En Chenjiagou el Tai Chi se encuentra en los parques, en las calles, en los nombres de los comercios y en la rutina cotidiana de una localidad que convirtió una antigua tradición marcial en uno de sus principales rasgos de identidad.
La dimensión cultural de ese legado quedó reconocida por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La organización lo describe como una práctica tradicional basada en conceptos de la filosofía china vinculados al yin y el yang y a la relación entre el ser humano y la naturaleza, que combina entrenamiento corporal, respiración y concentración y que persigue, entre otros objetivos, el fortalecimiento físico y el equilibrio personal.
En entrevista para Diario La R desde las inmediaciones de la Academia de Tai Chi de Chenjiagou, Rubén Martínez Izaguirre, presidente de la Asociación Cultural China y director general del Instituto de Cultura China en Uruguay, el rito representa también una responsabilidad: preservar una tradición transmitida durante generaciones y llevarla a otros países sin perder su vínculo con la enseñanza recibida en China.
En ese escenario se desarrolló la ceremonia que reconoció a practicantes chinos y de distintas partes del mundo como transmisores y promotores -pertenecientes a la decimotercera generación- del estilo Tai Chi Chen en los países donde desarrollan su actividad.

El Tai Chi como parte de la vida cotidiana
La particularidad de Chenjiagou no está solamente en su historia. La localidad continúa funcionando como uno de los principales puntos de referencia para quienes buscan estudiar el estilo Chen en su lugar de origen. En la actualidad, esa tradición también se ha convertido en una actividad que atrae a visitantes y estudiantes internacionales. Martínez Izaguirre calcula que en la escuela donde entrena el maestro Chen Bing hay alrededor de 200 personas y que aproximadamente una cuarta parte procede de otros países.
La UNESCO destaca que la práctica se ha extendido ampliamente fuera de China y que actualmente existen comunidades de practicantes en diferentes partes del mundo.
Martínez Izaguirre describe Chenjiagou como un lugar donde el Tai Chi está integrado en la vida diaria. Personas entrenando en espacios públicos, practicantes realizando movimientos durante sus desplazamientos y establecimientos comerciales que incorporan el término Tai Chi a sus nombres forman parte, según su relato, de una escena cotidiana que evidencia hasta qué punto la disciplina está vinculada con la identidad de la localidad.
El Tai Chi, en ese sentido también forma parte de la economía local vinculada al turismo, la enseñanza, el alojamiento y los servicios destinados a quienes llegan a Chenjiagou para entrenar.

Un puente entre China y Uruguay
Para Uruguay, la ceremonia adquiere una dimensión particular porque forma parte de un proceso de intercambio que ya se desarrolla desde hace años.
Martínez Izaguirre explica que el maestro Chen Bing visita Uruguay aproximadamente cada dos años para realizar seminarios y actividades de formación. La relación, por tanto, no se limita al viaje de practicantes uruguayos a China. Existe también un movimiento en sentido contrario: maestros que viajan a Uruguay, seminarios que reúnen a practicantes y actividades destinadas a mantener activa la transmisión del conocimiento.
Junto a esto insiste particularmente en la necesidad de diferenciar entre practicar una disciplina, haber visitado Chenjiagou y ser formalmente discípulo o representante de un maestro. Su argumento parte de una realidad que pudo observar durante su estancia en la localidad: las escuelas cuentan con listas de discípulos y representantes asociadas a determinados países o territorios.
La existencia de esas listas permite identificar la relación formal que cada practicante mantiene con una escuela o maestro. Para Martínez Izaguirre, esa identificación ayuda a evitar confusiones en un ámbito donde distintas personas pueden utilizar expresiones como “discípulo”, “representante” o “transmisor” sin que necesariamente exista detrás una relación formal de enseñanza.
Una de las razones que, según Martínez Izaguirre, explica el aumento del interés por el Tai Chi en Uruguay es la búsqueda de actividades relacionadas con el bienestar físico y mental.
En Uruguay, sostiene, el interés por el estilo Chen ha aumentado durante los últimos años. Aunque el estilo Yang ha tenido históricamente una presencia internacional muy visible, Martínez Izaguirre percibe un crecimiento de la búsqueda de la escuela Chen, especialmente entre personas interesadas en conocer una práctica vinculada directamente con sus raíces en Chenjiagou.
Hay un elemento que contribuye a explicar esa expansión: la posibilidad de practicar Tai Chi a distintas edades y con diferentes niveles de capacidad física. El entrevistado menciona la presencia de niños pequeños, adolescentes y adultos en las escuelas de Chenjiagou y sostiene que la práctica puede adaptarse a diferentes condiciones.
Esta última afirmación debe entenderse como una valoración desde la experiencia del entrevistado y no como una garantía médica. La UNESCO, por su parte, reconoce que uno de los valores sociales actuales del Taijiquan está relacionado con el bienestar físico y mental de sus practicantes y con el fortalecimiento de la conciencia sobre la salud dentro de las comunidades donde se practica.
El propio reconocimiento de la UNESCO destaca que el Taijiquan busca, mediante el control del movimiento, la respiración y la concentración, objetivos relacionados con el cultivo personal y el fortalecimiento físico.

Una forma de intercambio
Para Martínez Izaguirre, los viajes de estudiantes y maestros generan un circuito de intercambio cultural que puede ampliarse a otras áreas.
El maestro Chen Bing, explica, realiza giras por distintos países de Sudamérica para visitar a sus discípulos y representantes. Esos desplazamientos permiten que los practicantes latinoamericanos conozcan directamente a los maestros y, al mismo tiempo, favorecen que algunos viajen a China para entrenar.
En ese proceso, la práctica funciona como una puerta de entrada a un conocimiento más amplio sobre el país. Los estudiantes no solo llegan a China para aprender una secuencia de movimientos. Conocen la localidad donde se desarrolló una tradición, conviven con practicantes de otros países, observan cómo se organiza la enseñanza y entran en contacto con una parte de la cultura china que difícilmente puede transmitirse de la misma manera fuera del país.
También considera que esos contactos contribuyen a fortalecer los vínculos culturales entre China y América Latina. Uruguay forma parte de esa red, pero no es el único país de la región. Practicantes procedentes de Argentina y otros países sudamericanos participan también de actividades vinculadas con la enseñanza y la difusión del Tai Chi.
Una parte central de la enseñanza del Tai Chi depende de la práctica corporal y de la relación directa entre quien enseña y quien aprende. La idea, según explica, es que los conocimientos recibidos en China puedan ser posteriormente enseñados en Uruguay manteniendo el vínculo con la escuela y el maestro de origen.
En una práctica que durante siglos se desarrolló principalmente dentro de comunidades y familias, esa identificación continúa teniendo peso en el presente. La diferencia es que ahora esas líneas atraviesan fronteras y conectan pequeñas localidades de Henan con ciudades de América Latina, Europa, Asia y otras regiones. “Tai Chi es un estilo de vida”, afirma. También insiste en la posibilidad de acercarse de manera gradual. Las actividades abiertas al público que organizan en Uruguay buscan precisamente que quienes sienten curiosidad puedan probar la práctica antes de decidir si quieren continuar.

