Hito histórico de la ciencia argentina: el satélite Atenea logró comunicarse

Se encuentra a 70.000 kilómetros de la Tierra.

Atenea estaba a bordo de la nave Artemis de la NASA.

En un logro que marca un antes y un después para la tecnología espacial nacional, el microsatélite argentino Atenea estableció comunicación exitosa con estaciones terrestres desde una distancia récord de aproximadamente 70.000 kilómetros de la Tierra. El anuncio fue realizado ayer por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, pocas horas después del despliegue del satélite durante la misión Artemis II de la NASA.

Este éxito técnico convierte a Atenea en el objeto argentino que ha operado más lejos de nuestro planeta en la historia del programa espacial nacional, superando ampliamente los 36.000 kilómetros de la órbita geoestacionaria convencional.

Atenea es un CubeSat de clase 12U, un pequeño satélite de dimensiones aproximadas de 30 cm x 20 cm x 20 cm y unos 15 kilogramos de peso. Fue diseñado y construido íntegramente en Argentina mediante una colaboración entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, la Universidad Nacional de La Plata, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de San Martín, el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa VENG S.A.

El satélite viajó como carga secundaria a bordo de la nave Orión de la misión Artemis II, que despegó el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy en Florida. Esta misión representa el primer vuelo tripulado de la NASA más allá de la órbita terrestre baja en más de 50 años, preparando el camino para el retorno humano a la Luna.

El despliegue de Atenea ocurrió durante las primeras etapas del vuelo, cuando la nave Orión cruzaba la barrera de los 40.000-70.000 kilómetros. Un sistema de resorte lo liberó suavemente al espacio, permitiéndole entrar en una órbita elíptica con un apogeo superior a los 72.000 kilómetros. En esa zona del espacio profundo, donde prácticamente no hay otros satélites, Atenea comenzó su operación autónoma.

Aproximadamente a las 00:58 hora argentina del 2 de abril, las estaciones terrenas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales en Falda del Carmen, Córdoba, y Tolhuin, Tierra del Fuego, captaron las primeras señales de telemetría del satélite. La comunicación se estableció con éxito, confirmando que los sistemas de enlace de radio funcionaron correctamente a una distancia inédita para un desarrollo argentino.

Este logro no fue sencillo. A 70.000 kilómetros la señal es extremadamente débil, el retardo de comunicación aumenta y las condiciones de radiación son mucho más intensas que en órbitas bajas. El hecho de que Atenea despertara autónomamente y comenzara a transmitir datos valida la robustez de su diseño electrónico, sus antenas y sus protocolos de comunicación.

El microsatélite no solo busca demostrar capacidades tecnológicas, sino que realiza mediciones valiosas en el espacio profundo. Utiliza sensores fotomultiplicadores de silicio para cuantificar los niveles de radiación cósmica y solar en una región donde los datos son escasos. Estos datos son fundamentales para proteger la electrónica de futuras misiones y evaluar riesgos para astronautas.

Además, prueba de sistemas GNSS, evaluando el comportamiento de los receptores de navegación satelital a distancias muy superiores a las de la constelación GPS convencional. Esto puede tener aplicaciones en navegación autónoma terrestre, marítima y aeroespacial. También valida paneles solares desarrollados por la Comisión Nacional de Energía Atómica y otros componentes bajo condiciones extremas, generando conocimiento aplicable a vehículos terrestres, satélites futuros y sistemas de comunicación de largo alcance.

Atenea es fruto de un esfuerzo colectivo que involucró a estudiantes de grado, becarios, investigadores y técnicos de varias instituciones. Su selección por la NASA entre propuestas de varios países, siendo el único latinoamericano, demuestra el alto estándar alcanzado por la ingeniería argentina.

La Comisión Nacional de Actividades Espaciales destacó que este tipo de misiones fortalece las capacidades locales de diseño, integración y operación de satélites, abriendo puertas a futuras colaboraciones internacionales en el marco de los Acuerdos Artemis.

Este éxito llega en un momento en que la exploración lunar vuelve a estar en agenda mundial. Artemis II es el preludio de Artemis III, que planea llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar. Que Argentina forme parte de esta nueva era espacial refuerza su posición como actor relevante en la región.

Además, los datos obtenidos por Atenea contribuirán al conocimiento global sobre el entorno espacial profundo, beneficiando no solo a futuras misiones tripuladas, sino también al desarrollo de tecnologías con aplicaciones terrestres, desde mejora de GPS hasta protección de sistemas electrónicos contra radiación.

Durante las próximas horas y días, el equipo argentino continuará monitoreando Atenea, recolectando datos científicos y analizando el comportamiento del satélite en su órbita elíptica. Se espera que la misión de Atenea se extienda por varias semanas, dependiendo de su trayectoria y del consumo de energía.

Los responsables del proyecto ya anticipan que esta experiencia servirá como base para desarrollar satélites más ambiciosos en el futuro, posiblemente con mayor autonomía o capacidades científicas ampliadas.

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