La guerra en Oriente Medio ha alcanzado un punto de estrangulamiento vital. Este miércoles, las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria de Irán confirmaron el ataque y detención de los buques Express Rome (de propiedad israelí) y el Mayuree Naree, tras ignorar advertencias en el Estrecho de Ormuz. La Marina de Tailandia confirmó, por su parte, el rescate de 20 tripulantes de un granelero alcanzado por proyectiles en la misma zona.
La orden del comando iraní es drástica: ningún litro de petróleo transitará sin permiso. «Cualquier buque cuya carga o propiedad pertenezca a Estados Unidos, al régimen sionista o sus aliados será considerado un objetivo legítimo», sentenció el comando operativo Khatam Al Anbiya. Esta medida busca asfixiar el suministro energético hacia Occidente en represalia por los bombardeos sobre infraestructuras civiles en Teherán y otras ciudades iraníes.
Impacto en la seguridad y la economía
La agencia marítima británica (UKMTO) ya contabiliza 14 incidentes graves contra embarcaciones desde el estallido del conflicto el 28 de febrero. La parálisis de esta vía, por donde fluye el 20% del petróleo y gas natural licuado (GNL) del mundo, ha forzado a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) a evaluar medidas extraordinarias.
Respuesta militar: EE. UU. informó la destrucción de 16 barcos minadores iraníes en las últimas 24 horas para intentar mantener el canal abierto.
Reservas estratégicas: Se estudia la liberación coordinada de reservas de crudo para frenar la escalada del barril, que ya se comercia en el entorno de los 120 dólares.
Riesgo de desabastecimiento: La suspensión del tráfico marítimo obliga a buscar rutas alternativas mucho más costosas y lentas, lo que incrementará la presión inflacionaria global.
Este bloqueo representa el desafío más importante para el comercio internacional en décadas, transformando una disputa regional en una crisis de suministros que afecta desde las estaciones de servicio en Uruguay hasta la industria pesada en Europa y Asia.

