. Poder promover un equilibrio en cuanto a la música, la danza, el teatro, los espectáculos populares y el arte. Debemos crear espectáculos equilibrados y no que uno sea predominante por encima de otro.

Exhortó a recordar que Europa es el mayor latir que hay en el pueblo de Uruguay. Y es este latir el que todavía subsiste en sus símbolos de un magno poder. “Cuando me refiero a Europa, no me refiero solamente a países como Francia, España, Alemania e Italia, entre otros, sino a los pueblos que habitaron esos sitios antaño, y sus ritos y folclores subsistieron a la noche más oscura y fueron pasando de generación en generación hasta los primeros inmigrantes que poblaron Uruguay. Así que, mediante el arte, la instalación y toda creación que realice, intento llevar este mensaje de ritos y símbolos olvidados tanto al pueblo de Uruguay como al chino”.
Al hacer balance de su estadía, el artista destaca los encuentros personales y las experiencias que vivió en espacios naturales y templos, así como las relaciones profesionales que espera mantener después de su regreso. “Además de la experiencia del caminante, son sensaciones de contacto muy profundo y personal que tuve en mis momentos de soledad en la naturaleza o cuando fui invitado especialmente por monjes a meditaciones en templos en los que no había turistas, lo que me parece fundamental, ya que el turismo en el mundo se ha convertido en una masa neurótica que camina sin ver. De este sitio me llevo conocimiento necesario que me está siendo dado, pero no es un fin, sino un comienzo. “Desde que llegué he formado varios vínculos muy especiales con personas adorables. También se dieron muchos vínculos laborales para trabajar de ahora en más con un intercambio cultural fluido entre Uruguay y China.
“Proyectos de gran envergadura para realizar aquí y proyectos para hacer con artistas chinos en Uruguay. Esto me parece fantástico, ya que es en la cultura y en el dar a conocer tradiciones espirituales y formas de ver la existencia que devuelvan al humano lo que es su estado natural”.

