A tres años del inicio del genocidio el 7 de octubre de 2023, la Franja de Gaza permanece sumida en una crisis sin precedentes. Las consecuencias del conflicto israelí, calificado como genocidio por diversas organizaciones y autoridades locales, han devastado la vida humana, la infraestructura y el entramado socioeconómico del enclave palestino.
Según reportes del Ministerio de Salud de Gaza, la cifra de fallecidos supera los 74.200 palestinos, mientras que los heridos sobrepasan los 175.000. Los sectores más vulnerables sufren de manera directa el impacto: casi el 70 % de las víctimas mortales verificadas por las Naciones Unidas corresponden a mujeres y niños, contabilizándose además miles de menores fallecidos y cientos de recién nacidos durante la ofensiva. A pesar de los acuerdos de alto el fuego pactados, la recuperación de cadáveres bajo los escombros y el reporte constante de nuevas bajas continúan actualizando trágicamente el balance oficial.
La destrucción material alcance niveles masivos. Evaluaciones satelitales del Centro de Satélites de la ONU indican que aproximadamente el 82 % de las edificaciones de la Franja ha sufrido daños o destrucción total, sumando más de 328.000 viviendas afectadas. El colapso se extiende a los servicios esenciales: el 98 % de las instalaciones escolares registra daños y más de 1.800 recintos sanitarios han resultado parcial o totalmente inutilizados. En el plano económico, la paralización es casi absoluta tras el impacto negativo en el 92 % de las instalaciones productivas.
Esta devastación ha provocado el desplazamiento forzoso de cerca de 2,15 millones de personas sobre una población de 2,4 millones, muchas de las cuales sobreviven en tiendas de campaña totalmente deterioradas. Organismos internacionales estiman que los costos de recuperación y reconstrucción superarán los 71.400 millones de dólares.

