Criaderos de perros ilegales en Uruguay: maltrato animal y riesgos para la salud genética

Aunque desde 2024 existe una reglamentación para los criaderos, la fiscalización y el control irregular siguen siendo un desafíos.

Los criaderos de perros ilegales representan un desafío para el bienestar animal en el país.

En la actualidad, no existe una cifra oficial exacta sobre la cantidad de criaderos ilegales en Uruguay debido a su naturaleza clandestina. Sin embargo, las organizaciones de bienestar animal y los especialistas del sector advierten sobre una importante brecha de informalidad en la actividad.

Detrás de la imagen tierna de un cachorro exhibido en una vitrina digital o en una publicación de redes sociales puede esconderse un engranaje silencioso y lucrativo: el de la cría de animales al margen de los controles y las garantías sanitarias.

En el país, la proliferación de criaderos irregulares no solo representa un problema de maltrato y crueldad animal, sino que también puede comprometer la salud de los animales de compañía. La ausencia de controles en la selección genética favorece la transmisión de enfermedades hereditarias y puede perpetuar, generación tras generación, malformaciones, dolores crónicos y trastornos de comportamiento.

Aunque Uruguay cuenta con una reglamentación específica para los criaderos, las dificultades de fiscalización frente al mercado informal plantean el desafío de fortalecer los controles y la aplicación de las sanciones. Según declaraciones de jerarcas del Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), el organismo recibe entre 400 y 500 denuncias mensuales por maltrato, abandono e infracciones vinculadas a la tenencia de animales, entre las que se encuentran situaciones de tenencia ilegal.

Existe un marco específico regulatorio para los criaderos de animales en Uruguay.

La anatomía del abuso

Los criaderos clandestinos o infractores comparten un patrón de funcionamiento en el que la búsqueda de beneficios económicos puede imponerse sobre el bienestar animal. Alejados de las condiciones adecuadas de cuidado y atención veterinaria, estos establecimientos pueden presentar graves incumplimientos de los requisitos mínimos de vida.

El hacinamiento y la insalubridad son algunas de las principales características de estos lugares. Los animales reproductores pueden pasar gran parte de su vida confinados en jaulas reducidas, caniles improvisados o galpones sin ventilación ni luz natural suficiente. El contacto permanente con sus propios desechos favorece la proliferación de infecciones, parasitosis y enfermedades dermatológicas.

Otra práctica preocupante es la explotación reproductiva abusiva. Las hembras pueden ser sometidas a gestaciones consecutivas, sin el descanso necesario para recuperarse física y nutricionalmente. La reproducción excesiva, sumada a una alimentación deficiente y a la falta de atención veterinaria, puede provocar desnutrición, complicaciones durante el parto y otros problemas de salud.

El destete precoz también puede formar parte de estas prácticas. Para acelerar el ciclo comercial y volver a cruzar a la madre, los cachorros pueden ser separados de la camada antes de completar las primeras ocho semanas de vida. Esta separación temprana puede afectar su desarrollo, privarlos de parte de la protección inmunológica que reciben durante la lactancia y dificultar su socialización. Entre las posibles consecuencias se encuentran problemas de comportamiento, como ansiedad por separación, miedo a situaciones nuevas y reactividad agresiva.

A estas condiciones se suman las deficiencias sanitarias y las intervenciones que comprometen el bienestar de los animales. En los establecimientos que operan al margen de los controles pueden faltar planes adecuados de vacunación y desparasitación. También se han denunciado procedimientos quirúrgicos realizados sin las garantías veterinarias necesarias, como el corte de colas (caudectomía), el de orejas (otectomía) y la extirpación de las cuerdas vocales (desdevocalización), una intervención destinada a reducir o eliminar los ladridos.

Las razas braquicéfalas, como el bulldog inglés, el bulldog francés, el pug y el shih tzu, presentan una especial vulnerabilidad debido a su conformación anatómica. La selección orientada a obtener cráneos más cortos y hocicos aplanados puede favorecer el síndrome obstructivo de las vías respiratorias de los braquicéfalos, una afección que dificulta la respiración.

Entre los problemas asociados se encuentran las fosas nasales estrechas, el paladar blando y elongado y, en los casos más graves, alteraciones de la laringe. Los animales afectados pueden sufrir dificultades respiratorias crónicas y tienen mayor riesgo de padecer golpes de calor, especialmente durante las jornadas de altas temperaturas o al realizar esfuerzos físicos.

Por otro lado, en las razas grandes, como el ovejero alemán, el golden retriever, el labrador y el rottweiler, la falta de controles veterinarios en los reproductores puede favorecer la transmisión de enfermedades hereditarias, como la displasia de cadera y de codo. Estas afecciones pueden provocar dolor, cojera y artrosis degenerativa, y comprometer seriamente la movilidad de los animales.

En las razas pequeñas y de columna alargada, como el dachshund o teckel, el caniche toy y el chihuahua, determinados factores genéticos y anatómicos pueden aumentar el riesgo de problemas como las hernias discales y la luxación de rótula. En los casos más graves, las alteraciones de la columna vertebral pueden provocar compresión de la médula espinal, parálisis y pérdida del control de esfínteres.

El INBA asegura que recibe de al menos 400 denuncias mensuales por maltratos.

Un marco legal vigente, pero con desafíos

En Uruguay, la regulación de los criaderos de animales de compañía cuenta con un marco específico desde junio de 2024, cuando el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA) aprobó, mediante la Resolución N.º 21/024, el Reglamento de Criaderos de Caninos y Felinos. La normativa establece obligaciones para todas las personas físicas o jurídicas que desarrollen esta actividad, estén o no inscriptas en el Registro de Prestadores de Servicios (REPSE).

Entre la preocupación está la prácticas de reproducción irresponsable.

La resolución responde, entre otros motivos, a la necesidad de establecer estándares mínimos de cuidado y prevenir los efectos que la cría irregular puede tener sobre la sobrepoblación de animales de compañía y la transmisión de características genéticas perjudiciales. El reglamento contempla requisitos relacionados con el alojamiento, la higiene, la alimentación, la atención sanitaria, la identificación y el registro de los animales reproductores y sus crías.

Sin embargo, la existencia de una reglamentación no garantiza por sí sola que todos los establecimientos cumplan con sus disposiciones y menos los criaderos que no están registrados. La persistencia de criaderos clandestinos y de prácticas de reproducción irresponsable plantea el desafío de fortalecer la fiscalización, detectar los establecimientos que operan al margen de los registros y asegurar que las infracciones tengan consecuencias efectivas.

En ese contexto, una posible línea de mejora sería profundizar los controles veterinarios sobre la salud genética de los reproductores, con evaluaciones específicas para las enfermedades hereditarias asociadas a determinadas razas.

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