Cada vez que una familia lleva a su hijo al control pediátrico en nuestro país, el equipo de salud lo pesa, lo mide y anota esos datos en el Carné de control pediátrico del Ministerio de Salud Pública (MSP), un documento que acompaña a niñas y niños desde el nacimiento hasta los 12 años. Allí se registran sus curvas de peso y talla, que se comparan con los Patrones de crecimiento infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El objetivo no es ver si un niño es más alto o más bajo que otro, sino seguir cómo crece cada uno a lo largo del tiempo y detectar a tiempo cualquier problema.
El MSP define el carné como un documento que contiene “información sobre el crecimiento y desarrollo” de la niña y el niño, y recomienda a las familias: “Lleve regularmente a su hijo/a al servicio de salud de acuerdo al calendario de controles periódicos”.
Las consultas son más frecuentes al comienzo de la vida y se espacian a medida que el niño crece. Durante los primeros seis meses, el control pediátrico es mensual; entre los 6 y los 12 meses, cada dos meses; entre el año y los 2 años, cada tres meses; entre los 2 y los 4 años, cada cuatro meses, y entre los 4 y los 5 años, cada seis meses. Desde los 5 años, la visita es anual. En las páginas con las curvas de peso, el carné invita a madres y padres a mirar con atención esa evolución: “Observe cómo crece su hijo”.
Ese seguimiento también llega a las escuelas de todo el país. En setiembre de 2025, el MSP y la ANEP informaron que más de 67.000 niños, niñas y adolescentes regularizaron sus controles y que el 76% de los escolares tenía el carné vigente.
Ser bajito no significa enfermedad
Muchas familias se preocupan cuando su hijo es el más bajo de la clase. Sin embargo, una estatura baja no implica necesariamente una enfermedad. La talla de un niño responde en parte a la herencia de su familia y a la diversidad natural entre personas: hay niños sanos que crecen siempre por debajo del promedio y otros que lo hacen por encima.
La OMS explica que sus patrones describen cómo deberían crecer los niños cuando se atienden sus necesidades, y que “pueden aplicarse a todos los niños en cualquier lugar del mundo, con independencia de su origen étnico”. Esos patrones no marcan una única talla correcta, sino un rango amplio de crecimiento saludable.

La señal que importa: la curva
Lo que observan los pediatras es la línea que se forma al unir los puntos de cada control. Lo habitual es que cada niño mantenga su propio recorrido, aunque esté por debajo del promedio. La alerta aparece cuando esa línea se aplana o cae de forma sostenida, es decir, cuando el niño deja de ganar peso o talla durante varios controles seguidos.
Ese freno puede indicar que algo no está bien. La OMS señaló que el retraso del crecimiento “es consecuencia de una desnutrición crónica o recurrente” y advirtió que “impide que los niños desarrollen plenamente su potencial físico y cognitivo”. Por eso insiste en que los patrones sirven para identificar a tiempo “a los niños que sufren desnutrición o sobrenutrición”.
Controles
Ir a las consultas no tiene que ser motivo de ansiedad. Cada visita suma un punto a la curva y le permite al pediatra distinguir entre un niño que simplemente es pequeño y otro cuyo crecimiento se está frenando. En el primer caso alcanza con seguir acompañando; en el segundo, el equipo de salud busca las causas y define los pasos a seguir. Detectarlo temprano permite actuar antes de que el problema afecte su desarrollo.
La OMS recomienda que todos los niños dispongan “de su propia tabla para evaluar su crecimiento”. En Uruguay, esa tabla está en el carné de control pediátrico. Llevarlo a cada control y preguntar cómo viene la curva ayuda a las familias a entender el proceso y a despejar dudas, sin comparaciones ni alarmas innecesarias.

