Quien firma este editorial escribe desde una orilla, la del Reino de Arabia Saudita, hacia la otra Uruguay. Lo hace, además, desde las páginas de un diario que no se queda en Montevideo. Diario La R también se lee en Riad, Doha, Madrid, Buenos Aires y otras capitales. Por eso, el Día Nacional Saudí no representa aquí una felicitación protocolar de un país a otro. Es una carta abierta que puede ser leída, el mismo día, en las dos orillas.
Las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita y Uruguay comenzaron en 1974. Más de tres décadas después, en diciembre de 2008, se produjo un acontecimiento histórico: por primera vez, un presidente uruguayo visitó oficialmente el Reino. Durante su estadía en Riad, Tabaré Vázquez se reunió con el rey Abdullah bin Abdulaziz y con importantes empresarios saudíes, con el objetivo de fortalecer los vínculos diplomáticos y abrir nuevas oportunidades comerciales.
En 2018, el Reino inauguró su Embajada en Montevideo, mientras Uruguay mantiene su representación diplomática en Riad. Desde entonces, el puente bilateral se ha fortalecido mediante acuerdos de cooperación, cielos abiertos, formación diplomática, una comisión mixta y un consejo empresarial. En octubre de 2025, durante la conferencia Future Investment Initiative celebrada en Riad, el canciller uruguayo Mario Lubetkin firmó con el ministro saudí de Inversiones, Khalid Al-Falih, un acuerdo de promoción y protección recíproca de inversiones. En esa oportunidad, también mantuvo un encuentro con el ministro de Relaciones Exteriores del Reino, el príncipe Faisal bin Farhan.
Desde el campo uruguayo comenzaron a llegar carne halal, lácteos y granos. Desde Arabia Saudita, energía y fertilizantes. El intercambio todavía tiene margen para crecer, pero ya existe una base concreta sobre la cual avanzar. En junio de 2026, el príncipe Abdulaziz bin Turki Al-Faisal firmó un memorando de cooperación deportiva con Uruguay. Lubetkin resumió con claridad el sentido de ese entendimiento vinculando lo que Uruguay ayudará a construir en el Mundial de 2030 con lo que Arabia Saudita se prepara para recibir en 2034.

En Miami, durante el Mundial de 2026, las selecciones de ambos países compartieron el marcador en un empate 1 a 1. El fútbol volvió así a ofrecer una imagen sencilla, pero poderosa, de esa aproximación entre dos sociedades geográficamente distantes. El deporte abrió también el camino de las personas. Darwin Núñez viste la camiseta de Al-Hilal. En Al-Qadsiah juegan dos uruguayos que el aficionado saudí ya reconoce: Nahitan Nández y Gastón Álvarez. Luciano Rodríguez, por su parte, integra el equipo de Neom. Quien observa este proceso desde Montevideo puede preguntarse qué más es posible construir en esa dirección. La respuesta incluye inversiones al amparo de los acuerdos firmados en Riad, mayores intercambios comerciales y la posibilidad de conocer un país que, mediante Visión 2030, abre el Mar Rojo, Diriyah y sus grandes proyectos al visitante, al profesional y al socio internacional.
Lo que une a dos orillas no comienza ni termina en un comunicado oficial. Empieza cuando el nombre de un futbolista uruguayo es coreado en un estadio saudí y cuando un lector de Montevideo abre estas páginas durante el Día Nacional del Reino. Diario La R estuvo presente en el Foro Saudí de Medios, celebrado en Riad. Esa participación también forma parte del acercamiento. Porque conocerse, encontrarse y escribir son formas concretas de hacer diplomacia. El fundador del Reino dejó como principio que servir al pueblo constituye un deber. El himno escrito por Ibrahim Khafaji tampoco se limita a celebrar: convoca a marchar hacia la gloria y la grandeza. Visión 2030, impulsada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman bajo el reinado del rey Salmán, proyecta una Arabia Saudita más abierta a la inversión, el turismo, el deporte, la tecnología y el conocimiento. Uruguay tiene condiciones para ocupar un lugar en ese proceso mediante su producción alimentaria, su experiencia deportiva y su capital humano.
Cada 23 de septiembre, las fachadas de Riad se iluminan para celebrar el Día Nacional. Entre el Golfo y el Río de la Plata —y en cada ciudad donde se abran estas páginas— puede encenderse algo todavía más útil: la voluntad de transformar los acuerdos en oportunidades y la distancia en conocimiento mutuo. El puente ya existe. Ahora hay que caminar, con confianza, continuidad y una mirada de largo plazo.
También entre dos orillas.


En principios establecidos por los ancestros ilustres de estas ambas orillas y en iniciativas acordadas más acá en el tiempo es que debe basarse y abrirse el camino futuro, ese camino planteado por las generaciones jóvenes con visión y esperanza, y a las cuales pertenece el autor de esta nota, Bader S Al Dossary, pues su escritura así lo refleja.
Además reconforta el hecho de que escriba en nuestra lengua, destacando un interés y un esfuerzo en entablar un puente de auténtica hermandad.
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Estos jóvenes, impulsados por la fuerza de un idealismo puro e inocente, libre de intereses apátridas y corrupción, son quienes tienen que formar un mundo en el cual todos quisiéramos algún día vivir.
Es muy hermoso soñar y reflejar esos sueños a través de la comunicación, muchos quisiéramos que esos sueños fueran no sólo compartidos por los pueblos sino que también se concretaran en realidades que los gobiernos promuevan en el vivir de sus gobernados.
Sólo cabe esperar que con el tiempo la evolución de los intereses humanos se oriente más hacia el progreso y bienestar de los pueblos pues de ellos depende la estabilidad y avance de cada nación misma.
La educación de un publo es la educación de su país, la salud de un pueblo es la salud de su país, la riqueza de sus habitantes marca el nivel de riqueza de un país.
El día que los gobiernos entiendan este sencillo principio y basen en él sus acciones será el día que marque el punto de partida hacia una sociedad justa y orientada hacia el progreso verdadero, que no es más que el progreso conjunto derivado del trabajo conjunto.
Está en manos de los jóvenes el rechazar y dejar atrás las políticas destructivas en las cuales se encuentran sumergidos algunos gobiernos, y que hoy marcan en varios lugares del planeta un camino desviado de los principios de respeto y derecho a la convivencia pacífica.
Es hora de cambiar el rumbo y sacar los escollos, es hora de cambiar la dirección hacia objetivos que construyan y no que destruyan lo poco que se ha logrado construir en la última centuria.
La única y última esperanza está aún al alcance de la mano; no hay que dejar al azar el comando hacia un destino próspero, donde los recursos y el trabajo honesto deben orientarse sólo hacia la paz, el bienestar y la harmonía entre los pueblos todos.
Los lazos de fraternidad deben cruzar el mundo, desde Riyad hasta Montevideo, desde Johannesbourg hasta Toronto, desde Oslo hasta Sydney, desde Madrid a Brasília, desde Beijing hasta Washington… desde todos lados y hacia todos lados hay que allanar el único camino que nos queda hacia la supervivencia como especie en el planeta. El desafío es enorme, pero lo que está en juego lo es aún más.
Ese camino es un intercambio universal y en todos los niveles, comercial, cultural, científico, filosófico, los que no sólo nos beneficiarán a todos sino que nos emparentarán más como una gran familia de la misma etnia humana a la cual pertenecemos.
¿¿??¿¿… también muere Artigas que al chetaje poco importa… un dia de setiembre… (pedazo de mamaderas…)