La entrada en vigor del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea representa un cambio que trasciende las preferencias arancelarias para productos tradicionales como la carne, el arroz y los lácteos. Para la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi, el desafío de Uruguay consiste ahora en aprovechar las nuevas condiciones para ampliar mercados, promover inversiones y generar oportunidades para empresas de menor porte y prestadores de servicios.
“Lo que cambió es que sacamos la excusa de arriba de la mesa”, afirmó la jerarca al analizar el alcance del acuerdo, vigente desde el 1.º de mayo. A su entender, durante décadas el Mercosur utilizó la negociación con Europa como argumento para postergar otras conversaciones comerciales y para no avanzar en determinadas reformas internas.
La diplomática consideró que esa justificación ya no resulta válida y que los países del bloque deben demostrar capacidad para desarrollar una agenda comercial más amplia. En ese escenario, Uruguay tiene la posibilidad de avanzar en negociaciones con otros socios, aunque advirtió que el margen de oportunidad podría reducirse si Brasil y Argentina deciden impulsar sus propias iniciativas. La vicecanciller brindó una charla el miércoles por la noche en la Sociedad Urbana Villa Dolores (Alejo Rosell y Rius 1483), un espacio cultural, vivero, bar y sala de espectáculos, junto Marcel Vaillant, doctor en Economía y docente, que fue moderada por el periodista Martín Sarthou.
Csukasi señaló que el acuerdo europeo no debe evaluarse exclusivamente por las ventajas que obtendrán los sectores exportadores que ya tienen presencia en ese mercado. Si bien reconoció que la carne, el arroz y la pesca figuran entre las actividades que pueden beneficiarse de mejores condiciones de acceso, sostuvo que limitar el análisis a esos productos supondría desaprovechar parte de su potencial.
“Estos acuerdos no sirven solo para eso y no se pueden pensar solo en esa dimensión”, afirmó. Según explicó, el trabajo pendiente consiste en identificar qué oportunidades pueden surgir para las micro, pequeñas y medianas empresas, los profesionales que prestan servicios y los emprendimientos que buscan ingresar al mercado europeo. También mencionó la posibilidad de captar una mayor inversión proveniente de ese continente.
Para la subsecretaria, esa etapa todavía no ha recibido en Uruguay la atención que merece, pese a los 27 años de negociación que precedieron al acuerdo. El desafío será traducir las condiciones comerciales en oportunidades concretas de crecimiento, empleo y desarrollo.

Una cuota que aporta ingresos
Uno de los puntos más discutidos del acuerdo es la cuota de 99.000 toneladas de carne bovina, cuya distribución entre los cuatro socios del Mercosur continúa pendiente. Csukasi recordó que el objetivo original del bloque era alcanzar una cuota de 300.000 toneladas, una aspiración que no prosperó ante las resistencias políticas y agrícolas dentro de la Unión Europea.
La cifra finalmente acordada representa menos del 1% del consumo europeo de carne bovina. La jerarca citó, en ese sentido, una comparación del expresidente de la Cámara de la Industria Frigorífica Daniel Benenati, quien describió el volumen como “una hamburguesa por europeo por año”.
Pese a su dimensión limitada, Csukasi sostuvo que la cuota tiene un valor económico importante. El beneficio consiste en reducir el arancel aplicable a la carne comprendida en ese contingente, que pasa del 20% al 7,5%, lo que permite mejorar el ingreso obtenido por las exportaciones.
Sin embargo, advirtió que la cuota no resolverá los problemas estructurales del sector cárnico ni modificará sustancialmente la participación del Mercosur en Europa. “No va a salvar a ningún sector de la carne de ninguno de los cuatro países”, afirmó, aunque remarcó que los menores costos arancelarios representan una oportunidad económica.
La discusión se complica por las diferencias entre los socios sobre cómo distribuir las toneladas disponibles. Csukasi recordó que un entendimiento entre los sectores privados del bloque, alcanzado en 2004, asignaba a Uruguay una participación del 21%. Desde entonces, la presencia uruguaya en el mercado europeo ha crecido, por lo que consideró políticamente inaceptable un resultado que deje al país por debajo de ese porcentaje.
Paraguay, en cambio, aspira a una participación del 25%, al sostener que los beneficios deben repartirse en partes iguales entre los cuatro países que negociaron el acuerdo. Las distintas posiciones muestran, según la subsecretaria, que el problema no radica en encontrar una fórmula matemática, sino en construir un entendimiento político.
A esas diferencias se suma la coyuntura internacional. Csukasi señaló que la salida de Brasil del mercado europeo por cuestiones sanitarias había reducido temporalmente el número de competidores del Mercosur, mientras que la demanda estadounidense y las compras de China condicionaban la disponibilidad de carne para exportar. En ese contexto, incluso la cuota inicialmente pretendida por el bloque habría resultado difícil de abastecer.

Uruguay y la diversificación comercial
La jerarca también vinculó el acuerdo europeo con la necesidad de ampliar la autonomía comercial del país. A su juicio, la diversificación de mercados no constituye solamente una estrategia económica, sino también una forma de preservar la capacidad de decisión nacional frente a conflictos comerciales y eventuales restricciones de acceso.
“Nosotros solemos hablar de soberanía en muchos términos, pero no unimos la soberanía con la política comercial”, afirmó. Explicó que cuando un país depende de pocos destinos para colocar su producción queda más expuesto a presiones externas y a decisiones que pueden afectar a empresas y trabajadores.
Por esa razón, defendió una política pública orientada a generar oportunidades de acceso a nuevos mercados, acompañada por una presencia sostenida del sector privado. El Estado, sostuvo, debe abrir puertas, mientras que las empresas necesitan desarrollar una estrategia permanente de internacionalización.
En ese marco, mencionó las iniciativas para acercarse a mercados del Asia-Pacífico, el sudeste asiático y África, además de las conversaciones con países de Centroamérica. También aludió a los contactos con Corea, que Uruguay procura retomar después de que las negociaciones del Mercosur con ese país quedaran interrumpidas.
Csukasi consideró que Uruguay tiene ventajas para negociar por su tamaño, su capacidad de respuesta y la menor cantidad de sensibilidades comerciales en comparación con sus socios mayores. Sin embargo, advirtió que esas condiciones no garantizan una oportunidad permanente: si Brasil decide avanzar por su cuenta, la atención de los potenciales socios comerciales puede desplazarse hacia el mercado brasileño.
“La oportunidad de Uruguay es ahora”, insistió. A su juicio, el país dispone de una ventana de meses para impulsar iniciativas que amplíen sus posibilidades de acceso al mundo.
La subsecretaria también rechazó que la neutralidad sea una respuesta suficiente frente a las tensiones internacionales. En un escenario donde la política comercial vuelve a utilizarse como instrumento de presión, sostuvo que la independencia se construye mediante la diversificación y la capacidad de ofrecer alternativas a los sectores productivos.
El desafío de implementar el acuerdo
Csukasi advirtió que la entrada en vigor del acuerdo Mercosur-Unión Europea no significa que el trabajo haya terminado. Por el contrario, consideró que su implementación puede resultar más compleja que la propia negociación, debido a los numerosos comités y mecanismos que deberán ponerse en funcionamiento para resolver cuestiones pendientes.
Entre ellas figura la distribución de la cuota de carne, pero también la definición de reglas para que las nuevas condiciones comerciales puedan aplicarse efectivamente. En paralelo, la Unión Europea deberá atravesar las instancias políticas y jurídicas previstas para avanzar hacia la entrada en vigor definitiva.
La diplomática recordó que otros acuerdos europeos han permanecido durante años bajo aplicación provisional, por lo que ese estatus no debe interpretarse necesariamente como una situación de corta duración. No obstante, alertó sobre el peso que pueden tener las resistencias agrícolas, los intereses nacionales y las disputas políticas internas en Europa.
En su análisis, Uruguay deberá mantener una posición activa tanto en la implementación del acuerdo como en la búsqueda de nuevos destinos comerciales. El objetivo es aprovechar las condiciones ya disponibles antes de que cambie el escenario internacional y se reduzcan las posibilidades de negociación.
Canadá y Emiratos Árabes Unidos: acuerdos que todavía no se concretan
Csukasi señaló que las perspectivas de cerrar acuerdos comerciales con Canadá y Emiratos Árabes Unidos no parecen tan cercanas como se esperaba a comienzos de año, cuando la firma con la Unión Europea generaba expectativas de un nuevo impulso negociador.
En el caso de Emiratos Árabes Unidos, cuestionó que las conversaciones continúen sin resultados pese a tratarse de un mercado con escasas barreras arancelarias. Según explicó, una de las dificultades está vinculada a los productos químicos que ese país busca colocar, para los cuales no existe suficiente interés comprador dentro del Mercosur.
La subsecretaria consideró que esas condiciones debieron evaluarse antes de iniciar la negociación. El caso, sostuvo, ilustra las dificultades de avanzar en acuerdos cuando no se identifican con claridad los intereses comerciales de ambas partes.
Ante ese panorama, planteó que Uruguay debería concentrar esfuerzos en dejar encaminada la implementación del acuerdo con la Unión Europea. La tarea incluye resolver los asuntos pendientes y poner en funcionamiento los mecanismos institucionales previstos para que las preferencias negociadas se traduzcan en oportunidades efectivas para las empresas.
Para Csukasi, el desafío inmediato no consiste únicamente en firmar nuevos acuerdos, sino en aprovechar los que ya están disponibles y convertirlos en herramientas concretas de inserción internacional.

