Cómo Uruguay proyecta la economía para 2026

Se llega con un escenario económico que combina prudencia, expectativas moderadas y varias apuestas estratégicas.

Ministro de Economía, Gabriel Oddone.

Las proyecciones de los principales organismos internacionales y nacionales estiman que el país podría consolidar un crecimiento en torno al 3% el año próximo, siempre que se mantenga la estabilidad macroeconómica y que el impulso inversor avance en sectores clave como infraestructura, logística, energía renovable y tecnología.

El gobierno y los analistas coinciden en que 2026 será un año de transición hacia una etapa donde el país buscará acelerar la inversión productiva tras un período de crecimiento más lento y condicionado por shocks climáticos y una región con dificultades. Con el retorno gradual de mejores precios agrícolas y la normalización del consumo interno, la economía empieza a recuperar un pulso más firme, aunque sin euforias. “El desafío es pasar de la estabilidad a un crecimiento más robusto y sostenible”, repiten en ámbitos oficiales.

El Banco Central prevé continuar con una política monetaria cauta pero orientada a sostener la desinflación, que ya se ubica dentro del rango meta. La consolidación de expectativas es vista como un activo que Uruguay no está dispuesto a perder. La inflación controlada se transformó en un pilar para planificar inversiones y negociar salarios, en un país donde el equilibrio macro ha sido históricamente uno de sus principales diferenciales regionales.

En paralelo, el gobierno proyecta mantener una disciplina fiscal gradual, con foco en la reasignación del gasto más que en su expansión. La meta es preservar la trayectoria de la deuda pública y, al mismo tiempo, alojar inversiones en infraestructura y proyectos estratégicos. Economistas advierten que el margen fiscal no es amplio, pero sí suficiente para orientar recursos hacia obras que generen efectos multiplicadores: carreteras, mejoras portuarias, conectividad ferroviaria y digitalización.

El Banco Central prevé continuar con una política monetaria cauta pero orientada a sostener la desinflación.

El sector exterior continuará siendo el corazón del crecimiento. Carne, celulosa, lácteos y granos mantienen su peso estructural, pero la gran apuesta está en mejorar la logística portuaria y convertir a Montevideo en un hub regional competitivo frente a los puertos brasileños y argentinos. Los altos volúmenes de carga, la llegada de buques de gran porte y el avance de inversiones privadas en terminales son señales de un reposicionamiento que el país busca profundizar.

El Ejecutivo insiste en que Uruguay debe reducir costos logísticos, acelerar trámites, digitalizar operaciones y garantizar dragados estables para competir por el tráfico de transbordo en el Cono Sur. Cada punto de eficiencia en la cadena exportadora tiene impacto directo en el ingreso nacional y en la competitividad de sus sectores productivos.

Otro de los vectores estratégicos es la transición energética. Tras haber logrado una matriz eléctrica casi 100% renovable, Uruguay mira ahora hacia el desarrollo del hidrógeno verde y sus derivados, una industria emergente que podría atraer inversión extranjera, generar empleos de calidad y abrir nuevos mercados en los próximos años. Aunque su impacto económico masivo no será inmediato, 2026 se perfila como un año decisivo para el avance de los primeros proyectos piloto e infraestructura asociada.

El sector tecnológico, por su parte, continúa en crecimiento, impulsado por servicios globales y startups que exportan conocimiento. El desafío radica en fortalecer la formación técnica y retener talento, dos condiciones que determinarán si Uruguay puede escalar su economía del conocimiento.

Las proyecciones laborales son moderadamente positivas: se espera una leve caída del desempleo, empujada por mayores inversiones y recuperación del consumo. No obstante, persisten brechas de ingresos y dificultades en sectores de menor calificación. Instituciones económicas advierten que un crecimiento saludable debe ir acompañado de políticas de capacitación laboral y protección social focalizada, para evitar que la recuperación deje a parte de la población rezagada.

Uruguay se encamina hacia 2026 con un plan económico anclado en la estabilidad, la eficiencia logística y la transición energética. Las oportunidades están claras, pero su concreción dependerá de la capacidad de ejecución y de la coordinación entre el Estado, el sector privado y el sistema político.

La economía uruguaya no enfrenta una crisis, pero sí un punto de inflexión: deberá decidir si aprovecha su reputación internacional y su estabilidad para dar un salto en inversión productiva, o si se conforma con un crecimiento moderado. El 2026 será el año donde esas definiciones comiencen a tomar forma.

 

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