Científicos del Institut Pasteur de Montevideo (IP Montevideo) y de la Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Brasil combinaron biología molecular e inteligencia artificial para responder a esa pregunta. El estudio analizó cómo el bioéster de quinoa modifica el perfil de proteínas de la piel y cómo esos cambios pueden medirse de manera objetiva.
La edad de la piel no se define solo por lo que se ve a simple vista, arrugas, textura o flacidez. También depende de procesos moleculares, en particular de las proteínas que regulan el funcionamiento de las células y los tejidos. Esta investigación fue la primera tesis completada en el marco del acuerdo de cooperación científica entre Fiocruz y el IP Montevideo, una alianza que busca potenciar el intercambio y la generación conjunta de conocimiento entre ambas instituciones.
Mujeres de entre 20 y 80 años aplicaron durante 30 días bioéster de quinoa, un ingrediente cosmético obtenido mediante la purificación y destilación del aceite de semillas de quinoa en uno de sus antebrazos. En el otro antebrazo recibieron una formulación control. Luego, los investigadores analizaron miles de proteínas presentes en las muestras de piel para identificar los cambios producidos por el tratamiento.
A partir de esos datos, desarrollaron un modelo de machine learning (IA)entrenado para reconocer qué combinaciones de proteínas se asociaban con distintas edades de la piel.
Después del tratamiento con el compuesto derivado de la quinoa, el modelo estimó una menor edad molecular de la piel tratada en comparación con la que recibió la formulación control. En las participantes mayores de 50 años, esa diferencia alcanzó una mediana de 16 años. Esto no significa que la piel haya rejuvenecido literalmente 16 años. La estimación refleja que el perfil de proteínas observado después del tratamiento presentaba características que el modelo asociaba con perfiles de pieles más jóvenes.
Los hallazgos, publicados en la revista científica Communications Biology, muestran el potencial de combinar análisis moleculares e inteligencia artificial para estudiar el envejecimiento de la piel. También abren la puerta a herramientas más objetivas para evaluar si un producto cosmético genera cambios reales asociados a este proceso. Más allá del compuesto estudiado, la investigación propone una nueva forma de medir qué ocurre dentro de la piel y de comprender mejor los mecanismos biológicos vinculados al envejecimiento.

