Portugal y el mundo de las letras lusófonas despiden a uno de sus escritores más influyentes y prolíficos: António Lobo Antunes. El novelista, psiquiatra y cronista falleció en Lisboa a los 83 años. El gobierno portugués decretó un día de luto nacional para el 7 de marzo, y el Ayuntamiento de Lisboa declaró duelo municipal en su honor. Su muerte cierra un capítulo fundamental de la literatura contemporánea en portugués.
Nacido el 1 de septiembre de 1942 en Lisboa, en el barrio de Benfica, en el seno de una familia de la alta burguesía (su padre era un destacado neurólogo), Lobo Antunes decidió muy joven que sería escritor —tenía siete años cuando lo anunció—, pero a los 16 su padre lo orientó hacia la medicina. Se graduó en la Facultad de Medicina de Lisboa y se especializó en psiquiatría. Sin embargo, su vida dio un giro decisivo en 1970, cuando fue movilizado como médico militar durante la Guerra Colonial portuguesa en Angola (1971-1973). Aquella experiencia traumática —el contacto con la muerte, la violencia, el absurdo de la guerra— marcó profundamente su obra y su visión del mundo. Regresó a Lisboa en 1973, justo antes de la Revolución de los Claveles (1974), en la que participó de forma marginal.
Aunque ejerció la psiquiatría durante años (sobre todo en el Hospital Miguel Bombarda), a partir de su primer libro publicado, Memória de Elefante (1979), se dedicó cada vez más a la literatura. Su estilo innovador, denso, polifónico y fragmentario —a menudo comparado con el de William Faulkner o James Joyce— rompió con la narrativa tradicional portuguesa. Publicó más de treinta novelas, varios volúmenes de crónicas y poesía, manteniendo hasta muy avanzada edad un ritmo de escritura casi anual. Fue traducido a decenas de idiomas y se convirtió en uno de los autores portugueses más leídos y vendidos en el extranjero.

