Joe Houston «Chuck» Kesey, el empresario lácteo que inventó el yogur probiótico falleció a los 87 años. En 1960, recién graduado en ciencia láctea de la Universidad Estatal de Oregón, donde conoció a su futura esposa, Susan «Sue» Jameson, Chuck y Sue abrieron la Springfield Creamery en un viejo camión de leche y un local modesto cerca de su casa en el Valle de Willamette. El punto de inflexión llegó en 1969, cuando contrataron a Nancy Hamren, una joven de San Francisco con experiencia en yogur casero, como contadora. Nancy trajo recetas tradicionales de su abuela: simples, naturales y fermentadas. Chuck añadió su toque científico: incorporó Lactobacillus acidophilus, una bacteria probiótica poco conocida entonces, que convertía el yogur en un superalimento digestivo. Así nació Nancy’s Yogurt, que rápidamente se convirtió en un hit local y, con el tiempo, en una marca en Estados UNidos. Springfield Creamery pasó de embotellar leche a producir quesos, helados y, sobre todo, yogur rico en cultivos vivos siendo el precursor del boom de los probióticos que hoy domina las góndolas de supermercados.
Durante más de 50 años, Chuck fue el «Guardián de la Cultura» no oficial de la empresa: probaba cada lote de yogur personalmente, asegurándose de que mantuviera su calidad artesanal. Bajo su guía —y la de Sue, su socia en matrimonio y negocios durante casi 65 años—, Springfield Creamery creció hasta convertirse en Nancy’s Probiotic Foods, una compañía familiar con tres generaciones involucradas.

