En la Rural del Prado se exhibe el resultado del trabajo del campo: animales, productos y emprendimientos. Pero una prenda de lana también permite mirar hacia el comienzo de ese recorrido. Antes del poncho o la manta estuvieron el vellón, las manos que prepararon la fibra y el tiempo dedicado a convertirla en hilo. Amanda Dour conoce ese proceso desde niña. Nació en Colonia 19 de Abril, en Paysandú, y creció entre las tareas rurales. Aprendió a ordeñar, esquilar e hilar junto a su familia. A los 13 años perdió la visión después de sufrir un accidente mientras trabajaba con una trilladora. Con el tiempo aprendió a guiarse por el tacto para continuar sus actividades y su vínculo con la lana.Amanda trabaja con lana virgen y cruda. La tiñe, hila y teje en telar o con agujas para producir mantas, ponchos, ruanas y otras prendas. Su emprendimiento se llama Hilados Cerro de los Potros. Detrás de cada pieza hay decisiones que no se ven en una etiqueta: cómo preparar la fibra, cómo mantener la regularidad del hilo y qué tejido conviene para el producto que busca hacer. Es conocimiento adquirido con años de práctica.
Su historia ya pasó por el Prado. En 2022 participó en el Primer Encuentro Nacional de Tejedoras realizado durante la exposición. Allí presentó sus productos y mostró al público cómo hilaba. Su presencia permitió ver el trabajo que media entre la lana recién obtenida y la prenda terminada, una etapa que suele quedar lejos de la mirada del consumidor.El oficio ha sido también su sustento. En una entrevista de aquel año contó que quería terminar de construir su casa y disponer de una habitación para instalar su taller. La venta de sus tejidos estaba ligada a ese proyecto concreto. Su historia muestra el valor de la artesanía rural, pero también sus dificultades: para vivir del oficio hacen falta compradores, espacios donde mostrar el trabajo y condiciones que permitan seguir produciendo.
En 2023 fue homenajeada en Paysandú junto a Selva Iglesias, en una actividad vinculada al Día Internacional de la Mujer. Se reconoció entonces su trayectoria en el hilado de lana cruda y su participación en la Rural del Prado. Al contar la historia de Amanda, su ceguera no debe ocultar lo principal: es una trabajadora que domina su oficio. La forma en que aprendió a realizarlo mediante el tacto es parte de su experiencia. Lo que lleva a una exposición es, sobre todo, una técnica y una producción propias, nacidas en el campo uruguayo. La Expo Prado 2026 ofrece una ocasión para volver a mirar ese trabajo. La lana es materia prima, pero también es el comienzo de oficios que dan identidad y sustento a muchas familias. Amanda Dour ayudó a hacerlo visible cuando llevó sus hilados al Prado. Entre el vellón y una manta hay una historia que merece ser contada.

