El diferendo que mantiene enfrentados al Grupo Cipriani y Criba podría ingresar en las próximas horas en una etapa decisiva. De acuerdo con información recogida en fuentes vinculadas al sector de la construcción, las conversaciones estarían avanzando hacia un preacuerdo que permitiría la incorporación de una constructora uruguaya a la obra, con el objetivo de asegurar la continuidad de los trabajos y establecer un cronograma definitivo para su culminación.
La posibilidad de este entendimiento abre un nuevo escenario para un proyecto que durante los últimos meses ha estado condicionado por las diferencias entre las partes y por la incertidumbre respecto de la continuidad de las obras.
Según las versiones manejadas en ámbitos cercanos a la negociación, el eventual preacuerdo podría ser anunciado en las próximas horas, aunque todavía restarían aspectos formales y contractuales por definir antes de que el entendimiento pueda considerarse plenamente cerrado.
Uno de los puntos centrales de la negociación sería precisamente la incorporación de una empresa constructora uruguaya, que asumiría un papel relevante en la continuidad de los trabajos. La eventual participación de la firma nacional permitiría generar una nueva estructura operativa para la obra y avanzar hacia un cronograma que contemple las diferentes etapas pendientes.

El acuerdo del SUNCA y una posible articulación empresarial
En este nuevo escenario también adquiere relevancia el reciente entendimiento alcanzado entre el SUNCA y las cámaras empresariales de la construcción, que abrió la puerta a un nuevo convenio colectivo para el sector. El preacuerdo contempla una reducción progresiva de la jornada laboral, sin pérdida salarial, hasta alcanzar las 40 horas semanales en 2030.
Este nuevo marco podría constituir un elemento favorable para la eventual incorporación de una empresa uruguaya de gran porte a la obra de Cipriani. Fuentes vinculadas al sector consideran que la dimensión de la empresa que asumiría los trabajos permitiría articular una estructura capaz de absorber buena parte de las tareas pendientes y, eventualmente, incorporar a trabajadores que actualmente se encuentran en el seguro de paro.
La posibilidad de que una constructora nacional de importante capacidad operativa se sume al proyecto permitiría, además, establecer una estructura laboral y productiva acorde con el nuevo escenario que atraviesa la industria. El entendimiento entre trabajadores y empresarios podría contribuir a generar condiciones de mayor previsibilidad para una obra que necesita recuperar ritmo y definir un cronograma de finalización.
Si las conversaciones que se desarrollan en torno al proyecto prosperan, la eventual articulación entre la empresa que asumiría la obra y el nuevo marco laboral del sector podría convertirse en uno de los elementos centrales para garantizar la continuidad de los trabajos y avanzar hacia el objetivo de finalizar y entregar la obra durante 2027.
Una fecha para la finalización
Uno de los elementos que mayor expectativa genera es la posibilidad de que el preacuerdo deje establecida una fecha de entrega de la obra durante 2027.
Hasta ahora, uno de los principales problemas derivados del diferendo ha sido la incertidumbre sobre los plazos de ejecución. La definición de un horizonte concreto permitiría ordenar las distintas etapas pendientes, establecer compromisos entre las partes y ofrecer mayor previsibilidad tanto a los trabajadores como a proveedores y empresas vinculadas al proyecto.
La eventual fijación de una fecha de entrega para 2027 no significaría necesariamente que todos los aspectos del proyecto estén resueltos de manera inmediata. Por el contrario, implicaría establecer un cronograma de trabajo, con etapas, responsabilidades y objetivos que permitan recuperar progresivamente el ritmo de ejecución.
La información que circula entre actores del sector señala que precisamente este aspecto estaría siendo analizado en las conversaciones: no solamente quién continuará los trabajos, sino también cómo se garantizará que la obra pueda avanzar hasta su finalización dentro del nuevo esquema.
El factor laboral
Otro de los componentes centrales del eventual acuerdo es la situación de los trabajadores que fueron enviados al seguro de paro como consecuencia de la interrupción de las actividades.
La incorporación de una constructora uruguaya podría abrir la posibilidad de que trabajadores actualmente afectados sean reincorporados para continuar desempeñándose en la obra.
Fuentes vinculadas al sector señalaron que la eventual empresa que asumiría la continuidad de los trabajos estaría en condiciones de absorber trabajadores que ya participaron en las diferentes etapas del proyecto.
Este aspecto adquiere especial relevancia porque permitiría aprovechar mano de obra con experiencia y conocimiento de la obra, al mismo tiempo que ofrecería una respuesta concreta a quienes actualmente se encuentran a la espera de una definición sobre su futuro laboral.
La eventual reincorporación, naturalmente, deberá quedar establecida en las condiciones del acuerdo y dependerá del cronograma definitivo de trabajos, las necesidades de personal y las condiciones que finalmente sean acordadas.
Un nuevo esquema para la obra
La eventual llegada de una empresa uruguaya no debería interpretarse solamente como un cambio de contratista. Si las negociaciones prosperan, podría significar la construcción de un nuevo esquema operativo para la etapa final del proyecto.
La prioridad sería recuperar la actividad, ordenar los trabajos pendientes y establecer un calendario que permita llegar a 2027 con la obra culminada.
Para ello será necesario definir responsabilidades, recursos, equipos de trabajo, proveedores y plazos. También deberán resolverse los aspectos contractuales que permitan que la nueva estructura opere con previsibilidad y sin reproducir las dificultades que llevaron a la actual situación.
El eventual acuerdo podría representar así una salida negociada al diferendo y, al mismo tiempo, una forma de preservar la continuidad del proyecto.
Expectativa en el sector
En el ámbito de la construcción existe expectativa ante la posibilidad de que el entendimiento pueda concretarse. La eventual incorporación de una empresa nacional permitiría generar actividad, recuperar puestos de trabajo y dar previsibilidad a un proyecto de gran dimensión.
Para los trabajadores, el dato más importante será conocer cuándo podrán retomarse las actividades y bajo qué condiciones. Para las empresas y proveedores vinculados a la obra, en tanto, la existencia de un cronograma definido permitiría planificar sus propias obligaciones y recursos.
Y para el proyecto en general, la fijación de una fecha de entrega durante 2027 constituirá un punto de referencia fundamental.
Por el momento, el preacuerdo no ha sido formalmente anunciado, por lo que los detalles deberán ser confirmados por las partes involucradas. La información surge de fuentes allegadas al sector de la construcción y de personas cercanas a las conversaciones.


Puterio de intereses entre privados, como buitres que son, pero antes una quería tirarle toda la merda a los trabajadores como siempre hacen.
CRIBA reconoce que durante meses debió poner dinero propio para sostener la obra, lo que los dejó sin liquidez. Esa situación es mucho más grave que un simple atraso sindical. Culpar al SUNCA y a las negociaciones de Consejo de Salarios es una forma de desviar la atención: los conflictos laborales existieron, pero no explican la magnitud del parate ni el envío de más de 200 trabajadores al seguro. CRIBA ya venía con dificultades en otras obras en Argentina y Uruguay.
El Cipriani es un megaproyecto que exige flujo de caja constante, y la empresa no logró sostenerlo.
CRIBA usa el argumento sindical como “cortina de humo”, pero el verdadero problema es su falta de financiamiento y capacidad de gestión. Cipriani aprovecha esa debilidad para deslindar responsabilidades y preparar la rescisión del contrato.
Pero la derecha multikk defiende las empresas privadas buitres uruguayas que quieren kgar más alto de lo que les da el culo. La ambición la llevó a agarrar un proyecto que no podía sostener. De ahí el porque explotan también a lo trabajadores uruguayos y cuando les va mal los culpan por sus propios fracasos. Por eso la falta de construcción de viviendas en el país. Una empresa uruguaya construye durante dos años un solo edificio y se la pasa peleando con los trabajadores, una extranjera en dos años te hace 17 edificios en el barrio Centro de Montevideo y no pasa nada.