Entre el acuerdo histórico y la épica internacional incierta en el caso Goldring
El caso Goldring se ha convertido en uno de los diferendos financieros más comentados del último año en Uruguay. Con inversores golpeados, cifras en discusión y un proceso concursal en marcha, el sistema financiero, jurídico y político sigue cada movimiento como si se tratara de una partida de ajedrez con un acuerdo histórico a corto plazo.
En ese tablero aparece la doctora Patricia Regules, representante de un grupo de damnificados con ambiciones —y proyección— internacional. Su irrupción no ha pasado desapercibida. Tampoco sus promesas.
Por una parte, en el ámbito local existe la posibilidad de poner fin a este conflicto, mediante lo que diversas fuentes califican como un acuerdo “único en la historia” de este tipo de conflictos en Uruguay —una salida pragmática, con recuperación parcial pero rápida para los inversores—. De lo contrario, los inversores de CVM deberán continuar con un largo trecho por delante, antes de que se pueda conocer su desenlace.
El acuerdo en cuestión, impulsado dentro del proceso concursal y con aval técnico, apuntaba a cerrar el litigio evitando años de desgaste y costos adicionales. Una solución que puede ser imperfecta, sí, pero concreta y es de destacar que no existen acuerdos anteriores de referencia en Uruguay mejores al propuesto.
La propuesta de acuerdo que se encuentra a consideración de los inversores de CVM desde noviembre de 2025, establece que los inversores recuperarían un 60% de sus posiciones en efectivo. Según la información brindada por fuentes cercanas al caso, los inversores con posiciones en valores (acciones, bonos, y demás) ya han podido retirar la totalidad de las mismas, restando únicamente para cobrar las posiciones en efectivo.
Por otro lado, la Dra. Patricia Regules optó por otra narrativa: la de la batalla global, los foros extranjeros y la épica transnacional.
La Dra. Patricia Regules ha sostenido que por la vía internacional existe la posibilidad un recupero que supera ampliamente la cifra del pasivo verificado por la Liga de Defensa Comercial, y el Banco Central del Uruguay. Según han informado fuentes del caso, ha prometido a sus clientes la posibilidad del cobro de “no una, ni dos, sino 10 veces más” de lo que se les ofrece actualmente.
Para ello, la Dra. Regules ha indicado públicamente que dicha posibilidad de recupero se lograría mediante denuncias ante el regulador de mercado de valores norteamericanos; y un eventual juicio contra el banco norteamericano “Jefferies”
Sin embargo, la decisión de abrir frentes en el exterior, promover acciones ante organismos regulatorios y apostar a tribunales internacionales fue interpretada por algunos protagonistas como una forma elegante de patear el tablero… y también los plazos.
La promesa de éxito en fueros internacionales suena ambiciosa. El detalle es que no existen antecedentes comparables para con Uruguay que permitan ofrecer certezas a los damnificados. Es, en términos simples, un camino sin GPS histórico, y cuyo destino es incierto.
Un camino que – a más de 3 años desde el comienzo de este caso – aún se encuentra en etapa incipiente; a la espera de una propuesta de financiamiento de terceros en el exterior, que costeen inicialmente los cuantiosos gastos que conllevará entablar estas acciones contra dicho banco norteamericano.
¿Un camino que según la propia Dra. Regules sería imposible?
En una nota otorgada al diario El País en mayo de 2024, se ha señalado lo siguiente:
“A juicio de Regules, quien puede reclamar daños y solicitar un arbitraje en Estados Unidos es el representante legal de Custodia de Valores Mobiliarios y United Brokers, respectivamente, que sería la Liga de Defensa Comercial (Lideco).
Los inversores damnificados, al no haber contratado con los bancos de Estados Unidos directamente ni haber abierto una cuenta a nombre de ellos, no tienen esa posibilidad, con excepción de los clientes referenciados por las empresas de Goldring, Custodia de Valores Mobiliarios y United Brokers.”
Cabe preguntarse qué es lo que ha cambiado desde que la Dra. Regules solicitará al Banco Central del Uruguay que iniciara estas acciones contra el banco Jefferies; ya que el camino que hoy plantea a sus clientes, según lo que ella misma ha indicado, no sería factible.
Pero como si el capítulo jurídico no fuera suficiente, en las últimas horas la doctora Regules envió una carta convocando a nuevos inversores a sumarse antes del 20 de febrero de 2026. El tono, según quienes la leyeron, combinaba argumentos legales con cierto aire de campaña de captación. La pieza cierra con una frase de manual motivacional: “Tenemos la iniciativa, tenemos la verdad de los expedientes. Mantengamos la firmeza”.
El problema es que en materia financiera la firmeza no siempre paga intereses. Y los damnificados, más que consignas, esperan certezas.
En definitiva, la figura de la Dra. Patricia Regules se ha convertido en eje de una controversia que va más allá del caso Goldring. Para algunos, es la abogada que se anima a cruzar fronteras cuando el mercado local queda chico. Para otros, es quien estaría bloqueando una solución histórica y real, en favor de una promesa internacional de resultado incierto y honorarios robustos.
El desenlace dirá si la apuesta fue una jugada maestra o una travesía innecesaria. Porque entre la épica global y el acuerdo concreto, los inversores solo necesitan saber una cosa: si están embarcando rumbo al éxito… o si correrán con un destino similar al de Ícaro, al intentar volar demasiado cerca del sol.


