BCU crea Unidad de Salud y Cultura Financiera ante el alto endeudamiento

En la comparación regional, Uruguay tiene la segunda mora más alta.

El Banco Central destaca que la mayor parte de esos jóvenes con dificultades de pago tiene deudas con empresas administradoras de crédito.

El Banco Central del Uruguay (BCU) presentó el documento “Decisiones financieras en Uruguay: diagnóstico y agenda de política” y anunció la creación de una Unidad especializada en Salud y Cultura Financiera.

El informe advierte que el bienestar financiero de la población promedia apenas 39,8 puntos sobre 100, muy por debajo de los 70 que se consideran un nivel alto.

El diagnóstico coloca al endeudamiento como un problema de primer orden. Aproximadamente un millón de personas en la base de Equifax (el Clearing), registra al menos un incumplimiento de pago. En la comparación regional, Uruguay tiene la segunda mora más alta entre los países relevados. Aunque las dificultades de pago se presentan en distintos niveles socioeconómicos, se concentran en mayor medida en los sectores de menores ingresos.

La dinámica entre los jóvenes es especialmente preocupante. Según documentos de trabajo del propio BCU, los deudores menores de 30 años en la Central de Riesgos Crediticios pasaron de 40.000 a 300.000 entre mayo de 2015 y mayo de 2023.

En el mismo período, la proporción de jóvenes con dificultades en su capacidad de pago escaló del 30,4% al 44,4%, y el capital promedio de endeudamiento creció de 19.000 a aproximadamente 87.500 pesos.

La mayor parte de esos jóvenes tiene deudas de crédito al consumo con empresas administradoras de crédito, un segmento que cobra tasas elevadas.

El informe señala que la tasa del crédito al consumo puede superar el 60% anual, a pesar de que la inflación y la tasa de política monetaria han bajado. Esto se explica, en parte, por un mercado segmentado. Los bancos maximizan su retorno con tasas por debajo del tope legal, mientras que las administradoras de crédito, más eficientes en la recuperación ante incumplimientos, operan directamente en el tope.

Los deudores más riesgosos terminan sistemáticamente en el segmento de tasas más altas. La mora de los hogares en crédito bancario se ubica en torno al 3-4% de la cartera, mientras que en las empresas administradoras supera el 20%.Ahorro en dólares y bajo ahorro de largo plazoDel lado del ahorro, apenas uno de cada tres encuestados declaró haber ahorrado dinero en los 12 meses previos. Uruguay se ubica entre los cuatro países del mundo con mayor proporción de depósitos a la vista un 84% del total y de dolarización de los depósitos con 69%.

Se señala que quienes ahorraron en dólares vieron caer su poder de compra a la mitad entre 1997 y 2024. El índice pasó de 100 al cierre de 1997 a 50 en 2024, tras haber llegado a 173 luego de la crisis de 2002-2003. La volatilidad del dólar resultó siete veces mayor que la del peso.

El ahorro de largo plazo también muestra debilidades. La tasa de reemplazo se estima en apenas 50%, por debajo del umbral recomendado del 70%. El subfondo de ahorro voluntario representa solo el 0,15% del total de activos del Fondo de Ahorro Previsional. Solo el 25% de los adultos declaró contar con un seguro de vida o ahorro, pese a que el 61% consideraba importante tenerlo. También se indica que la revelación de los fraudes asociados a los fondos ganaderos explicitó, además, la escasa diversificación de las inversiones de muchos uruguayos.

Solo el 25% de los adultos declaró contar con un seguro de vida o ahorro.

El enigma uruguayo

El documento plantea un enigma. Al medir con los instrumentos habituales, la alfabetización financiera de la población uruguaya se ubica en un lugar razonable con 67,7 puntos sobre 100 en conocimiento financiero, el valor más alto entre nueve países de la región comparados por CAF. Sin embargo, los resultados efectivos, o sea sobreendeudamiento, preferencia por la liquidez y el dólar, bajo ahorro previsional y vulnerabilidad a fraudes son preocupantes y solo el 15% de los adultos alcanza un nivel alto de bienestar financiero.

El BCU sostiene que la educación financiera, aun bien diseñada, no es suficiente para neutralizar las externalidades de riesgo sistémico que emergen de la agregación de esas decisiones, en particular a través de la dolarización y la estructura de plazos del fondeo. Por eso propone combinarla con instrumentos macroprudenciales y con una comprensión más amplia de la arquitectura en la que se toman las decisiones.Tres capas de intervención. El informe deja atrás el debate sobre si la educación financiera “sirve o no sirve” y se concentra en qué tipo de intervención funciona, para quién y en qué momento. Propone tres capas complementarias. La primera es ducación contextualizada y de largo plazo, que construye conocimiento y habilidades. La segunda una concientización masiva, que apunta a mover la conducta por la vía de las normas sociales. Y la tercera Información en el punto de decisión (just-in-time), la capa con efecto más directo sobre la decisión concreta, al momento de pedir un crédito, abrir un ahorro o frente a una publicidad.

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