Uruguay se encuentra ante una oportunidad histórica para fortalecer su matriz productiva mediante la plena integración del talento de las mujeres. Actualmente, el país dispone de un capital humano extraordinario que, al ser potenciado, promete elevar los estándares de crecimiento y equidad de toda la sociedad.
La base de este progreso radica en equilibrar la distribución del tiempo y las responsabilidades. Las uruguayas dedican 33,6 horas semanales a las labores de cuidado y hogar, cifra que duplica la participación de los varones en estas tareas. Lograr una mayor corresponsabilidad permitirá que las mujeres canalicen su capacidad hacia el mercado laboral formal, transformando el talento individual en una ventaja competitiva para la economía uruguaya.
«Cuando una mujer no puede acceder, generar y controlar sus propios ingresos, la economía pierde todo el potencial que ese talento podría aportar», explica Florencia Herrera, presidenta de OMEU. «La autonomía económica de las mujeres es parte de la infraestructura sobre la que se construye un país próspero y equitativo».
Liderazgo femenino: un activo económico clave
Las empresas lideradas por mujeres tienen un mejor desempeño probado. Según un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estas organizaciones registran un 25% menos de casos de corrupción. Esto se debe a que las mujeres en puestos de liderazgo tienden a aplicar prácticas más transparentes y éticas en la toma de decisiones.
Asimismo, un estudio realizado por ONU Mujeres encontró que las compañías con mujeres en cargos directivos obtienen resultados financieros un 15% superiores a la media. Esto se explica por una mejor gestión del capital humano, con un 20% más de retención de talento.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), cerrar las brechas de género en el ámbito laboral podría incrementar el PIB de la región en hasta un 12%. En el caso específico de Uruguay, esto se traduce en un impacto potencial de más de 3.500 millones de dólares anuales.
«El liderazgo de las mujeres no es solo un tema de justicia, es una inversión estratégica», afirma Herrera.
El aporte económico de la autonomía
«Cuando una mujer entiende su flujo de caja, sus márgenes y su planificación estratégica, deja de ser vulnerable a la dependencia económica», explica Herrera. «Se convierte en una agente de cambio, no solo para sí misma, sino para su comunidad».
«La autonomía económica de las mujeres es una inversión estratégica», afirma Herrera. «Cuando desarrollamos su talento, no solo reparamos una injusticia, fortalecemos la competitividad y la productividad de todo el país».
Agenda pendiente: corresponsabilidad y políticas públicas
Para escalar estos resultados, OMEU propone un abordaje que involucre tanto al sector público como al privado. Entre las medidas clave se encuentran licencias parentales igualitarias que distribuyan el costo del cuidado, transparencia salarial obligatoria en las empresas, fortalecimiento del Sistema Nacional de Cuidados, incentivos fiscales para organizaciones con certificación de equidad de género, perspectiva de género en los tributos, y programas de formación en liderazgo empresarial con enfoque de género.
«La autonomía económica de las mujeres no es una agenda sectorial, es una política de Estado que define el futuro de todo el país», concluye Herrera. «Este 1° de Mayo nos invita a reflexionar sobre un mercado laboral que funcione para todas las personas, donde el talento no tenga género y las oportunidades sean realmente equitativas».



