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Cuándo es necesaria, tipos de procedimientos y qué esperar del tratamiento

Cirugía oftalmológica

La perspectiva de una intervención quirúrgica en los ojos genera inquietud en muchos pacientes.

Según los especialistas, las afecciones oculares suelen progresar de forma gradual
Según los especialistas, las afecciones oculares suelen progresar de forma gradual

La visión es uno de los sentidos más valorados, y cualquier decisión que pueda modificarla exige información clara y confianza en el equipo médico. Es por esto que para los pacientes conocer los criterios que llevan a recomendar una cirugía, los procedimientos más habituales y el proceso asistencial resulta determinante para tomar una decisión con seguridad. Según los especialistas, las afecciones oculares suelen progresar de forma gradual. Muchas personas se adaptan a pequeños cambios en la visión sin ser plenamente conscientes del impacto que tienen en su vida diaria.

Lo que comienza como una leve dificultad para leer letras pequeñas o una ligera sensación de deslumbramiento al conducir de noche puede, con el tiempo, afectar la autonomía y la seguridad. La cirugía se considera cuando las alteraciones visuales comienzan a interferir en actividades cotidianas como leer, reconocer rostros o desplazarse sin ayuda. También cuando las pruebas clínicas evidencian cambios estructurales en el ojo que, de no tratarse, pueden evolucionar hacia una pérdida irreversible de visión.

Cualquier decisión que pueda modificar la visión exige información clara y confianza en el equipo médico
Cualquier decisión que pueda modificar la visión exige información clara y confianza en el equipo médico

Entre los motivos más frecuentes que llevan a recomendar una intervención se encuentran la pérdida progresiva de agudeza visual que las gafas ya no logran corregir, la visión borrosa o nublada persistente, el aumento de la sensibilidad a la luz y la presencia de enfermedades oculares estructurales con riesgo de agravamiento. La cirugía ocular engloba procedimientos muy distintos entre sí, cada uno diseñado para resolver un problema específico. Dentro de ellas se encuentra la cirugía de cataratas como la más practicada en el mundo. Se produce cuando el cristalino, la lente natural del ojo, pierde transparencia. La persona comienza a percibir las imágenes como si mirara a través de un vidrio empañado. Acompañado de una pérdida de contraste y dificultad para distinguir detalles en condiciones de poca luz o ante focos de luz intensa.

Se encuentra además la cirugía ocular refractiva, este grupo de procedimientos está orientado a modificar la curvatura de la córnea para corregir defectos de enfoque como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo. El objetivo es reducir o eliminar la dependencia de gafas o lentes de contacto. Por otro lado está la cirugía de glaucoma, este se caracteriza por un daño progresivo del nervio óptico, habitualmente asociado a una elevación de la presión intraocular. En sus fases iniciales no da síntomas, pero si no se controla provoca una pérdida de campo visual que puede llegar a ser irreversible. Cuando los fármacos o los tratamientos con láser no logran mantener la presión en niveles seguros, la cirugía convencional es la siguiente opción. 

También está la cirugía de retina, estas intervenciones son las más complejas dentro de la oftalmología quirúrgica. Están indicadas en situaciones como desprendimientos de retina, hemorragias vítreas, tracciones maculares o complicaciones avanzadas de la diabetes. Se trata de procedimientos que requieren equipos de alta precisión, cirujanos con formación específica y, en muchos casos, un seguimiento postoperatorio más prolongado. La urgencia de estas cirugías suele ser mayor, ya que el retraso en el tratamiento puede conllevar una pérdida permanente de visión.

La intervención, según el tipo, suele durar entre 15 y 40 minutos. Se emplea anestesia tópica en forma de gotas, y en algunos casos se añade sedación para reducir la ansiedad. Durante el procedimiento, el cirujano utiliza un dispositivo que impide el parpadeo y trabaja con microscopios y láseres programados según los parámetros calculados previamente. Por ejemplo, en la cirugía refractiva con láser, se remodelan zonas específicas de la córnea extrayendo microscópicas cantidades de tejido. En el caso de cataratas, se fragmenta el cristalino opaco mediante ultrasonidos antes de extraerlo e implantar la lente artificial.

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