Carmen de Lavallade, la icónica bailarina, coreógrafa y actriz estadounidense que rompió barreras raciales y generacionales en las artes escénicas durante más de seis décadas, falleció a los 94 años. Con su elegancia innata, belleza mesmerizante y presencia escénica inigualable –Duke Ellington la describió como «una de las mujeres más ravishing del mundo»–, De Lavallade dejó un legado imborrable en la danza moderna, el teatro, el cine y la televisión. A los 17 años debutó con la Lester Horton Dance Theater, una de las primeras compañías multirraciales de EE.UU., donde estudió danza moderna, ballet, actuación y otras disciplinas junto a Alvin Ailey, con quien forjó una amistad y colaboración de por vida. En 1954 se mudó a Nueva York con Ailey, participando en el estreno de Broadway de House of Flowers de Truman Capote.
Su carrera despegó rápidamente: fue prima ballerina en la Metropolitan Opera (sucediendo a su prima en producciones como Aida y Sansón y Dalila), artista invitada principal con la Alvin Ailey American Dance Company (en giras por Asia, donde a veces se facturaba como de Lavallade-Ailey), y colaboró con coreógrafos legendarios como Agnes de Mille, Glen Tetley y John Butler.
En cine, gracias a la introducción de Lena Horne en 20th Century Fox, apareció en películas como Carmen Jones (1954) junto a Dorothy Dandridge y Harry Belafonte, Odds Against Tomorrow (1959) y Lone Star (1996). También actuó en teatro off-Broadway (Othello, Death of a Salesman) y enseñó movimiento para actores en la Universidad de Yale, donde influyó en alumnos como Meryl Streep y Sigourney Weaver.

